Un descuido policial y una cerradura vulnerable permitieron la fuga del preso de la Ciudad de la Justicia

Agentes de la Policía Nacional en el traslado de un detenido a una comparecencia judicial. / efe
Agentes de la Policía Nacional en el traslado de un detenido a una comparecencia judicial. / efe

La investigación apunta a un fallo en la vigilancia del recluso y la Policía Nacional aconseja reforzar los cierres

J. A. MARRAHÍ

Un fallo puntual en la vigilancia de los agentes de la Policía Nacional que el miércoles estaban encargados de la custodia de presos en la Ciudad de la Justicia fue el motivo esencial de la fuga de Pablo Antonio R. R. Es el recluso de Picassent que se largó de la sede judicial por la puerta grande, la entrada principal, gracias a un cordón de zapatilla con el que manipuló la cerradura de su celda hasta abrirla. El resto fue cuestión de caminar hasta la salida con discreción antes de que se detectara su ausencia.

Según indicaron fuentes de la Administración, «la función de custodia de los presos que acuden a los juicios o a otras comparecencias es de la Policía Nacional». La Guardia Civil se encarga de los traslados y también de los accesos y control de las cámaras junto a empleados de seguridad privada.

Como aseguraron fuentes próximas a la investigación, fue un descuido de los policías, un fallo en la vigilancia activa de los agentes que estaban en las celdas, lo que hizo que las hábiles maniobras de Pablo Antonio con su cordón pasaran desapercibidas. A pesar de admitir el error, la Policía Nacional ha aconsejado un refuerzo en la seguridad de los cierres de las celdas para que no vuelva a suceder algo así.

Fuentes de Justicia aclararon a LAS PROVINCIAS que los sistemas de videovigilancia del edificio funcionaron a la perfección. De hecho, el trasiego de Pablo Antonio en su ilegal búsqueda de libertad están perfectamente grabados. El problema fue el tiempo en que los agentes tardaron en detectar la ausencia. Si bien transcurrieron menos de cinco minutos, fue suficiente para plantarse en la calle antes de blindar el edificio judicial para impedir su huida. Cuando el dispositivo policial se desplegó dentro y fuera de la sede, ya era demasiado tarde.

Tal y como informó este diario, el recluso estaba a punto de cumplir una condena de cuatro meses de cárcel, pero ayer le cayeron encima tres años más por narcotráfico y conducción sin permiso. La sentencia fue por conformidad, por lo que sabía que ese desplazamiento a los juzgados era su ocasión de oro para probar suerte con una fuga fuera de la cárcel Picassent. Y la tuvo.