El botellón amenaza el nuevo curso

Restos de botellón en una calle del centro. / lp
Restos de botellón en una calle del centro. / lp

El Consistorio prevé presentar la ordenanza de convivencia el mes que viene | El edil de Protección Ciudadana pide un informe para saber cuántas multas se han impuesto este verano por beber en la calle

ÁLEX SERRANOVALENCIA.

A las puertas de un nuevo curso, es el momento de comprar los libros de texto, volver de vacaciones... y comprarse tapones para los oídos, al menos para los miles de vecinos de cualquiera del medio centenar de puntos de la ciudad donde se practica botellón de forma habitual. Este fenómeno continúa centrando buena parte de los esfuerzos de entidades vecinales y asociaciones de consumidores y usuarios que exigen al Consistorio acciones decididas contra el botellón.

La principal herramienta que desde el Ayuntamiento se planteó para combatir este problema de convivencia era una nueva ordenanza que se llamó, precisamente, de convivencia. Estaba llamada a dotar a la Policía Local de un texto legal que les permitiera combatir de manera efectiva el botellón, dado que el equipo de Gobierno pensaba, durante el mandato anterior, que el proceso para detectar si la bebida que se consumía en la calle era alcohol era demasiado complicado (exigía tres análisis a la copa, incluido uno en laboratorio). Por eso, la solución que se buscó era no multar por beber en la calle sino por hacer ruido o ensuciar. Sin embargo, la Asesoría Jurídica Municipal puso reparos a la ordenanza que presentó el pasado verano la concejala de Protección Ciudadana de aquel entonces, Anaïs Menguzzato, y el texto volvió a la cátedra homónima de la Universitat de València.

Tal como confirmaron ayer fuentes municipales, la intención del departamento que dirige Aarón Cano es presentar el documento ya retocado a las asociaciones vecinales y entidades de consumidores y usuarios a lo largo de este mes de septiembre, como el concejal explicó a la presidenta y el vicepresidente de la Federación de Asociaciones de Vecinos, María José Broseta y Toni Plà respectivamente, en una reunión mantenida antes de verano.

Los vecinos reclaman que se controlen los locales que venden vasos, hielos y refrescos de madrugada

Además, Cano ha pedido un informe interno dentro de la propia Policía Local para saber cuántas multas se han impuesto este verano por consumir bebidas alcohólicas en la calle. Las mismas fuentes explicaron que las cifras que arroje el estudio «no serán bajas» porque se ha controlado mucho el fenómeno a lo largo de estos tres meses. En puntos como El Perellonet, la presión policial ha evitado la concentración de jóvenes para beber en la calle en varios puntos de la pedanía, sobre todo en un aparcamiento, tal como destacaron las mismas fuentes consultadas por este diario.

Los vecinos aseguran que la situación es problemática en varios enclaves de la ciudad, como en determinadas calles del centro como Marqués de Caro tal como explican desde la asociación de vecinos del Carmen o en el parque de Navarro Cabanes-Brasil, como indican desde la entidad de Nou Moles. Plà, por su parte, insiste en que el botellón es un fenómeno en el que están implicados muchos factores pero pone el foco en los comercios que venden «ya no alcohol, sino la mezcla, los vasos y los hielos incluso a menores de edad». «Son locales que no tienen permiso para abrir hasta tarde y aún así lo hacen», señala Plà, que pide a la Policía Local que controle este tipo de comercios. Pone como ejemplo uno situado cerca de una discoteca en Gaspar Aguilar. «Es una frutería que está abierta hasta las dos de la madrugada, si te quieres comprar una sandía por la noche puedes hacerlo sin problemas», ironiza el también vocal de Sanidad de la federación y presidente de la asociación de Patraix.

Para solucionar el botellón se han propuesto diversas medidas, ninguna de las cuales ha llegado a fructificar. El anterior concejal de Espacio Público, Carlos Galiana, propuso la creación de la figura del alcalde de noche para mediar en los conflictos provocados en torno al ocio nocturno, pero nada se sabe del proyecto. Además, al inicio del mandato Sandra Gómez propuso la creación de un espacio controlado para que los jóvenes pudieran beber e incluso que los bares y locales de ocio bajaran el precio de las copas. Estas propuestas, de nuevo, no llegaron a concretarse e incluso se encontraron con la firme oposición de quienes pensaban que un botellódromo, que sí está presente en otras ciudades, no sería una buena solución para Valencia.