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El derribo del nuevo Mestalla entra en escena

El nuevo Mestalla, con las obras paradas. /Jesús Signes
El nuevo Mestalla, con las obras paradas. / Jesús Signes

Voces en el Ayuntamiento defienden negociar con el Valencia | La demolición de una parte del viejo estadio sigue en punto muerto porque ni el TSJ ni los vecinos han pedido la ejecución de la sentencia del Supremo

Héctor Esteban
HÉCTOR ESTEBANValencia

El derribo de la estructura del nuevo Mestalla es una teoría que flota en el ambiente pero nadie le quiere poner el cascabel al gato. En los tiempos de Amadeo Salvo ya se decía en privado que si Lim pudiera dinamitaría el proyecto. La primavera llega con elecciones en cada brazo, y ya hay voces que piensan que habría que darle una vuelta al proyecto que supondría un cambio radical en la hoja de ruta marcada.

En el Ayuntamiento ya aparecen voces que apuntan que el nuevo gobierno debería sentarse con el Valencia para analizar nuevas vías de solución. Hasta ahora, el club de Mestalla ha pisado casi de puntillas las dependencias municipales y lo más vistoso ha sido la última maqueta del despacho de arquitectos Fenwick Iribarren que el presidente del club, Anil Murthy, sacó del cajón en la que estuvo guardada durante muchos meses para mostrarla en la junta de accionistas de 2017 con la intención de apagar incendios.

Las obras del nuevo estadio se paralizaron en febrero de 2009 y diez años después no se ha movido ni una grúa en la parcela de la avenida de Corts Valencianes. El 26 de mayo hay elecciones municipales y el nuevo alcalde o alcaldesa tendrá una patata caliente encima de la mesa.

La solución pasaría por recalificar la parcela de Corts Valencianes para oficinas y uso hotelero

«Para más perder vale la pena perder». Esa es la reflexión que hacen algunas voces desde dentro del Ayuntamiento de Valencia y al mismo tiempo abren la puerta para mantener en pie el viejo Mestalla y que el proyecto urbanístico se traslade a la avenida de Corts Valencianes.

El Valencia perdería parte de la inversión realizada en la estructura del nuevo estadio pero se quitaría un problema de encima e iniciaría un nuevo proyecto. Para llevar ese plan adelante sería necesario acometer un cambio de los parámetros urbanísticos en la avenida de Corts Valencianes y recalificar los terrenos para un uso terciario, con la posibilidad de levantar edificios de oficinas y algún hotel. Valencia es una ciudad que en estos momentos es deficitaria en oficinas, por lo que podría ser una buena salida. Además, si se quiere meter en esa gran pastilla algo de residencial todo es negociable con el equilibrio de las necesarias zonas verdes. Todo formaría parte de una negociación que cuenta ya con partidarios a nivel político y que podría encauzar la solución a uno de los grandes problemas de la capital.

Una maniobra de estas características permitiría mantener en pie el viejo Mestalla. Los portavoces de Peter Lim siempre han puesto pegas al nuevo estadio y se agarran a la atmósfera del actual coliseo como razón de peso para no cambiar de estadio. La realidad es que las propuestas de compra de las parcelas de la avenida de Suecia no cumplen las expectativas. El director general del club, Mateo Alemany, dará en los próximos días una rueda de prensa para abordar varios temas de actualidad del club y entre ellos estará el proyecto el estadio. El club no se fía de las propuestas que hay encima de la mesa y hasta ahora prevalece la táctica de ganar tiempo.

Una sentencia del Supremo en 2006 confirmó la ilegalidad de la ampliación del actual Mestalla. Una decisión que obligaba a la demolición de una parte del estadio. Incluso la Federación de Vecinos anunció en 2010 que pediría la ejecución de la sentencia y dio al Valencia un plazo de un año para buscar soluciones como la reanudación de las obras del nuevo estadio.

La realidad a día de hoy es que han pasado 13 años desde la sentencia del Tribunal Supremo, que ratificaba la del Tribunal Superior de Justicia de la Comunitat Valenciana de 2002, y nadie ha pedido que se cumpla la sentencia. Ni el Alto Tribunal valenciano, que lo podría haber hecho de oficio, ni los vecinos han pedido la ejecución, por lo que el tiempo pasa y cada día es más factible que prescriba y no haya que derribar esa parte del viejo Mestalla.

A los políticos no les interesa un conflicto vinculado al fútbol, por lo que apuestan por una solución pactada para el derribo de esa parte del viejo Mestalla. En el Ayuntamiento consideran que entre todas las partes se podría llegar a un acuerdo y reformar el actual Mestalla. La realidad, según se desliza desde el propio Consistorio, es que el Valencia ha mostrado un interés escaso para acometer de verdad una solución al problema del nuevo estadio.