El PSOE exige que le dejen gobernar Andalucía si es el partido más votado

Los cuatro candidatos del debate. /Efe
Los cuatro candidatos del debate. / Efe

El primer debate electoral mostró a una Susana Díez atacada por todos y a PP y Ciudadanos disputándose el liderazgo de la derecha nacional

CECILIA CUERDOSevilla

El primer debate entre los cuatro candidatos a las elecciones andaluzas del 2 de diciembre confirmó la estrategia con la que el PSOE afronta el reto de las urnas. Los socialistas llevan semanas repitiendo por donde quiera que van que esta campaña es «todos contra el PSOE» y que sus adversarios no tienen más proyecto que el bloqueo y no dejarles gobernar pese a perfilarse, como se vaticina, como la fuerza más votada. PP y Cs, por su parte, dejaron claro que la suya es una pelea nacional por asentarse como la fuerza hegemónica de la derecha y se cruzaron los reproches más duros.

Fue un debate inédito, por cuanto por vez primera los candidatos de PSOE y PP, Díaz y Juan Manuel Moreno Bonilla, se enfrentaron a los líderes de Cs, Juan Marín, y Adelante Andalucía, Teresa Rodríguez, que no entraron en la cámara hasta 2015. El choque de propuestas en torno a la economía, servicios públicos, corrupción y modelo territorial dejó claro que Díaz tendrá difícil encontrar el aliado que, según los sondeos, le será necesario para formar gobierno.

Las últimas encuestas apuntan a una situación idéntica a la de 2015: el PSOE como fuerza más votada, pero lejos de la mayoría absoluta y sin un aliado claro; la imposibilidad de las fuerzas a su derecha de alcanzar una mayoría parlamentaria; y la pelea de PP, Cs y Adelante Andalucía por la segunda posición. No hay formula de gobierno que no pase por los socialistas. Y a eso se aferró Díaz al reprochar el previsible «bloqueo» a su investidura entre las críticas constantes a cuatro décadas de gobierno socialista.

El PP se volcó en subrayar la corresponsabilidad de Marín en la investidura de Díaz y Cs aseguró que han logrado más del PSOE en tres años que los conservadores en 37 años de oposición. Una trayectoria que resumió con un folio con la palabra «nada», uno de los escasos momentos de tensión en un debate de perfil bajo en el que la moderadora tuvo que agradecer la moderación e incluso animar a los candidatos a responderse. Como era previsible, el bloque de la corrupción fue el más incómodo, cuando salieron a relucir los Ere, las tarjetas públicas usadas en prostíbulos o la Gürtel. «La comunidad con más corrupción de España», lamentó Moreno; «la historia interminable del PSOE», argumento Marín, a quien Rodríguez le reprochó que la hubiera blanqueado apoyando a Díaz y rechazando propuestas parlamentarias para ponerle freno. La socialista dijo no querer entrar «en el fango» y se limitó a recordar que su gobierno no ha tenido una mácula, y solo se enzarzó con Rodríguez a cuenta de las dietas de los diputados que la presidenta dijo no cobrar.

PP y Cs vivieron su propio debate dentro del debate, con reproches que, según se pudo ver, Díaz seguía como si fuera un partido de tenis, mientras la líder de Podemos perdió su garra parlamentaria y apareció completamente desdibujada. Cómoda en su papel de gobierno, Díaz se centró en presentar Andalucía como la aldea gala que resistió a los recortes del PP durante la crisis, mientras el resto de formaciones se dedicaron a un análisis crítico desmontando esa «arcadia feliz», mostrando por ejemplo citas médicas de un año de espera para determinadas especialidades. En ese escenario, el PP se presentó como la única posibilidad real de cambio, instando a Cs a no volver a apoyar a Díaz. Una alternativa que reclama para sí la formación naranja, cuyas expectativas de crecimiento son las mayores de estas elecciones, a costa de votos tanto del PSOE como del PP.

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