El horror nazi no distinguió pueblos

César Orquín, de pie, el primero a la derecha,  con un cigarrillo entre los dedos. / lp
César Orquín, de pie, el primero a la derecha, con un cigarrillo entre los dedos. / lp

Un libro de Carles Senso, Ximo Vidal, Guillem Llin y Salva Català reconstruye las vidas truncadas de habitantes de Xàtiva, Chella o Canals Casi 50 vecinos de La Vall, La Costera y La Canal padecieron el terror del III Reich

MANUEL GARCÍA XÀTIVA.

El horror del nazismo tocó muy de cerca en las comarcas centrales. No es una historia de relatos lejanos, de vidas desconocidas. Afectó a vecinos de Ontinyent, Xàtiva, Chella, Bolbaite o Canals. Así lo reconstruyen Carles Senso, Ximo Vidal, Guillem Llin y Salva Català en 'La derrota perpètua', editado por Reclam. Una auténtica obra de orfebrería investigadora que supuso la consulta de archivos de Francia, Austria, Alemania o España y más de dos años de trabajo. Han descubierto datos hasta ahora desconocidos. De los 49 vecinos de la Vall d'Albaida, la Costera y la Canal de Navarrés que estuvieron a los campos de exterminio nazis acabaron asesinatos (mayoritariamente en Gusen) 31, mientras 15 fueran liberados el 5 de mayo de 1945.

Fueron exterminados, por lo tanto, un 67 % de los valencianos de estas comarcas, el que supone siete puntos porcentuales más de la media que se registra tanto a nivel genérico en el territorio valenciano como en el resto de España. Las últimas investigaciones afirman que fueron 8.963 los deportados españoles a los campos nazis. En una dinámica que se observa también con el resto de deportados, en la aniquilación de estos habitantes de estas comarcas centrales valencianas se distinguen dos etapas claramente diferenciadas, con una alta mortalidad en los años 1940 y 1941 y un menor traslado y capacidad asesina a partir de 1942. Así, de las 41 personas deportadas en la primera etapa, fueron asesinados 29, lo que representa el 70 %. En 1940 perdieron la vida al menos 14.000 prisioneros, de los cuales 3.846 fueron asesinados en Mauthausen (alrededor del 30% de su población reclusa), lo cual dejó a este centro de aniquilación como el más letal de la época. Las causas principales serían el hambre y las múltiples enfermedades que aparecían, en buena medida, por la carencia de defensas físicas. Aun así, no se puede eludir la violencia de las SS y las ejecuciones multitudinarias en un momento en el que empezaba a proliferar la llegada de nuevos convoyes. Por su parte, en la segunda parte, sólo son trasladados cinco habitantes de esta zona, siendo liberados tres de ellos. La mortalidad se sitúa en el 40%.

Heinrich Himmler dictó en la segunda parte de 1942 que la mortalidad en los campos debía de disminuir para poder utilizar a los prisioneros en el fortalecimiento militar del ejército bávaro. No restó esto intensidad, claro está, al sistema de dominación cimentado en el terror y la violencia sobre los reclusos considerados parias sociales. El régimen nazi consideraba entonces que la producción armamentista conseguida en los campos de concentración era clave en la guerra contra los Aliados, lo que mantuvo un nivel de explotación laboral brutal.

Entre los primeros españoles que llegaron a Mauthausen el 6 de agosto de 1940 había una importante representación de vecinos de la Costera (sobre todo), la Canal de Navarrés y la Vall d'Albaida. Fueron diez personas de las que la mayoría fueron asesinados en el subcampo de Gusen, mientras sólo Antonio Martínez Ballester (de Xàtiva) y Joaquín Serrano Morales (de Chella) conseguirían salir con vida el 5 de mayo de 1945, acabada la Segunda Guerra Mundial. Ricardo Cháfer Daroca (también setabense) fue exterminado sólo dos semanas antes de la liberación, después de unos cinco años de cautiverio. Según explica el doctor en Historia Carles Senso, «cuando se observa la historia de las decenas de vecinos de la Canal de Navarrés, la Costera y la Vall d'Albaida que vivieron el horror de los campos de exterminio nazis se aporta un aspecto identitario que hasta ahora había sido olvidado, silenciado estratégicamente. Estas investigaciones que reducen el prisma de análisis son quizás más necesarias hoy porque ayudan a desconfigurar códigos sociales establecidos por la dictadura franquista y respetados indignamente después en el retorno de la democracia en los años setenta. Y es que en la llamada Transición, con la consolidación del nuevo sistema plural, se quiso (y se consiguió) configurar una nueva identidad colectiva en el Estado español en la cual no tenía cabida el reconocimiento a aquellos y aquellas que en los años treinta lucharon por la democracia, lo que les llevó en muchos casos, como se explica en el libro, a pisar o morir en los campos de exterminio del Tercero Reich».

Ximo Vidal se ha encargado del estudio de los vecinos de la Canal de Navarrés, Guillem Llin Llopis de los de la Vall d'Albaida, Salvador Català de los setabenses y Carles Senso del resto de la Costera, así como también de la introducción y el prólogo. En el epílogo aparecen nuevas aportaciones didácticas (como las cien preguntas y respuestas elaboradas por Llin y que son enormemente válidas para los centros educativos) o estudios hasta ahora desconocidos que reconstruyen vidas olvidadas (Sergi Moyano recupera la historia de Germán Arrúe, de Benaguasil, y Carles Senso la de Juan Bautista Barberà Solà, de Sagunt pero con ascendencia en Llombai). Además, Llin relata la vida del anarquista valenciano César Orquín, con nuevas aportaciones y la publicación, por primera vez en la historia de fotografías.

Para Senso, «éste es siempre un trabajo alentador (por reconocer a personas y familias históricamente olvidadas) pero también costoso. Sólo la unificación de los casos permite entender que no se trata de injusticias individuales descontextualizadas y por lo tanto fruto de un terror temporal y desarraigado, sino de las consecuencias de un sistema y de unos planteamientos políticos basados en el odio y cimentados en el terror. Sólo así se puede problematizar con las vidas de estos deportados para buscar las causas y combatirlas con la mirada en el presente y el futuro. La democracia no se debe cimentar en la simplificación. Esta investigación quiere trasladar a los y las lectoras a los años treinta y cuarenta, posicionarlos ante las diferentes perspectivas y opciones con las que contaban los protagonistas y mostrarles la incertidumbre de la época. Se quiere mostrar la Historia 'hacia delante' y para ello la empatía es clave. Sobra decir que no se intenta justificar ningún comportamiento sino entender las acciones para comprender la Historia».

 

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