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Carboni: «Fui más feliz viendo a miles de valencianistas celebrar títulos que ganándolos»

Carboni: «Fui más feliz viendo a miles de valencianistas celebrar títulos que ganándolos»

«Cada vez que veo un partido de Champions me acuerdo del penalti fallado en la final ante el Bayern; te sientes responsable y la recuperación es muy dura», recuerda

TONI CALERO* ACALERO@LASPROVINCIAS.ES

-Con 32 años, supongo que usted pensó que ya nunca saldría del fútbol italiano. Y de repente aparece el Valencia.

-Es que nunca me había planteado jugar en el extranjero. Fui de los primeros en marcharse de Italia.El representante de Ariel Ortega, Antonio Caliendo, me contactó porque yo no tenía agentes. Me dijo: 'Amedeo, en el Valencia buscan lateral izquierdo'. Estaba lesionado cuando vinieron a buscarme. Le dije: 'Antonio, no estoy bien, no estoy en condiciones'. Además era capitán de la Roma, estaba en la selección, no era tan fácil para mí. Bueno, escuchar no cuesta nada, es lo que pensé...

-Y le expulsan en el debut...

-Fue bastante duro. No pensaba jugar ese partido porque nunca había entrenado con el equipo, pero Valdano me dijo que jugara.

-Y le plantan enfrente a Figo

-Sí, contra el Barça (ríe). Con el tiempo creo que para mi carácter fue una suerte debutar así, en el minuto 43 ya estaba fuera. Esto me hizo recuperarme antes y mi cuerpo volvió a funcionar al 100% porque yo quería demostrar que había venido a Valencia a jugar, no a robar las pesetas.

-Pensaba que lo hizo para marcar el territorio...

-Esto fue claro (ríe). A partir de ahí ya me respetaba todo el mundo.

-Se marchó Valdano del Valencia y con Ranieri cambia todo.

- Sí, Ranieri se dio cuenta de que el equipo necesitaba unión porque cada uno iba a lo suyo. Romario, Ortega, Marcelinho Carioca... Y Ranieri hizo limpieza y salió mucha gente joven.

-Y llegó la final de Copa contra el Atlético. El inicio de una gran era.

-Más que nunca porque hacia 19 o 20 años que el Valencia no ganaba nada. Un título importante y sin olvidar, creo que es un factor importante, que jugamos contra Levante, Barça o Madrid, los mejores equipos. Este fue el primer gran título.

-¿En el vestuario eran conscientes de que si se consolidaba el bloque podían caer más títulos?

-No, no era un tema que puedas hablar. Ganamos la Copa, pero Barça, Madrid y a veces el Atlético estaban por encima. Íbamos partido a partido, a largo plazo era imposible para nosotros pensar en ello. Hay una cosa que tengo muy clara: éramos un grupo de gente muy responsable. Cada año se vendían buenos futbolistas y al final lo que se quedaba era la columna vertebral. Había que mantenerla porque funcionaba.

-¿Qué ocurrió en la final de Champions contra el Real Madrid?

-Pasó lo que a veces pasa cuando tú llegas con tantas ganas, con tantas fuerzas y te desplomas. Fue un desplome de fuerza interior.

-El camino hacia la final había sido espectacular...

-Sí, pero yo recuerdo especialmente la segunda.

-¿Por qué?

-Porque en la primera éramos la Cenicienta, de inicio nadie te tomaba en serio. En la segunda todo el mundo te respetaba, todos los estadios a los que íbamos estaban llenos. Fue más dura porque todo el mundo sabía que éramos el Valencia, que peleábamos fuerte. Éramos súper competitivos. Entonces, llegar otra vez a la final y perderla fue aún más duro.

-¿Debió ganar el Valencia al Bayern antes de la tanda de penaltis?

-Sí, la verdad es que sí. Es una espina que tenemos todos clavada. Yo estaba convencido de que íbamos a ganar. Todos los equipos eran grandes equipazos, pero nosotros...

-¿Cuántas vueltas se le dan a un penalti fallado en una final de Champions League?

-Pues... Cada vez que veo un partido de Champions hay un momento de recuerdo de lo que has pasado tú. Con el tiempo es algo bueno, porque pienso en lo que disfrutamos antes y es impagable. ¿Cuántas finales hemos visto que se deciden en los penaltis? Siempre que veo una así me acuerdo del penalti.

-El Valencia perdió dos finales y al año siguiente gana la Liga. ¿Ese ciclo empieza por esa tremenda capacidad de superación?

-La base del equipo estaba formada por gente muy profesional, gente que jugaba por algo más. Estoy convencido de que muchos compañeros jugaban por algo más, por contentar a una ciudad, a una afición y el orgullo de vestir una camiseta. El equipo estaba arropado y creo que esta era una de nuestras grandes fortalezas. Sentirse arropado y representado dio un plus a cada jugador.

-Usted siempre se sintió valenciano, además de valencianista.

-Cada camiseta que he vestido la he intentado llevar de la mejor forma posible. Después de tantos años y de tantos momentos felices, es involuntario casi ser algo más que un jugador. Y por eso siempre preferí vivir dentro de la ciudad, que me gustaba. Y he disfrutado mucho de Valencia, como valenciano.

-¿Cuál es la receta para ser profesional del fútbol hasta los 41?

-Dentro de la suerte de lo físico, vivir bien con la familia, sentirte motivado, sentirte, digamos, representante de la ciudad, de Valencia, y esto ayuda a la hora de entrenar y avanzar. El Valencia me ha dado mucho y creo que yo también le he dado mucho al Valencia.

-¿Cuántos líderes tenía el equipo?

-No es una cuestión de líderes. A muchos jugadores nos bastaba una mirada para entendernos. Cuando llegaban los nuevos se daban cuenta de nuestra motivación. Para ellos era una obligación porque dicen: 'ostras, si éste de 35 corre como un loco, ¿qué hago yo con 25?'. Había jugadores que ni se hablaban y todos sabemos quienes eran, pero no pasaba nada dentro del campo. En la vida no puedes ser amigo de todos.

-Cuando llega Benítez, ¿recelan porque se trata de un entrenador sin mucha experiencia?

-Hay un cambio total en la forma de entrenar y de pensar. Nos creó el pensamiento de, '¿qué es esto, lo quieren cambiar todo?' Se dio esto hasta Navidad. El día del Espanyol sabíamos que Benítez estaba fuera prácticamente y creo que el equipo se dio cuenta de que era injusto no darle la oportunidad al entrenador. Durante dos o tres semanas previas que salió en la prensa y demás que lo iban a despedir, creo que la gente dijo: 'vamos a dejar este tema'.

-De ahí hasta ser nombrado el mejor equipo del mundo.

-Una transformación total. Yo digo: '¿cómo fue posible? Cuando toda la gente reúne su talento y su esfuerzo y lo pone al servicio del objetivo. Es difícil decir si fue el mejor Valencia en el que jugué porque con Cúper fue espectacular. Digamos que la época de Benítez fue la cima de la montaña, dónde se llegó a todo.

-La llegada de Juan Soler quebró la tranquilidad del club.

-Pasó que los títulos ayudan mucho y lo cambian todo, porque yo tranquilidad nunca la había vivido (ríe).

-¿Qué piensa de Juan Soler?

-De Soler tengo buen recuerdo aunque me despidió como director deportivo. Es una persona que no ha sabido hacer valer su forma de ser. Es el único presidente que ha puesto dinero personal. Él estaba rodeado de buitres que se aprovechaban de su bondad. Una persona buena, pero había gente que se aprovechaba y esto le hizo mucho daño.

-¿Sufrió más como jugador o como director deportivo?

-En los dos sitios. De jugador se sufre mucho, ¿eh? Quizás dentro del campo te olvidas, pero de lunes al día del partido, ojo con la concentración. No hay momento en el que no pienses lo que tú tienes que hacer el domingo. Es un trabajo que, si te gusta, te coge 24 horas, no tienes tiempo de descanso.

-Mestalla era un infierno para los rivales...

-Mestalla te ayuda mucho y tiene carácter. Es un estadio en el que tienes que aguantar momentos malos y yo he escuchado muchos pitos. No sé si a mí, pero los he escuchado. Esto es parte de la profesión y tienes que saber aguantar. Debes pensar que es una afición que ha visto finales, ha visto Copas, ha visto Ligas y le duele mucho cuando el Valencia no es competitivo, se disgusta cuando el equipo no es competitivo. Nadie nos pidió que ganáramos un título, la gente quiere que llegues a la recta final de los partidos con opciones de ganar.

-¿Su mejor momento en el club?

-Siempre recuerdo bien, no el día que ganamos el título, sino los días después. Cuando íbamos por la ciudad y estaban miles de personas felices, lo que más se te queda dentro. Los títulos son un orgullo personal, pero nadie me quita el tremendo orgullo de ver a tanta gente feliz, fueron los mejores momentos.

-¿Y el peor?

-El día de la Champions contra el Bayern. Ahí solo puede quedar uno, estáis los dos peleando y quedan unos metros. Y de repente te cae el mundo encima porque sabes de tu ilusión y la de miles y miles y miles de personas. Te sientes muy responsable y la recuperación es muy dura. Pero con el tiempo es un recuerdo bonito, porque aquello te forma el carácter de una manera increíble. Estoy feliz por haber vivido estas sensaciones buenas y malas.