Si mastica, ¡circule!

Un operario de limpieza baldea la calle en Florencia. / ap
Un operario de limpieza baldea la calle en Florencia. / ap

Florencia aplicará multas de hasta 500 euros a los que coman parados o sentados en la zona histórica

ANTONIO CORBILLÓN

Lo de comer la tradicional 'focaccia', ese 'panino' especiado primo hermano de la pizza que se vende en cualquier bar italiano, asomado al Ponte Vecchio o levantando la vista ante la magnificencia del Duomo, se ha acabado en Florencia. La tercera ciudad italiana por volumen de turistas, más de 12 millones cada año, no soporta más tráfico de visitantes en sus principales arterias.

La hermosa capital de la Toscana, que hospeda el 'David' de Miguel Ángel en su Academia y los museos de la Galería de los Ufizzi, ha visto incrementada la presión turística en 2,5 millones más de personas solo en los últimos cinco años. No caben más. Por eso, desde el pasado martes, quien mate el hambre con cualquier vianda plantado en mitad de las calles del casco histórico o sentado en algún bordillo o portal, se expone a una multa de entre 150 y 500 euros. Los negocios cercanos a las calles Vila de Neri, Piazzale degli Ufizzi, Piazza del Grano y Via della Ninna exhiben ya los carteles con la nueva normativa. Las sanciones se mantendrán, en principio, hasta el 6 de enero de 2019. De momento, solo se aplica de 12 a 15 y de 18 a 22 horas.

El alcalde de la ciudad, Dario Nardella, está harto de las quejas de los verdaderos habitantes de la ciudad, que rechazan el bloqueo que se monta en las horas centrales del día y a última hora de la tarde. Hordas de viajeros, derrengados de tanto quemar zapatilla y con un agujero en el estómago, combaten también el 'síndrome de Stendhal' (éxtasis ante tanta belleza) abalanzándose ante cualquier oferta de comida rápida que tengan cerca.

Una policía hace levantarse a unos turistas de unas escalinatas.
Una policía hace levantarse a unos turistas de unas escalinatas. / AP

Roma, Venecia, Milán y otras urbes con encanto prohíben comer en la calle

La mayoría se sienta en la acera o en los escalones de cualquier tienda o, simplemente, se quedan parados delante del local donde han comprado comida y bebida, con sus bolsas de refrigerios prestas para devorarlos. La nueva ley es clara: solo pueden comer mientras caminan. Si se paran, la 'focaccia' le saldrá más cara que reservar mesa y mantel en un restaurante exclusivo.

Delante del Palazzo Vecchio y a las horas de matar el hambre, los vecinos se quejan de que aquello parecen una «manifestación permanente». Durante todo este verano, los comerciantes que venden comida y bebida no sabían cómo 'espantar' a tantos turistas que se quedan junto a sus puertas para dar buena cuenta de lo adquirido.

Los precedentes

En esas calles 'prohibicionistas' se ubican clásicos del 'listo para llevar' como All'antico Vinaio, una conocida cadena de comida rápida que figura a la cabeza en los comentarios de buscadores como TripAdvisor. O excelencias del helado italiano como Gelateria dei Neri. Pero todavía no se ha escuchado a sus dueños quejarse por los efectos que pueda suponer para sus ventas.

El problema se ha traspasado a los agentes de la Policía Municipal, que tienen orden de «detener y retener, incluso individualmente, en las aceras, en los umbrales de las tiendas, las casas y las carreteras», a los incumplidores.

Florencia no es la primera urbe italiana que adopta una decisión tan impopular. En 2012, el alcalde de Roma, Gianni Alemanno, también aprobó una orden 'antisandwich' que prohibía consumir bebidas y alimentos en lugares emblemáticos de la Ciudad Eterna como la Piazza Nabona, Via dei Fori Imperiali y, sobre todo, Piazza de Spagna, donde sus escaleras que suben a Trinità dei Monti parecen a todas horas el graderío de un estadio de fútbol en el descanso, cuando todo el mundo se come su bocadillo.

En Venecia, el reglamento de la Policía Urbana impide también detenerse a reponer fuerzas en lugares públicos. Las fotos del gentío comiéndose su 'panino' sentados en el suelo en la Plaza de San Marcos y compitiendo por el espacio con las palomas no gustan en la ciudad. La prohibición incluye los muchos puentes que enlazan los canales. Las multas empiezan en los 200 euros.

También en Milán el alcalde emitió lo que los vecinos conocen como 'disposición antihielo' por la que no se puede sacar alimentos de los locales que no tengan mesas externas. La medida persigue evitar el 'botellón con viandas' en las zonas de ocio nocturno.

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