Un ataque en Picassent aviva las críticas sobre la seguridad en la cárcel

Un ataque en Picassent aviva las críticas sobre la seguridad en la cárcel
J. Marín

Varios funcionarios resultan lesionados tras el altercado con un preso clasificado entre los más peligrosos del sistema penitenciario español

IVÁN GÓMEZ

Una nueva agresión a funcionarios de prisiones ha desatado las críticas hacia las condiciones de seguridad de los centros penitenciarios. Esta vez ha ocurrido en la cárcel de Picassent, cuando un preso clasificado en 'primer grado', es decir, de los más peligrosos del sistema, se atrincheró en su celda y arrancó varios junquillos metálicos de la ventana de su celda para emplearlos como espadas mientras amenazaba de muerte a los carceleros, además de inundar el habitáculo para que los agentes se resbalaran.

Los hechos ocurrieron durante la tarde del domingo a cargo de un preso con numerosos antecedentes violentos e incidentes en otras cárceles. Como consecuencia de la trifulca, unos ocho agentes resultaron heridos por golpes, contusiones y excoriaciones varias que precisaron de atención médica.

Durante el día de ayer, el preso permaneció inmovilizado en el módulo de sujeción de la cárcel de Picassent a la espera de la resolución judicial, según pudo saber LAS PROVINCIAS de la mano de Alberto, secretario del sindicato Acaip en Valencia. Al parecer, la decisión de atrincherarse en su celda no respondía a ninguna demanda por parte del preso y es que, según Acaip, «este tipo de reclusos tiene un carácter violento y como por su larga condena no tienen nada que perder, de vez en cuando montan este tipo de altercados».

Este mismo sindicato ya había denunciado las condiciones de seguridad del módulo 28, reservado a los presos de primer grado, donde se produjeron los acontecimientos. «Este módulo no estaba en el proyecto inicial, sino que se añadió posteriormente en un patio muerto del mismo», afirmó Alberto. El citado espacio, por sus condiciones arquitectónicas, produce gran sensación de «estrés» y «claustrofobia» tanto a trabajadores como a reclusos, según Acaip.

Los funcionarios agredidos suplieron la falta de formación que reciben para este tipo de situaciones con su experiencia y profesionalidad, aunque «los trabajadores penitenciarios son criminalizados desde el propio Ministerio del interior», aseguró Acaip, que añadió: «No se les da credibilidad, las denuncias que puedan hacer los internos deben ser tramitadas judicialmente aunque no haya parte de lesiones, es como si los pájaros dispararan a las escopetas».

Mientras, el senador valenciano del PP, Fernando de Rosa, reclamó ayer que a los funcionarios de prisiones se les reconozca como agentes de autoridad. «Se tienen que erradicar las agresiones a funcionarios, han recibido un total de 600 ataques en lo que va de año». De Rosa recalcó que estos actos de violencia ha de tipificarse como «delito grave», dijo.

Pidió la comparecencia de la vicepresidenta del gobierno en funciones, Carmen Calvo, en el Senado ante este aumento del volumen de agresiones a funcionarios de prisiones y sanitarios instándola a «mirar también hacia los profesionales de instituciones penitenciarias» y a explicar «qué medidas va a poner en marcha para paliar este tipo de agresiones». De Rosa también reclamó a Grande-Marlaska que retire la instrucción del Ministerio del Interior que, según afirmó, «da más credibilidad a la versión del interno que a la del empleado público que trabaja en la cárcel».

Este incidente se suma al que ocurrió hace pocos días en la cárcel de Fontcalent y que evidencia la necesidad de mejorar las condiciones de seguridad en cuanto a recursos y efectivos del sistema penitenciario.