Un análisis de ADN identifica el arma que se utilizó en el crimen de Patraix

Un análisis de ADN identifica el arma que se utilizó en el crimen de Patraix

Los restos de sangre descubiertos en un cuchillo corresponden al marido de Maje, que fue asesinado en el garaje de su finca

J. A. MARRAHÍ/J. MARTÍNEZ VALENCIA.

Una prueba de ADN ha demostrado que el cuchillo descubierto en enero en una fosa séptica de Ribarroja es, como sospechaba la Policía Nacional, el arma con la que fue asesinado el ingeniero de Novelda Antonio Cerdán en el garaje de su casa del barrio valenciano de Patraix. Por el crimen permanecen en prisión y a la espera de juicio la viuda de la víctima, Maje M. C., y su amante, el enfermero Salva R. P. Fue él quien llevó a los investigadores hasta el lugar donde había ocultado el arma tras el homicidio.

Las comprobaciones genéticas han revelado ahora que los restos de sangre que se recuperaron en el filo de este cuchillo corresponden, en efecto, a Antonio. Supone una nueva prueba incriminatoria de peso contra el considerado autor material del homicidio, que se registró en la calle Calamocha de Valencia hace ya casi un año.

La policía encontró el arma el pasado 19 de enero en una fosa séptica de Ribarroja. El autor confeso del crimen, Salvador R. P., de 47 años, llevó a los investigadores hasta una casa de campo de su propiedad para indicarles el lugar exacto donde se deshizo del arma. Los agentes del Grupo de Homicidios y de la Unidad de Subsuelo de la policía participaron en la búsqueda el cuchillo cebollero con el que Salvador asestó ocho puñaladas a la víctima.

El pozo ciego sirvió de escondite para el arma durante unos cuatro meses, tiempo en que Salva y Maje confiaban en no ser descubiertos. Hasta que se produjo su arresto como fruto de la investigación policial.

El citado pozo estaba tapado con hormigón y dos capas de grava y arena. Los policías tuvieron que utilizar una pala para retirar los materiales que cubrían el depósito y luego hicieron la abertura más grande con un pico. Fueron casi tres horas de labores de albañilería, pero los agentes lograron finalmente extraer el arma con un artilugio que elaboraron con imanes y un gancho. El cuchillo se encontraba dentro de una bolsa de plástico.

Tal y como publicó LAS PROVINCIAS, en ese momento el asesino confeso, que acudió a su casa de campo en compañía de su abogada, llegó a llorar mientras uno de los policías golpeaba el hormigón con el pico. Y se derrumbó cuando el agente sacó el arma. Era la prueba definitiva para cerrar su incriminación y la segunda vez que buscaban el cuchillo en la casa.

Tras la recuperación del arma, la Policía Científica detectó restos de sangre de la víctima, a pesar de que Salvador lo lavó con agua y jabón. El detenido colaboró con la Policía Nacional y confesó el crimen. «Lo decidí yo solo y lo ejecuté», contestó con aparente tranquilidad cuando el juez le preguntó si había planificado el crimen con Maje. Sin embargo, las investigaciones también la sitúan a ella como posible instigadora y colaboradora.

Otra de las pruebas pendientes en el caso es un desbloqueo informático de un teléfono móvil utilizado para las conversaciones entre Maje y Salva. En una comparecencia judicial ella no reveló las claves de una conocida aplicación para 'chatear' y se sospecha que ahí hay conversaciones relevantes.

 

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