Las flamencas de los Beatles

Los Beatles llegaron a España en 1965 con una muñeca flamenca Marín en sus manos./
Los Beatles llegaron a España en 1965 con una muñeca flamenca Marín en sus manos.

El souvenir patrio, «presente en todo el mundo», pasa a mejor vida por la presión china. La fábrica de muñecas cierra, pero en internet se han revalorizado

ESTER REQUENA

Los Beatles no habían puesto un pie en España en 1965 cuando entre sus manos, bajando las escalerillas del avión, ya llevaban una muñeca flamenca, souvenir patrio por excelencia. Porque la gitana con la bata de cola ha viajado desde nuestro país a los lugares más recónditos del mundo, incluida la apartadísima tribu Suri en Etiopía a la que pocos acceden. Millones de personas de los cinco continentes atesoran el típico recuerdo español al que estos días se le ha borrado de un plumazo la sonrisa. Ya no se fabricará más en la península. La empresa Muñecas Marín, responsable de este objeto tan cañí desde 1928, ha echado definitivamente la persiana.

El último gran negocio de recuerdos hechos artesanalmente en España ha entrado en concurso de acreedores en Chiclana de la Frontera (Cádiz). Una despedida en la que nada tiene que ver la llegada de la televisión de plasma, como muchos bromean ahora que la gitana, y su torero, han perdido su privilegiado espacio sobre la pequeña pantalla. «Eso es parte de la leyenda urbana, porque no todas las muñecas que fabricábamos iban para el televisor», comenta Ernesto Marín, el hasta ahora presidente del consejo de administración de la marca. En su casa, el también alcalde de Chiclana desde 2011 por el PP, cuenta con una buena colección... «y eso que tengo televisores de plasma», recalca con cierto rintintín. Él las guarda en las estanterías, aunque es consciente de que la imagen de la gitana sobre la pantalla, encima del tapete cosido por la abuela, marcó a toda una generación. Y no solo a los españoles. «No hay ningún país del mundo que no tenga una de nuestras muñecas», defiende Marín. Lo confirma internet: solo un vistazo a la red ofrece páginas de coleccionistas hasta en Nueva Zelanda. ¡Incluso se colaron en una entrega de premios de la MTV! En 2002, sustituyeron los sobres por las muñecas: bajo la falda flamenca se escondían los nombres de lo ganadores que fueron leyendo Pamela Anderson y Pierce Brosnan, entre otros. Sin olvidar sus cameos de lo más cañí tanto en series españolas -actualmente en el bar de La que se avecina- como extranjeras.

Pero el siglo XXI les ha pillado con el tacón doblado: la «embestida» de los productores chinos con sus competidores precios, incluso diez veces más bajos, hundió la fabricación patria. Un obstáculo que ha sido insalvable y eso que la empresa gaditana ha toreado en plazas complicadas. Con sus volantes, y siempre hechas a mano, las flamencas han salido airosas de una postguerra, una dictadura y otras crisis económicas. «Incluso durante la Guerra Civil se siguió la producción gracias a que mi padre utilizó parte de los enseres de mi madre para continuar haciendo muñecas», recuerda el hijo del fundador. Porque la idea de Muñecas Marín surgió a finales de los años 20, cuando Pepe Marín Verdugo aspiraba en Madrid a convertirse en artista y apenas tenía unas pesetas para vivir. Para salir adelante comenzó a hacer muñecas de trapo, serrín y cartón que vendía en la plaza Mayor... y que se las quitaban de las manos. Vio entonces un filón para volver a su pueblo y montar un negocio que enseguida despuntó.

Llegaron a ser los mayores consumidores de encaje de España e incluso contaban con un distribuidor en Japón, porque de la fábrica de Chiclana llegaron a salir al año medio millón de folclóricas. Fue indudablemente su producto estrella, pero también contaban en su catálogo con muñecas con el traje regional de todas las comunidades. Los volantes dieron en el clavo para llamar la atención de los turistas. Con el boom que se inició en los 60 era raro el que se iba del país sin una de ellas en su maleta.

Convertidas ya en una seña de identidad, hasta los Costus, pintores iconos de la Movida, crearon una serie sobre tan singular recuerdo dentro de lo que denominaron «chochonismo ilustrado». Y la mismísima Lola Flores colaboró para elaborar su propia muñeca: por supuesto con pelo negro azabache, su característica nariz y una buena bata de cola. Un modelo que hoy en día preside curiosamente preside la casa de Alaska y Mario Vaquerizo, fans de la flamenca con una buena colección de ellas. También Cayetana de Alba contaba con una muñeca Marín que se le personalizó con los colores de su duquesado.

Cataluña, el 15% de ventas

Con la globalización las ventas se fueron apagando en los últimos años. Y hace un tiempo llegaron los números rojos a una empresa ya solo con tres personas en plantilla: dos empleados y Laura Marín, la gerente y tercera generación al frente de un negocio en el que llegaron a contratar a más de 300 artesanos. Facturaron millones y millones de pesetas que se «quedaron al completo» en el pueblo. «Mi padre hizo un hotel, un balneario... ¡y hasta viviendas sociales!», enfatiza Ernesto.

Con este adiós, las flamencas se van a librar del posible veto que tendrán los productos typical spanish en Tarragona, donde el Ayuntamiento quiere a partir de enero controlar los escaparates. Las flamencas (aunque ya fabricadas en otros países) quedarían relegadas al fondo de la tienda, al no ser souvenirs propios de la provincia. Un boicot que ya intentaron hace años en Cataluña, sin éxito. De hecho, en esta comunidad Marín realizaba el 15 % de sus ventas, «siendo Barcelona y la Costa Brava una de nuestras plazas más importantes».

Ahora las folclóricas made in Spain estarán solo expuestas al público en el museo que Muñecas Marín inauguró en 1997 en Chiclana y en el que se repasa su casi siglo de historia. El cierre del negocio no terminará con esta sala expositiva, la más visitada de la localidad. Porque ahora más que nunca la gitana es objeto de coleccionista... al menos las fabricadas en España. En internet ya se han revalorizado.