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La Giralda se viste de Micalet

La 'fan zone' fue el 
punto de
encuentro para
miles de hinchas.
/ J. SIGNES
La 'fan zone' fue el punto de encuentro para miles de hinchas. / J. SIGNES

La 'fan zone', con aforo de 11.000 personas, se llena y la organización se ve obligada a regular la entrada durante la actuación de Chimo Bayo La afición del Valencia traslada Mestalla a la capital hispalense en una previa inolvidable

LOURDES MARTÍ

sevilla. La Giralda difuminada por el humo naranja de unas bengalas. El aroma de los frutos secos garrapiñados de las calles colindantes a la Catedral de Sevilla, dejando paso al olor a pólvora. Los acordes de guitarras se convirtieron en los estruendos de las tracas. Primero una, y otra, y otra. Hubo casi una por cada corazón valencianista que tomó ayer la capital hispalense. Al igual que en 2004 con aquella Liga del Sánchez Pizjuán. Como hace 20 años cuando Mendieta y Piojo se hicieron gigantes en la Cartuja.

La afición del Valencia había sido citada en la 'fan zone'. El otro punto de encuentro de seguidores junto al centro histórico de la ciudad. Tantos días previendo la fiesta en la Avenida de las Razas y al final, los 11.000 metros cuadrados dispuestos para la afición del Valencia se quedaron pequeños. Muy pequeños. Tanto que a las 16:30 horas, en mitad de la actuación de otro que sabe que es conquistar territorio más allá del Turia, Chimo Bayo, la seguridad tuvo que colgar el cartel de 'completo'. Nadie podía entrar hasta que no se vaciase. Un aforo limitado para 11.000 personas fue muy poco para una afición con una ilusión enorme. Unos seguidores que hicieron parecer diminuta la cuarta ciudad de España. Porque fueron más de 20.000 pero, en realidad, estaban muchos más. Estaba el iaio de Inma en el dorsal de la camiseta del centenario: «Mi abuelo falleció en 2017, le hubiese encantado estar aquí, así que cuando eliminamos al Betis y salió la camiseta conmemorativa de la final no lo dudé. Me la compré y me segrafié su nombre, para que estuviese aquí». Por el lado pasaba Paco Sánchez, con Puchades y el número seis a la espalda: «Soy de Sueca y este es el mayor homenaje que le podía hacer».

También estuvo Jaume Ortí en cada peluca naranja. Esa que lució en aquella Liga, también lograda en Andalucía. «¿Hoy?, de tres cero para arriba», comentaba Juan haciendo referencia a Jorge Iranzo. Su hijo pequeño le preguntó y él le explicó la historia del aficionado que se pasó hasta los últimos días de su vida recorriendo kilómetros por amor a los mismos colores que ese chaval que apenas tendría ocho años. Entre medio tanto valencianismo, algún que otro aficionado azulgrana se colaba por el centro de Sevilla. Ante tal espectáculo pirotécnico, sólo les quedaba rendirse ante tanta euforia, sacar el móvil y grabar vídeos de unos seguidores con la ilusión de quitarse de una vez por todas el amargo sabor de la última Copa. «Cuando esta noche ganamos, porque no hay otra opción, se habrá completado un centenario casi perfecto con la cuarta plaza sufriendo hasta el final y un título», decía Emi.

La camiseta del centenario, la naranja y la Senyera, las que más se dejaron ver en Sevilla

Todo esto ocurría ante un calor sofocante. Más de 30 grados a la sombra y unos pocos más al sol. Pasear se convertía en un auténtico calvario, por lo que la mayoría pasaron de hacer turismo. «Ya vendremos en octubre o así», decían con cerveza en mano bajo los toldos con rociadores. «¡Vamos Valencia campeón!», se escuchaba de un lado. «¡Vamos Valencia campeón!», respondían desde otro costado.

La tarde iba avanzando y en los dos centros neurálgicos de valencianismo, el cansando sólo se notaba en los rostros y en las afónicas voces porque la ilusión aumentaba cada vez más. Acudió a la 'fan zone' Anil Murthy. El presidente del Valencia, como corresponde con el cargo que ostenta, se acercó para estar con los aficionados. También se dejaron ver Miguel Tendillo y Ricardo Arias. Ambos futbolistas recibieron el cariño de unos seguidores que trasladaron parte de Mestalla a unos 700 kilómetros. Los dos han recordado durante los últimos días sus momentos más felices como valencianistas, convencidos de que los Gayà, Parejo y compañía merecen sentir, sobre todo eso de no poder caminar por la calle tras haber engrandecido el palmarés del Valencia.

A las 18 horas, la 'fan zone' cerró y los 1.400 metros que le quedaba a la afición por delante se iba a hacer más corta de lo que pensaban. Una charanga amenizó el paseíllo. Y otra vez tracas. Tenían que tirarlas todas, ya que sabían que dentro del recinto del estadio no iban a poder entrarlas. «No hay problema, cada 15 metros, una», decían mientras pedían mecheros. Se hizo un silencio y Sevilla volvió a escuchar, una vez más, el himno de la Comunitat. Desde los balcones, los lugareños grababan a la marea blanquinegra que vestía de blanco con la camiseta del centenario, de naranja y que también lucía los colores de la Senyera. «A cada uno le representa uno o se siente más identificado o le gusta más una camiseta, pero lo importante es el escudo, el murciélago y eso es lo más importante», explicaba Laura a un curioso camarero que preguntaba sobre la disparidad de colores. El Benito Villamarín asomaba y Mestalla cantaba: «Volem la Copa, Volem la Copa». Los aficionados tuvieron que pasar dos cordones policiales. Llegó el primero, los agentes realizaban cacheos, los contenedores empezaban a llenarse de botellas, palos de banderas y otros objetos prohibidos. Leían cada pancarta, también advertían de que quizás más adelante, en el siguiente control, se la iban a tener que quitar. «Luego mirarán las dimensiones que tiene, señor», decía un agente. Dentro del recinto y todavía a falta de un par de horas para la final, la fiesta seguía. Mientras algunos esperaban fuera a que llegase el equipo, otros sentían la necesidad de ocupar el asiento para vivir la final.