¿Quién es Patricio García-Fayos?

Patricio García-Fayos, en las instalaciones del centro que dirige./Damián Torres
Patricio García-Fayos, en las instalaciones del centro que dirige. / Damián Torres

El director del Centro de Investigación sobre Desertificación pertenece a la generación que veía cada semana los programas de Félix Rodríguez de la Fuente pero un mal profesor le decantó hacia la Botánica

MARÍA JOSÉ CARCHANO

En el despacho de Patricio García-Fayos hay una pequeña pintura, obra de su mujer, que parece, de lejos, la fotografía de un paisaje desértico. La creó expresamente para él, le gustan mucho estos lugares áridos al botánico -«de noche hay un silencio que impresiona»- aunque no vea con tan buenos ojos que la Sierra Calderona en la que se crió sea cada vez más seca. Aunque ya tenga asumido que no hay vuelta atrás.

-¿Cómo ha llegado a ocupar este despacho?

-Voluntariamente, sí. Es mi segundo periodo como director, la primera vez entré el año 2006 hasta 2013, en aquella ocasión en funciones. Pero desde entonces vi que el centro no llevaba la dirección que a mí me parecía correcta y era un reto, por ejemplo, hacer lo posible para que esos investigadores jóvenes que llegan quieran quedarse y no se marchen a otros centros.

-Usted es botánico.

-A mí siempre me gustaron los animales; es más, soy de la generación que vivió de cerca los programas de Félix Rodríguez de la Fuente. Por otro lado, mis abuelos tenían una casa en la Sierra Calderona y siempre estuve cerca de la naturaleza. Quise hacer Biológicas por ese motivo pero hubo un momento, durante la carrera, en la que formé parte de un grupo que se enfrentó al decano entonces, que impartía Zoología, y que, además, nunca consideré buen profesor. Recuerdo que pensé: «los pájaros viven sobre las plantas, así que voy a dedicarme a ellas». Y eso que había suspendido varias veces la Botánica.

«Se me da bien desconectar del trabajo», reconoce García-Fayos.
«Se me da bien desconectar del trabajo», reconoce García-Fayos. / Damián Torres

-¿Se ha arrepentido de aquella decisión?

-Qué va, en absoluto, sigo observando pájaros. Es más, luego di otra vuelta de tuerca porque mi tesis no era ni sobre botánica ni sobre zoología, sino que estaba centrada en la edafología, es decir, el estudio de los suelos.

-A veces lo que nos gusta de niños no llega a desarrollarse en la etapa adulta. Parece que en su caso el camino ya estuviera marcado para que solo le quedara transitarlo.

-Mi mujer me lo comenta a veces, que a mí no me ha costado nada tomar decisiones. Siempre he hecho lo que me ha gustado, incluso la dirección, que aunque no es vocacional, tuve claro que debía aportar mi parte de responsabilidad. Y sigo saliendo al campo igualmente.

-Esto es un centro que se encarga del estudio de la desertificación. ¿Tiene la sensación de ser testigo presencial, aquí mismo, de ese proceso?

-Sí. Ya hay cambios, por ejemplo, en la Sierra Calderona que yo conocía de niño.

Una espina clavada

Retomar la guitarra

Patricio García-Fayos dejó un día la guitarra abandonada, y «ahora no sabría volver a tocarla». Hay un joven investigador en el centro que dirige que la toca muy bien, lo cual «demuestra que se puede ser muy buen científico y también buen músico, no es excluyente». Le queda además visitar algunos desiertos, porque le parecen lugares fascinantes. «Hay un silencio sobrecogedor».

-¿Le provoca tristeza?

-Ver que un lugar donde he jugado, he ido de excursión, he paseado, cambia, se transforma, personalmente me da mucha rabia. Pero el cambio climático es bastante inevitable, vamos a pasar periodos muy duros aquí, así que si los asumes desde el abatimiento, vas mal. Preparémonos porque no por mucho llorar vamos a evitar que haya más incendios. No es bonito perder un paisaje que has conocido y que se transforme en un desierto, me da rabia perder los naranjos, por ejemplo, pero si hay que cambiarlos por almendros asumámoslo.

-¿Usted es coherente con el discurso ambiental?

-Para mí lo importante es la capacidad que tenemos de dar ejemplo. Desde hace años vivo en un chalé, era mi ilusión, tenemos placas solares, estamos pendientes de no gastar, pero también nos obliga a tener dos coches, y no me gusta.

-Tiene hijos, ¿ha calado su discurso en ellos?

-Es verdad que durante la adolescencia los padres no pintamos mucho, pero después de hacerse más mayores y haber dado los dos sus vueltas por el mundo ahora tienen una manera de vivir muy parecida a la nuestra. Ellos me llaman 'mister natural'.

El director se considera «una persona bastante positiva».
El director se considera «una persona bastante positiva». / Damián Torres

-Ha demostrado que es positivo, por ejemplo, en aceptar lo que tenemos. ¿También lo aplica a su vida?

-Los amigos dicen de mí que tengo mucha fuerza de voluntad. También me considero una persona bastante positiva, es cierto, y creo que ahora tengo más mano izquierda. Quizás sea por la edad.

-¿Qué le gusta hacer cuando sale del despacho?

-Me gusta leer o escuchar música, pero además, con mi mujer o con amigos me encanta pasear, ir de excusión, a conciertos o al cine. Y viajar. Se me da bien desconectar del trabajo aunque a veces me quede con el 'runrun'.

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