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La Federación de Vecinos no pedirá la ejecución del derribo del viejo Mestalla

El estadio de Mestalla, en un día de partido. / manuel molines
El estadio de Mestalla, en un día de partido. / manuel molines

La sentencia del Supremo es de febrero de 2006, prescribe a los 15 años y el plazo para pedir la demolición vence en 2021

Héctor Esteban
HÉCTOR ESTEBANValencia

En febrero de 2006, el Tribunal Supremo ratificó la sentencia del Tribunal Superior de Justicia y puso en bandeja a la Federación de Asociaciones de Vecinos la demolición de las obras ilegales del viejo Mestalla. Hoy han pasado tres años de aquella sentencia y el caso está sólo a dos de prescribir. Si el Alto Tribunal Valenciano no lo impide y reclama de oficio la ejecución de la sentencia, el viejo Mestalla salvará la demolición de una parte de su graderío.

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En 2006, la sentencia del Supremo fue acogida con alegría por parte de la Federación de Vecinos. Pero aquellos tiempos han quedado muy lejos, se presentó e inició un nuevo estadio, la burbuja inmobiliaria explotó con consecuencias catastróficas y llegó una crisis que lo arrasó todo. El ímpetu de los vecinos se atemperó con promesas que no se hicieron realidad y a día de hoy la petición de que se ejecute la sentencia dictada por el Supremo en 2006 es algo que no parece que vaya a pasar. Todo es posible ahora mismo no es la intención de la Federación de Vecinos. «No vamos a pedir la ejecución de la sentencia por coherencia. Entendemos que lo que no puede ser es que la gente se quede sin estadio porque ahora mismo no hay una alternativa. Sabemos que es una sentencia firme del Supremo desde hace muchos años pero no lo vamos a hacer. Lo ideal era que se terminara el nuevo Mestalla pero no ha sido así», señaló ayer la presidenta de la Federación de Asociaciones de Vecinos de Valencia, María José Broseta.

La declaración de la dirigente vecinal confirma la sensación que flotaba en el ambiente durante los últimos años de que los vecinos habían dejado en punto muerto el caso. María José Broseta en su día mostró su satisfacción por la sentencia del Supremo y dejó pasar el tiempo a la espera de la llegada de un nuevo campo que no se ha hecho. El papel del Ayuntamiento de Valencia también fue importante para alargar el proceso con la promesa de que el estadio de Corts Valencianes finalizaría en los plazos marcados. La realidad es que trece años después de la sentencia del Supremo el problema se mantiene.

«No vamos a pedir la ejecución de la sentencia por coherencia», señala María José Broseta

La solución política buscaría aliviar el balance económico y el club debería vender jugadores

En el Consistorio de la capital, como adelantó ayer este periódico, hay voces que apuntan la necesidad de abrir un debate para solucionar el que ahora es el gran problema urbanístico de Valencia. Las obras se paralizaron en febrero de 2009 y desde hace diez años no se ha puesto un ladrillo más en este fantasmagórico buñuelo de hormigón que hay en la avenida de Les Corts Valencianes. En ese debate hay voces que apuestan por un derribo de la estructura del nuevo estadio, llegar a una solución política de consenso y que el Valencia siga en el viejo estadio de Mestalla. Además, la propiedad no tiene ningún interés, como ha verbalizado en más de una ocasión, de terminar un estadio que es un gran problema para Peter Lim.

Lay Hoon ya dio pistas

El paso al lado de la Federación de Asociaciones de Vecinos de Valencia es un obstáculo menos para el club en esa idea de no moverse del viejo estadio. La expresidenta Layhoon Chan fue la primera en dar pistas al anunciar que la construcción del estadio no era un compromiso firmado. Su sucesor, Anil Murthy, además de mostrar el dibujo de alguna maqueta, ha regado de excusas la polémica que ha envuelto al reinicio de las obras. El ambiente, el exceso de localidades y la Champions han servido para justificar la demora de los plazos.

Es cierto que la situación económica del Valencia es muy preocupante y que tirar a pérdidas los más de cien millones de euros que se han invertido en el nuevo Mestalla dejan a la entidad al borde de la bancarrota. La solución estaría en una ampliación de capital -el propietario no quiere poner más dinero- y en la venta de jugadores a precios que permitan sobrevivir en los próximos años. Ahora mismo, en el club no hay jugadores intransferibles y futbolistas como Gayà, Carlos Soler, Rodrigo o Kondogbia tienen mercado. Pero las ventas no serían para comprar jugadores sino para tratar de sobrevivir. El mercado de invierno del Valencia es un espejo en el que mirarse: jugadores a coste cero o presuntas gangas con venta posterior a precios elevados.

La vía del derribo del nuevo Mestalla es complicadísima pero en el Ayuntamiento entienden que habría posibilidades de acuerdo. Uno de los pasos sería recalificar el suelo de Corts Valencianes a terciario con el reclamo de los edificios de oficinas como gran inversión. Ahora mismo, Valencia es una ciudad deficitaria en este tipo de inmuebles y ese punto está considerado como fundamental para ampliar el sector servicios.

Además, el hecho de que ninguna operadora a nivel internacional se haya interesado por la explotación del nuevo Mestalla es un punto en contra del proyecto. Ninguna de las ofertas que vino a comprar el Valencia lo hizo con una multinacional de la mano. Además, el proceso gestionado por Deloitte para buscar comprador a las parcelas del viejo Mestalla no ha dado los frutos deseados.