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La final que jugaron los nombres y los 'jerseys'

Página de LAS PROVINCIAS del 27 de junio de 1944.  / lp
Página de LAS PROVINCIAS del 27 de junio de 1944. / lp

Seis mil aficionados se desplazaron a Barcelona y hubo coincidencia a la hora de señalar la falta de intensidad que mostraron los jugadores Europa sufría con la última etapa de la guerra mundial y los valencianistas se quedaron sin Copa pero lograron la Liga

TONI CALERO

VALENCIA. Jugaba el Valencia en 1944 su tercera final y lo hacía luciendo los galones de campeón de Liga, por eso se presentaba como el gran favorito. Seis puntos le sacó esa temporada al segundo clasificado (Atlético Aviación mientras Barcelona fue sexto y Real Madrid séptimo) y se plantó en esa cita copera -denominada del Generalísimo y con todos jugadores posando sobre el césped brazo en alto- tras haber ganado los 8 encuentros que disputó en las eliminatorias anteriores. Zaragoza, Coruña, Sabadell y Murcia fueron sus víctimas de un año marcado por la crudeza del conflicto bélico que se estaba viviendo a escala mundial. En Europa los aliados estaban comenzando a apagar poco a poco el dominio nazi (el foco se lo llevaba Cherburgo, en Normandía) mientras Japón y Estados Unidos se enzarzaban en una guerra que, periodísticamente hablando, era de rango menor. Esa copa que se llevó el Athletic -entonces sin h intercalada: Atlético de Bilbao- y que recogió su capitán, Oceja, no se la entregó Franco sino que fue el general Moscardó (llegó a ocupar la presidencia del Comité Olímpico Español). El Generalísimo había participado -se jugó domingo- en unos ejercicios militares en Carabanchel y no acudió al partido de Barcelona, cita a la que sí asistieron, según recogió la pluma de Sincerator para LAS PROVINCIAS, unos seis mil aficionados 'merengues', que es como se calificaban por entonces a los valencianistas, término que posteriormente se convirtió en la seña de los madridistas. Eran tiempos en los que el fútbol, y la vida en general, se experimentaba de otra manera. La misma crónica del encuentro que publicaba este diario, por ejemplo, se ofrecía a los lectores el martes, dos días después de jugarse el partido ya que el lunes no había periódico y en los textos de Sincerator se recogían opiniones de un buen número de presidentes de territoriales, de jugadores, entrenadores y de Luis Casanova ('perdiéndose tras las gafas y un puro'). La crítica más fina la puso Amador Sanchis, presidente de la Federación Valenciana: «A Barcelona han venido los nombres y los jerseys», en referencia a la escasa actitud de los valencianistas.