El Botánico exhibe su mayoría en Les Corts y Vox se hace notar

Puig, Oltra y Dalmau, ayer en Les Corts. / txema rodríguez
Puig, Oltra y Dalmau, ayer en Les Corts. / txema rodríguez

La legislatura se inicia en el Parlamento valenciano con la soledad de Oltra, el PP en un perfil bajo y Cantó reclamando el liderazgo de una oposición fragmentada

BURGUERA

valencia. La constitución de Les Corts en el inicio de la X Legislatura no se ha desprendido de la realidad política valenciana partida en dos bloques. Si las elecciones autonómicas se vivieron como el enfrentamiento entre tres partidos a la izquierda y otros tres a la derecha, ayer en la Cámara se repitió esa simetría ideológica y casi aritmética: PSPV, Compromís y Podemos suman 52 diputados, y PP, Cs y Vox ocupan 47 escaños. La fragmentación de la derecha que tanto critica el PP se volvió a escenificar ayer, con los populares en perfil bajo, Cantó intentando erigirse en líder de la oposición y Vox dejando huella como novedad, en todos los sentidos. A la izquierda de la Cámara quedó evidenciado que el poder es un pegamento magnífico. Aunque hay diferencias y negociaciones pendientes, el amor (a todo tipo de cosas, unas más elevadas y otras más terrenales) estaba en el aire que se respiraba en Les Corts. Gestos de complicidad entre Puig y Oltra, saludos al podemista Rubén Martínez Dalmau, y todo eso sin descontar las cuentas pendientes de Morera con los suyos (con una facción de Compromís) y de ciertos momentos de soledad de Oltra, que ella no se preocupó de suavizar tras capitalizar la voz de Compromís en las negociaciones del nuevo Consell y poner orden en su grupo para que la presidencia de Les Corts recayese en Morera.

A pesar del debate interno generado por la ideoneidad de que Morera volviera a presidir la Cámara, a pesar del malestar manifestado en el propio grupo de Compromís durante la reunión del miércoles, a pesar de todo eso, los nacionalistas dieron un apoyo compacto a Morera, que recibió ayer 52 votos a su favor para presidir la Cámara. Esa mayoría se reflejó en todas las votaciones, sin fisuras, para elegir a los miembros de la Mesa de Les Corts. La candidatura del presidente del Bloc contó con un rival inesperado, José María Llanos, el presidente del grupo parlamentario de Vox, partido nuevo en Les Corts, donde sus miembros juraron el cargo «por Dios y por España» y ofrecieron una alternativa a Morera que nadie secundó y expresaron posteriormente su malestar por el discurso de Vicent Soler como presidente de la Mesa de Edad. El conseller de Hacienda realizó una intervención que arrancó con un relato de sus años de militancia en los tiempos de la dictadura, cuando fue detenido junto a Ernest Lluch por la brigada político social a causa de su militancia de izquierdas.

La portavoz de Vox, Ana Vega, «lamentó» la «mirada al pasado» de Soler. Vega, en sus primeras declaraciones en los pasillos de Les Corts como síndica, aseguró que Vox quiere «mirar al futuro» para «trabajar» y para cumplir sus objetivos que «no son otros que trabajar para eliminar los chiringuitos lingüísticos e ideológicos y eliminar la corrupción que está instaurada en las raíces de nuestras instituciones». Los voxistas criticaron la alusión al feminismo de Podemos para «separar a hombres y mujeres» o por «cuestiones por los països valencians para volver a dividir a los españoles entre comunidades autónomas, en las que nosotros evidentemente no creemos porque generan muchas desigualdades». Previamente, el secretario general de Vox, Javier Ortega Smith, que acudió como invitado de su grupo a la Cámara, afirmó que los «diez valientes» diputados de su formación defenderán «a tantos valencianos y, por tanto españoles, en esa barrera contra el separatismo independentista y anexionista del pancatalanimo, de los quieren los llamados països catalanes en la Comunidad Valenciana».

Soler reclama a los diputados trabajar por una «identidad propia» de los valencianos

El discurso de Soler, al igual que el de Morera, defendió a ultranza el Estado de las Autonomías. En el caso del conseller, instó a sus compañeros a «continuar construyendo una identidad propia, cultural, lingüística, social y económica de nuestro pueblo valenciano, que siga su ejemplo de convivencia para el presente y para el futuro en el marco de los pueblos de España y de Europa». El tono identitario de algunos pasajes de las palabras de Soler generaron un gesto de sorpresa en el PP, que ayer no mostró su habitual unidad de acción. El discurso del conseller recibió algún tímido aplauso de los populares, que aumentaron cuando las votaciones permitieron a Morera repetir como presidente. Esa descoordinación del PP denota que aún están en proceso de afinación tras los resultados del 28-A. El perfil bajo del PP contrastó con las evidentes ganas de Cantó de mostrarse como líder de la oposición, a pesar de contar con menos diputados que el grupo de Isabel Bonig, que ayer no quiso salirse del guion de una jornada muy institucional.

Cantó aprovechó el momento en que Puig y Oltra recibían la atención mediática a su llegada al hemiciclo para ir a saludarles. La necesidad de no descuidar la cohesión interna, con una diferencia de cinco diputados entre el bloque de izquierdas y de derechas, se demostró en las distintas fórmulas para asumir el cargo de diputados autonómicos. Hasta diez variantes se llegaron contabilizar, de muy diverso corte, desde los juramentos con la Biblia en la mano hasta las promesas «por imperativo legal», pasando por el uso de la lengua de signos por parte de la podemista Pilar Lima. Con tal diversidad, especialmente entre los parlamentarios de izquierdas, la necesidad de no descuidar la atención al voto es más que oportuna.

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