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La Copa trae otra noche de vergüenza

Sporting-Valencia. / EL COMERCIO

El Valencia se muestra incapaz de resistir frente a un rival de Segunda

Juan Carlos Valldecabres
JUAN CARLOS VALLDECABRESValencia

Ya está bien, no hay derecho a que el centenario se ensucie de esta manera. El Valencia se ha empeñado en echar por la borda todo lo maravilloso que puede ser un aniversario como éste. Se acabaron las excusas. Para todos. Decía Marcelino en la víspera de este horrible trance de Copa que es el mismo que el del año pasado, cuando su nombre era poco menos que glorificado por Mestalla. Pero los hechos son los que son. Existe la posibilidad de que el Valencia juegue los cuartos, pero tener que levantar la eliminatoria en Mestalla ante un rival de Segunda con 150 millones de euros menos de potencial en su plantilla resulta casi vergonzoso. El Valencia no puede ir a un campo como El Molinón poco menos que a arrastrarse. ¿Qué puede pensar el aficionado si se le gana al colista de milagro y se pierde contra un equipo que transita en la zona media de una categoría inferior? Pues sencillamente que se siente poco menos que estafado.

Este Valencia padece una hemorragia de identidad. Tal es el boquete que tiene que se desangra sin remedio cada semana. Y lo peor de todo es que la imagen que dio anoche fue la de no saber cómo actuar ante una situación que se puso cuesta arriba por su propia ineficacia. Dejó que el Sporting marcara primero, empató gracias al rigor del VAR pero se zambulló posteriormente en una ingenuidad alarmante en el segundo tiempo. La imagen de impotencia que dio durante muchos minutos Marcelino da muestras de lo que está pasando. El asturiano se pasó toda la segunda parte gesticulando. Unas veces pedía calma, otras que movieran rápido el balón, otras que saliera su defensa de la cueva, en ocasiones que Jaume la jugara en largo... Marcelino está sufriendo en sus propias carnes la reconversión de un equipo construido sorprendentemente a peor. Y lo más preocupante es que ahora ya no se sabe si el sábado el Valladolid te va a clavar el puñal ante un Mestalla indignado y que mira al palco en busca de soluciones.

De cualquier manera, hay cosas que no acaban de entenderse y que escapan también al dominio del entrenador. ¿En qué pensaba Batshuayi por ejemplo cuando al minuto y medio de partido le cayó un balón de gol con el portero como único obstáculo? La cara de Marcelino fue todo un poema. Salió del banquillo con los brazos abiertos pidiendo una explicación que por supuesto no llegó. Fue el preludio de la debacle posterior. Por supuesto, nadie imaginaba que la cosa se iba a poner tan fea como se puso. No sólo desapareció en combate Batshuayi, otros se apartaron del asunto con más tacto que el belga.

El 2-1 es remontable, por supuesto, pero el daño general ya está hecho. Así no se puede ir por la vida. Porque, a decir verdad, el Valencia encauzó el duelo como de igual a igual, cuando delante sinceramente tenía un grupo de futbolistas con más corazón que fútbol y que no saben realmente si van a ser capaces de luchar por promocionar. Decía Mateo Alemany antes de Navidad que Marcelino era poco menos que intocable. ¿Aún hoy piensa lo mismo? Ayer hubo muchas caras largas en El Molinón. El Valencia no solo falla delante, como siempre. Esta vez también detrás. El primer gol sportinguista es un ejemplo de la descomposición que ofreció la defensa. Wass unos metros por delante fuera de sitio; Vezo desplazado y sin contundencia, y Diakhaby sin saber dónde ponerse ni qué hacer. A Sousa le dio tiempo para levantar la cabeza en el centro y a Noblejas margen de sobra para acomodar el pie en el remate final desde el centro y con Jaume totalmente vendido. Hasta ese momento, el Valencia sólo había dado muestras de vida por la izquierda, en parte por la voluntad de Gayà. Pero poco más.

A raíz de ese inesperado golpe y con El Molinón coreando 'oles', el Valencia acabó por perder los papeles. Se mostró más vulnerable que nunca, con Marcelino desgañitándose en la banda pidiendo calma. Lo habitual, vamos. No es la primera vez que el asturiano hace los gestos de tranquilidad a sus jugadores, atacados por un miedo atroz que les bloquea aún más de lo que son o están, según gustos y exigencias. Ver, por ejemplo a un chavalín como Kang In pidiendo movilidad a gente como Batshuayi y Gameiro es para apagar la luz y marcharse. ¿Realmente tenían ganas de jugar este partido algunos? La Copa, sí importa. ¿Qué fue de aquella leyenda del Valencia bronco y copero? Nada. Al menos ahora suena a cuento de viejos. Una lástima porque esa mezcla de juventud y veteranía que pretendió Marcelino poner sobre el terreno de juego le acabó explotando en las manos al propio entrenador, sumido como su gente en una vía sin soluciones inmediatas. No se entiende tampoco cómo es posible que el Valencia saliera tan desenchufado en el segundo tiempo. Y eso, a pesar de que se llego al descanso con el marcador medianamente apañado gracias a que el VAR dio gol a un pepinazo de Parejo que acabó por enchufar Gameiro. El asistente levantó la bandera y Undiano lo anuló por fuera de juego. La televisión resolvió a favor de los valencianistas.

Ese gol posiblemente dé en Mestalla la clasificación para los cuartos porque a estas alturas pensar en ganar plácidamente a cualquiera se antoja poco menos que imposible. Y es que, lejos de arreglarse en ese segundo tiempo, se fue torciendo de tal manera hasta angustiar por completo a Marcelino. Ni los cambios arreglaron el desaguisado. Al Valencia le entraron prisas por salir del ridículo en el que se había metido sobre todo después de ese segundo gol local. A Marcelino se le puede haber acabado el tiempo porque Mestalla tampoco espera. Quiere salir de la ruina.

2 Real Sporting

Dani Martín, Molinero, Juan Rodríguez, Babín, Canella, Cofie, Álvaro Jiménez (Blackman m, 77), Hernán Santana (Pedro Díaz m, 65), Sousa, Noblejas Traver m, 65) y Pablo Pérez

1 Valencia CF

Jaume Domenech, Wass (Piccini m, 67), Rubén Vezo, Diakhaby, Gayá, Ferrán, Carlos Soler, Parejo, Kang In, Batshuayi (Rodrigo m, 45) y Gameiro (Cheryshev m, 78)

GOLES:
1-0: Noblejas (m, 33). 1-1: Gameiro (m, 45). 2-1: Blackman (m, 78)
ÁRBITRO:
Undiano Mallenco. Mostró tarjeta amarilla a Álvaro Jiménez (m, 31) y Vezo (m, 35)
INCIDENCIAS:
Partido de ida de los octavos de final de la Copa del Rey, disputado en el Molinón ante 19.870 espectadores