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El Valencia necesita paz para no autodestruirse

Celta-Valencia./AFP
Celta-Valencia. / AFP

El debut de Maxi por la suplencia de Rodrigo alimenta el ambiente viciado

Juan Carlos Valldecabres
JUAN CARLOS VALLDECABRESValencia

Así no se puede seguir. Ni es lógico para el fútbol que los clubes permitan cerrar la ventana de fichajes con la liga en marcha por lo absurdo que eso supone ni es sano para el valencianismo que el dueño y el entrenador estén enzarzados en una guerra que a medio/largo plazo sólo conduce el harakiri. El Valencia no puede sobrevivir bajo estas estresantes circunstancias. La incertidumbre general y la tensión interna están abriendo una herida que, sin ser ni mucho menos definitiva, sí levanta la lógica preocupación. Al fin y al cabo, es lo mismo que pasó el año pasado. En dos jornadas, el Valencia perdió y empató, como ahora. La diferencia es ese 'tufillo' tan extraño que se desprende y que tiene completamente despistados a los propios aficionados. Como aquí, los que hablan, lo hacen en ocasiones escondiendo verdades, el valencianista de a pie no sabe cuando compra el abono qué actores van a subirse al escenario. El problema es que las dos funciones que han habido hasta ahora no arrojan nada de luz. El Valencia, con Rodrigo o sin él, anda despistado, ajeno a las funciones que mejor rendimiento le dieron hace unos meses. Parece como si de mayo aquí hubiera pasado poco menos que una eternidad, como si este Valencia fuera de otra década. Ayer, por ejemplo, Marcelino puso su sello personal a este encuentro en Balaídos. Si hace siete días Rodrigo estaba mental y físicamente listo, esta vez no. Prescindir de un futbolista como él, con Maxi Gómez muy lejos todavía de los automatismos del equipo, es un síntoma de que algo está pasando ahí dentro. Sobre esta suplencia, el técnico dio después las oportunas explicaciones pero al equipo se le vio durante demasiados minutos entumecido. Agarrotado. Y contra un equipo tan suelto y vivo como el Celta que está ensamblando Escribá, eso es poco menos que entrar en una deriva peligrosa. Como acabó ocurriendo.

1 Celta de Vigo

Rubén; Kevin, Araujo, Aidoo, Olaza; Brais Méndez (Pape, min.77), Beltrán, Lobotka, Denis Suárez; Aspas (Hugo Mallo, min.89) y Toro (Santi Mina, min.73)

0 Valencia CF

Cillessen; Piccini (Ferrán Torres, min.67), Garay, Paulista (Diakhaby, min.60), Gayá; Wass, Parejo, Kondogbia, Guedes; Gameiro y Maxi Gómez (Rodrigo, min.60)

GOLEs:
1-0 Gabriel «Toro» Fernández min. 15
ÁRBITRO:
Hernández Hernández (Colegio Canario). Amonestó a Olaza por parte del Celta de Vigo, y a Gayá por parte del Valencia
INCIDENCIAS:
Partido correspondiente a la segunda jornada de la Liga Santander disputado en el estadio municipal de Balaidos ante 20.034 espectadores. Se guardó un minuto de silencio en memoria del exjugador del RC Celta Pedro González Carnero 'Pedrito' y por el abonado número 3 del club, Pedro Vaquero

Al Celta le bastó una primera mitad sabrosa para engullir los tres puntos. El brío, la constancia y la seriedad que pusieron los vigueses en ese fútbol inicial les permitió golpear primero y sobrevivir después. Cuando el Valencia se dio cuenta de que el partido se estaba agotando, fue demasiado tarde. Tampoco es que los valencianistas asfixiaran a los locales en una reacción descomunal. Más bien fue un pacto habitual en el fútbol. El Celta optó por protegerse y despegar a la contra casi siempre con la inspiración de Aspas y Denis, y el Valencia llevó el balón de aquí para allá sin peligro mortal.

Y eso que tuvo tiempo de sobra Marcelino y sus jugadores para devolver el sentido a una situación que se puso muy pronto cuesta arriba. Al cuarto de hora ya ganaba el Celta. Con una buena acción combinativa por la derecha, Aspas hizo la transición por el centro para dejársela a la izquierda a Denis Suárez. El exbarcelonista, ese que quería Marcelino y que se la tiene poco menos que jurada a Alemany, tuvo la calma para ponérsela a Gabriel Fernández para que este, de tacón y pese a la sombra de Garay, acabara enviando el balón dentro de la portería. Fue una suma de muchas aportaciones meritorias de los vigueses que los valencianistas permitieron.

Luego llegó otro intento de Aspas, que recogió un balón suelto en el área que Garay evitó casi en el último instante al interponerse en la trayectoria del envío. El Valencia parecía estar bajo la supervisión siempre del Celta. No parecía cómodo sobre el terreno de juego, pese a los intentos de Parejo por llevar la brújula. Aún así, Wass la tuvo. Antes de la media hora, el danés puso en muchos apuros a Rubén enganchando un remate tras un buen servicio de Guedes, que obligó al meta a poner el guante y desviar al larguero. No fue gol por muy poco, como tampoco la opción que tuvo apenas un minuto después tras una nueva acción entre Wass y Gameiro, que Maxi ni se enteró. Dijo en su momento Marcelino que el uruguayo y Gameiro podían jugar juntos. Poder pueden, pero parece en ocasiones que uno y otro, lejos de complementarse, lo que parece es que se incomodan. El Valencia, el anterior y que todo el mundo desea recuperar, le metía velocidad a las contras. Eso, con Rodrigo, se puede hacer, pero con Maxi no. Al menos por ahora.

El equipo tardó en dar muestras de peligro y cuando lo hizo ya iba por detrás en el marcador

Maxi Gómez todavía está en fase de aprendizaje y no dio frescura al Valencia en la línea de ataque

Por eso seguramente fue el primer cambio que, tácticamente, preparó Marcelino a la hora de partido. Salió Rodrigo por Maxi Gómez que, aplaudido por Balaídos, sabe que tiene que ponerse las pilas pronto. El otro cambio, forzado por la lesión de Paulista que aguantó de manera incomprensible demasiados minutos sobre el terreno de juego, fue para que entrara un Diakhaby que es capaz de poner a todos con el corazón en un puño con acciones sorprendentes.En esa fase final del enfrentamiento, al Valencia le faltó claridad a la hora de pisar el área. Dominaba ahora sí al rival, pero ni mucho menos era capaz de poner al guardameta local en compromisos imposibles. Guedes iba de aquí para allá, Gameiro no se dejaba ver, Ferran tenía ahora la banda derecha para él y Rodrigo intentaba encontrar espacios para desenvolverse. Pero el Celta no dio muestras de perder la cara al encuentro. En realidad, mantuvo el mismo nivel de concentración que le hizo ser mejor en el primer tiempo. Por eso no dio la sensación de que el Valencia podía empatar de verdad. Cierto es que el balón circuló en algunas acciones por el área pequeña viguesa, pero casi más por insistencia que por claridad de ideas. Al final, casi con el encuentro ya apagándose, de nuevo un penalti. En la primera jornada fue Coquelin con una acción casi de infantil y ayer Garay más fruto del cansancio e impotencia. Apareció Cillessen para parárselo a Denis Suárez. Menos mal. Sólo faltaba que Denis pusiera la puntilla a un Valencia que necesita paz para no caer en la autodestrucción.

LAS CLAVES

Mejor arranque vigués.
Fue el Celta un equipo mucho más asentado en la primera mitad. El Valencia tardó en dar señales de vida, ya con el 1-0 en contra.
Maxi, más que discreto.
La presencia del uruguayo en el sitio de Rodrigo no aportó frescura ni remate en un balón claro que pudo enganchar en el primer tiempo.
Sin reacción.
Se esperaba que el Valencia apretara las clavijas al rival en la reanudación, pero su fútbol no fue claro ni contundente.
Lesión.
El percance de Paulista obligó a Marcelino a quemar un cambio en defensa y no en ataque.

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