¿Quién es José Ibáñez García?

Decano del Colegio de Ingenieros Civiles y Obras Públicas/
Decano del Colegio de Ingenieros Civiles y Obras Públicas

La crisis de la obra pública le obligó a reconvertirse, a trabajar en el extranjero, pero tenía claro que quería volver. «Soy muy familiar», dice, a punto de convertirse en padre primerizo

MARÍA JOSÉ CARCHANOValencia

José Francisco Ibáñez habla claro y ríe alto, con ganas, apasionado de la vida, con ilusión por hacer cosas aunque no guste a todos, de liderar proyectos porque lo lleva en la sangre. Piensa además que lo de ser ingeniero civil es «maravilloso, porque cambia la vida de la gente mejorar las aceras, el alcantarillado, la luminaria o las carreteras». Así que parecía algo natural llegar a decano de un colegio que, como la profesión, llevaba diez años boqueando por la crisis.

-Después de una década de la gran crisis que hundió al sector de las obras públicas, ¿cuál ha sido su experiencia?

-Como muchos otros, me he tenido que reconvertir, renovarme, buscar otras salidas. Yo trabajo ahora en el sector industrial, después de haber estado una temporada fuera de España. Todavía hoy muchos compañeros están en el extranjero, y para hablar con ellos tengo que hacer videoconferencias.

-¿Qué emociones le genera esta situación?

-Por supuesto, tristeza. Cuando yo empecé la carrera me decían que la tasa de paro era nula. Acabé y la gente se peleaba por nosotros. Ahora nos encontramos en la situación totalmente contraria. Yo he estado en Gales trabajando, instalando parques fotovoltaicos, pero creo que como experiencia profesional me ha aportado más que me ha restado. Tenemos que pensar que nuestro escenario es el mundo.

«Desde que me convertí en decano desconozco lo que es tener tiempo libre»

-¿Qué le aportó?

-Conocer otra cultura, tener que buscarme la vida, amueblar la cabeza a otras situaciones… todo eso es experiencia.

-¿Tenía claro que quería volver?

-Lo tenía clarísimo. Soy muy familiar y viví con mucha pena el hecho de tener que separarme de los míos.

-¿Añoró muchas cosas que antes no valoraba?

-Cuando estuve fuera trabajaba de lunes a domingo, en unas condiciones extremas, con barro, lluvia, frío, hielo, nieve. Y me acuerdo un día que mis amigos me mandaron vídeos de la mascletà. Creo que jamás he sentido tanta pena al estar tan lejos de las fallas. Ahí dije: «yo quiero volver, mi tiempo fuera ha terminado».

Una espina clavada

-Volvamos atrás. ¿Tenía claro que quería ser ingeniero?

-Cuando llegó el momento de matricularme en la universidad me acuerdo que tenía que apuntar diez titulaciones; las primeras nueve fueron ingenierías, la décima INEF, por aquello de hacer algo de deporte. Lo tenía clarísimo.

-¿En qué momento lo decidió?

-Estuve trabajando antes de ir a la universidad en el campo, en industrias, descargando camiones, en cadenas de montaje. Y decía: «esto no es lo mío, tengo que estudiar». Me di cuenta, además, de que no quería estar siempre en el mismo sitio. Y vi la luz en estar en una obra.

-Si hablamos del colegio, ¿cuáles fueron las razones que le llevaron hasta aquí?

-Llegó un poco de rebote. Antes de licenciarme ya estaba colegiado, porque la gente se apunta a una falla para pasarlo bien, pero es que estar en el colegio te puede ayudar profesionalmente. Teníamos una junta gestora, había gente que quería formar equipo, pero nadie daba el paso adelante como decano. Aquel día dije: «me presento», y creo que fue un alivio para todos.

José Francisco Ibáñez García lleva menos de un año en el cargo.
José Francisco Ibáñez García lleva menos de un año en el cargo. / Irene Marsilla

-¿Qué es lo que más y lo que menos le ha gustado?

-Lo que menos me gusta es que desconozco lo que es tener tiempo libre. Lo que más, las oportunidades que me da de conocer a otras personas, y de estar en el sitio donde ocurren cosas. La parte más activa del cargo es la de pelear por mejorar la situación de los ingenieros.

-Si algún joven que está a punto de comenzar la universidad le pidiera consejo sobre si debe estudiar ingeniería, ¿qué le diría?

-Lo apoyaría, porque es una profesión muy bonita. Cada día va cambiando, formas parte de un equipo de trabajo, solucionas los problemas que van surgiendo…

-¿Esa forma de trabajar la lleva a su vida personal?

-Si le pregunta a mi mujer seguramente le dirá que sí, que siempre intento solucionarlo todo.

-¿Tiene hijos?

-Estamos muy contentos porque esperamos una hija. Aunque haya veces que te preguntas: «¿Dónde me he metido?».

-Mientras espera ese momento que le quitará el poco tiempo libre que le deja el Colegio, ¿qué le gusta hacer fuera de aquí?

-Estoy aprendiendo a tocar la guitarra, a mediodía intento ir al gimnasio, y, además, le dedico tiempo a mi familia y a mis amigos. Y si puedo, me gusta mucho viajar.

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