¿Quién es Irene Moscardó?

Irene Moscardó, junto a uno de sus adorados grafitis./Damián Torres
Irene Moscardó, junto a uno de sus adorados grafitis. / Damián Torres

La presidenta de la Asociación de Jóvenes Franquiciadores rompe tópicos y espolea a quienes se quejan de que no tienen tiempo para nada

MARIA JOSÉ CARCHANOValencia

Irene Moscardó preside una asociación, la de jóvenes franquiciadores, que tiene su sede en la Confederación Empresarial Valenciana, un lugar que tradicionalmente se ha asociado a los trajes y las corbatas. Pero esta mujer dista mucho de esa imagen. Hoy lleva vestido, por las fotografías, pero habitualmente usa ropa más cómoda para poder moverse en bicicleta por Valencia. «Tu aspecto habla de ti», resume. Así que poco tiene que ver esta consultora de profesión, especializada en los pequeños comercios y las franquicias, «con los señores que marcan distancias tras una mesa de despacho».

-¿Qué le movió a crear la asociación?

-A mí me satisface mi propia curiosidad y mi sed de conocimiento. Me aporta mucho porque conozco a gente muy diversa, me fascina el tema de la innovación, y siempre que encuentro algo novedoso e interesante es porque he conocido a alguien. Ya lo dice mi madre y mi sobrina: «Vamos a salir a la calle a que nos pasen cosas». Y yo participo mucho de esa idea. Compartir siempre está muy bien y, además, tengo un trabajo muy solitario y necesito momentos de socializar.

Moscardó fue becaria en una franquicia de agencias de viaje valenciana.
Moscardó fue becaria en una franquicia de agencias de viaje valenciana. / Damián Torres

-¿En qué momento decidió tomar el camino de la consultoría?

-No lo sé en realidad, porque yo estudié Derecho y ya entonces fui becaria en una franquicia de agencias de viaje valenciana, que ya no existe. Luego trabajé en la empresa familiar, también en grandes firmas de comercio y distribución, y ahí aprendí muchísimo, hasta que acabé creando mi propio proyecto.

-El hecho de querer que a uno le pasen muchas cosas suele venir de un alma inquieta, incluso de niña. ¿Es ese su caso?

-Ahora que lo dice, puede que sí. No sé de cuántos colores me teñí el pelo entre los catorce y los dieciocho años. No lo he vuelto a hacer más, afortunadamente no tengo canas. Y eso que siempre me ha parecido muy importante la formación reglada. Yo es que he tenido referentes en casa; mi madre era asistenta social, estudió Psicología y ahora, cuando ya está jubilada, va por su tercera carrera, ha escrito libros de divulgación y su primera novela. Me he convertido en su representante (ríe).

Una espina clavada

Las imágenes de una crisis

La crisis que empezamos a sufrir en 2008 evoca en ella imágenes muy tristes, momentos malos y también oportunidades. «Vivía cerca del Mercado Central y empecé a ver a personas mayores rebuscando comida en los contenedores. Me marcó». Profesionalmente hubo periodos complicados: «Un mes apenas facturé 300 euros. Pero nos sentamos a reenfocar nuestro negocio y salimos reforzados».

-Es que Derecho no parece una carrera donde se vean muchos pelos de colores.

-No había muchos, no. Pero mira, cuando fundamos la consultoría, lo que no queríamos ser era unos tíos trajeados, esos consultores formales y distantes con el cliente, y lo enfocamos desde otro punto de vista. Es como la ropa que llevamos a las reuniones. A mí hay cosas que ya creo que atentan contra la ecología, como el hecho de ir con chaqueta y corbata en verano. Me parece una barbaridad.

-Pero hay sectores, como el de la consultoría, donde se ve a muchos hombres vestidos de ese modo.

-En mi carrera lo he percibido muchas veces, pero tener una empresa y depender en cierta forma de ti te da libertad. Y saber que quieres hacer las cosas así. Yo me acuerdo de cuando tenía que aparcar la bici lejos del cliente para que no me viera. En realidad sólo lo hice dos o tres veces porque me pareció que era una tontería, que si nos contrataba era porque le gustaban nuestras formas de trabajo. Ahora te invitan a dejar la bici dentro. Las cosas cambian.

A Irene le encanta salir a correr temprano y fotografiar grafitis.
A Irene le encanta salir a correr temprano y fotografiar grafitis. / Damián Torres

-¿Qué le gusta hacer cuando no está trabajando?

-Me gusta mucho salir a correr temprano y me encanta fotografiar grafitis, lo cual se convierte a veces en una excusa para coger aire. Además, las comparto con mis amigos. Adoro nadar en el mar, mi familia paterna es de la Safor y allí hay unas playas preciosas, y considero que lo peor que hay en este mundo son las medusas (ríe). Sólo salir de la ciudad ya me ayuda a trasladarme a otro mundo. Me gusta oír música y tratar de cantar las canciones en inglés, y lo que más me ayuda a desconectar es ir a una reunión con la bicicleta, porque recuerdo que cuando íbamos todos en el coche usábamos el manos libres, aprovechando hasta el último minuto. Ahora salgo por la puerta, me subo a la bici y a partir de ahí me olvido de todo.

-Es autónoma, practica mucho deporte, está implicada en muchas entidades, como AECTA, o la Cámara de Comercio. ¿Hay tiempo para todo?

-Es cierto que no tengo hijos, y eso me permite disponer de más tiempo, pero es que a veces, cuando las personas me preguntan de dónde saco las horas, les respondo que dejen de ver vídeos de gatitos.

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