Desmantelan en Albalat dels Tarongers uno de los laboratorios de cocaína más importantes de Europa

La Policía Nacional desarticula una red de narcotráfico tras detener a 11 personas en Valencia, Madrid, Málaga, Toledo, Valladolid y Pontevedra

Javier Martínez
JAVIER MARTÍNEZValencia

Otro duro golpe al narcotráfico en Valencia. La Policía Nacional ha desmantelado en un chalet aislado en una zona de monte del municipio de Albalat dels Tarongers uno de los mayores laboratorios de cocaína de Europa. La operación antidroga ha impedido que un grupo de traficantes elaborase y distribuyera hasta tres toneladas de cocaína tras la detención de once personas en las provincias de Valencia, Madrid, Málaga, Toledo, Valladolid y Pontevedra.

Uno de los jefes de la organización de narcotraficantes logró escapar, aunque fue plenamente identificado por los investigadores de Unidad de Drogas y Crimen Organizado (Udyco), y el juzgado que instruye la causa ya ha dictado una orden internacional de detención.

Los agentes realizaron diez registros en inmuebles, varios de ellos en El Puig, y se incautaron de unos 8.500 litros de diversas sustancias químicas fiscalizadas y de difícil adquisición que iban a ser utilizadas para la elaboración del clorhidrato de cocaína. La policía también interceptó 12 contenedores de harina de palmiste en el puerto de Marín (Pontevedra). Los traficantes usaban este producto para enmascarar la sustancia estupefaciente y superar los controles aduaneros y sanitario. Luego trasladaban la harina al laboratorio de Albalat dels Tarongers para extraer la pasta de cocaína y elaborar la droga con otras sustancias químicas.

La organización desmantelada estaba compuesta por una decena de individuos de nacionalidad española, colombiana y albanesa. La banda introducía grandes cantidades de cocaína en España tras camuflarla en productos legales y posteriormente la extraían en laboratorios clandestinos para elaborar clorhidrato de cocaína.

Según informaron ayer fuentes de la Dirección General de la Policía, la banda introdujo sacos de unos 1.000 kilogramos cada uno de harina de palmiste mezclada con cocaína, y una vez separada, proceder a la transformación de la misma en clorhidrato de cocaína en el laboratorio de Albalat dels Tarongers. Para ello, la red contaba con químicos o 'cocineros' en el argot de los narcotraficantes, que viajaban de Latinoamérica a España para instruir a la organización y mostrar a otros miembros de la banda cómo tenían que elaborar la cocaína.

Como consecuencia de las pesquisas policiales, los agentes tuvieron conocimiento de la presencia en nuestro país de una pareja de colombianos que habían sido enviados hasta tres veces por la organización proveedora de la harina de palmiste mezclada con cocaína. Su misión era la de comprobar la estructura empresarial en España, así como negociar porcentajes y beneficios a repartir una vez que la droga fuera extraída y distribuida.

Posteriormente, los investigadores detectaron la llegada de diez contenedores al puerto de Marín (Pontevedra) con mercancía supuestamente legal, y uno de ellos transportaba la cocaína. Los agentes antidroga establecieron entonces un fuerte dispositivo policial compuesto por más de un centenar de policías repartidos en distintas provincias españolas, y procedieron de forma simultánea a la detención de once personas en las provincias de Valencia, Madrid, Valladolid, Vigo y Toledo, entre ellos los principales responsables de la organización y los encargados de la logística e infraestructuras.

Cinco de los individuos arrestados son de nacionalidad albanesa, otros cinco son españoles y uno es marroquí. La policía detuvo en la localidad de El Puig a dos albaneses y un español. Este último hombre alquiló el chalé donde montaron el laboratorio para extraer la cocaína y cultivar marihuana.

Un chalé en pleno monte

El chalé donde elaboraban la cocaína está aislado en una zona de monte en el municipio de Albalat dels Tarongers, concretamente en la partida Cabeç Bort. Los agentes se incautaron en esta casa de más de 8.500 litros de sustancias químicas fiscalizadas, todas ellas de difícil adquisición y destinadas a la elaboración del clorhidrato de cocaína.

Para sufragar la inversión realizada en España y para obtener más beneficios, la organización de narcotraficantes estaba acondicionando diversas estancias del chalé para destinarlas al cultivo de marihuana. Además, la red contaban con un marroquí que se encargaba de la seguridad de la finca. Este hombre permanecía dentro de la parcela las 24 horas del día sin abandonar la misma ni para abastecerse de víveres, ya que otro integrante de la organización le llevaba la comida.

El chalé había sido alquilado por su ubicación aislada en el monte y su difícil acceso. Esto suponía una gran discreción para que las pocas personas que pasaban por la zona no detectaran el laboratorio de droga. Además, los integrantes de la organización adoptaban varias medidas de seguridad antes de dirigirse al chalé, que tenía una vigilancia permanente con la finalidad de detectar posibles seguimientos policiales. Esto dificultó mucho la investigación. Los cabecillas de la banda tenían una gran movilidad, ya que sus principales responsables viajaban por toda España y residían en un chalé de lujo en la Costa del Sol, desde donde coordinaban y daban las instrucciones oportunas.

En los 10 registros domiciliarios practicados, los agentes intervinieron 8.500 litros de compuestos químicos, seis vehículos (cuatro turismos, una furgoneta y una motocicleta), un revólver con una caja de 47 cartuchos, diverso material informático, teléfonos móviles y dinero en efectivo. Actualmente se encuentran bloqueados 12 contenedores en el puerto de Marín a la espera de realizar el correspondiente análisis y poder determinar con exactitud los sacos contaminados con cocaína.

La red también contaba con una amplia estructura empresarial que se encargaba de importar contenedores marítimos con harina de palmiste, el producto con el que enmascaraban la sustancia estupefaciente para superar los controles aduaneros y sanitarios. Esta sustancia es un residuo que queda tras la extracción del aceite de la semilla de la palma que se cultiva en zonas tropicales.

La operación ha sido realizada por la Udyco Central de la Policía Nacional tras una ardua investigación en colaboración con los agentes de la Aduana del puerto de Marín.