La caída de Carlos V de Castellón

Hijo, nieto, bisnieto y tataranieto de políticos, su trayectoria ha acabado en la cárcel. El expresidente de la Diputación es famoso por su aeropuerto sin aviones y sus cinco premios de lotería

ARTURO CHECAValencia

Andrea Fabra llegó aquel día a casa muy apurada. El semblante serio de su padre, la impenetrabilidad de las gafas oscuras que le acompañan desde joven (perdió un ojo al clavarle su hermano unas tijeras mientras jugaban), la imposibilidad de ver qué dice su mirada, imponía mucho a sus amigos. Juanjo, su novio, acudía descompuesto. Tocaba presentación ante los 'suegros'. El chaval tragó saliva cuando vio aparecer al cabeza de familia. Saludos de rigor. Abrazos familiares. Y 'don Carlos' que se arranca con una pregunta:

- Bueno, ¿y qué me vas a dar de dote por casarte con mi hija?

Juanjo se quedó blanco. Se trastabilló con su respuesta. Pero estuvo hábil:

- Ehhh... Trabajo en el Ministerio de Turismo... Y vamos a construir un parador en Morella...

Y el 'suegro' rió su broma. Aunque, años después, Andrea y Juanjo Güemes (exsecretario general de Turismo y exconsejero de Sanidad de Madrid) siguen siendo marido y mujer... y el parador de Morella, solo una promesa. La anécdota retrata a Carlos Fabra (Castellón, 1946), don Carlos en el círculo oficial, 'Charly' para los amigos. Amigo del clientelismo para sus detractores, «extremadamente generoso, desprendido y buena persona» para sus incondicionales, como confiesa un ex alto cargo del PP considerado su 'hijo político'. Y añade: «La discreción no es lo suyo. Es excesivo en todo. En lo bueno y en lo malo». Pero la discreción no ha evitado que acabe en prisión. Los delitos fiscales le han llevado a vivir entre barrotes en Aranjuez.

«Fabra lleva más de un siglo mandando en Castellón. Y el 'agüelo Pantorrilles' ya era muy guerrero». Es un dicho que circula entre los castellonenses. Como otro chascarrillo de aceras y barras de bar: «Fabra puede ganar la quiniela... sin rellenarla». ¿Exagerados? Quizás ninguno demasiado. Le ha tocado cinco veces la lotería (y otra la quiniela); los Fabra llevan más de un siglo 'mandando' en Castellón; y el 'agüelo Pantorrilles', ciertamente, era ya muy guerrero. No era otro que Victorino Fabra Gil, el mismo que en pleno siglo XIX se alistó en las filas de Isabel II contra los Carlistas, fue uno de los más vigorosos defensores de la ciudad de Lucena del Cid y llegó a presidente de la Diputación de Castellón.

El 'agüelo Pantorrilles' era el tío tatarabuelo de Carlos Fabra. Luego vinieron su bisabuelo, su abuelo y su padre. Todos presidentes de la Diputación. El linaje político que heredó el quinto mandatario de la saga familiar. Carlos V de Castellón, presidente del PP provincial y expresidente de la Diputación. Pero el 'guerrero' Carlos Fabra se topó con un enemigo difícil de batir en 2010. Una grave afección hepática le llevó al quirófano para un trasplante de hígado. Después de 16 años al frente, el año pasado dejó el cargo. Aunque en las últimas elecciones volvió a sudar en la campaña: el PP ganó en 99 de los 135 pueblos de la provincia.

Aunque no todo lo que hay detrás de su 'retirada' son motivos de salud. Don Carlos se tuvo que sentar este año en el banquillo por un rosario judicial que ha pasado por nueve jueces y que se ha prolongado ocho años. «Eso en sí ya es una condena y una injusticia», dice el ex alto cargo del PP. Ha sido acusado y condenado por ocultar 1,5 millones a Hacienda en las declaraciones de 2000 a 2003, así como de tráfico de influencias con los Ministerios de Sanidad y Agricultura para lograr permisos para la empresa fitosanitaria de un matrimonio amigo: Vicente Vilar y Montserrat Vives. El primero cumple condena en prisión por violar a su hoy ya exmujer. Un oscuro círculo de supuesta corrupción, política y sexo...

Pero 'don Carlos' casi ha cobrado más fama en el panorama nacional por cuestiones alejadas de la justicia y la política. Primero por su aún virgen aeropuerto de Castellón, sin pasajeros ni aviones y solo 'inaugurado' por 'El Follonero'. Allí, hoy todavía en medio de la nada, lo que más destaca es la escultura de 24 metros levantada por Juan Ripollés, un rostro coronado por un avión que el mismo artista dedicó a 'don Carlos'. Un «delirio megalómano» de 300.000 euros para sus enemigos. Pero a Fabra siempre le han resbalado las críticas: «Son paparruchadas y bufonadas», se defiende.

Ironías del destino, a Fabra le aterra volar. Nunca se ha subido a un avión. Su claustrofobia le impide entrar incluso en ascensores demasiado estrechos. Acude a cualquier compromiso político en coche. No le importan los kilómetros. Si hay que ir al volante hasta la Feria de Sevilla, donde paga cada año una caseta con otros empresarios de Castellón, pues se va. Los toros, otra de sus pasiones, hace el resto. Hasta en Bolonia se plantó en coche para un certamen de cerámica. Ni siquiera otro Carlos, piloto aéreo y uno de sus cuatro hijos, ha logrado vencer la fobia de su padre.

'El Follonero' tampoco dejó pasar en su visita a Fabra el otro detalle que lo ha elevado a los 'altares' de la fama popular. Su pasión lotera. Jordi Évole trató de hacerle llegar un décimo, de esos que a 'Charly' le han supuesto ya hasta cinco premios gordos en Navidad. El Niño le dejó dos millones de euros en 2008. Y solo entre 2000 y 2004 cobró de Loterías y Apuestas del Estado la friolera de 268.000 euros. Pero lo suyo no es flor de un día. Con 22 añitos ya se llevó un pellizco con una quiniela. Nadie recuerda cuánto, pero en 1968 se compró un Mini. El coche le vino de lujo para moverse durante sus estudios de Derecho, a medias entre Valencia y Granada.

'Amigo' del 15-M

¿Su secreto para ganar? Jugar muchísimo. «No sé decirte, pero cantidades para mí inalcanzables», dice el mismo ex alto cargo del PP. Un ejemplo: en Segorbe, un periodista fue testigo de cómo Fabra dejaba sin décimos a una lotera ambulante durante la tradicional Entrada de Toros y Caballos: «Sacó 400 euros y le compró toda».

El 'Charly' más cercano es «el perfecto anfitrión», dicen los suyos. Adora la buena mesa. Si es regada con Don Perignon o Moët&Chandon, mejor. Si la noche se prolonga, whisky con cola. Muchas madrugadas de juventud (y no de tan joven) las ha pasado en la discoteca Pirata, en el puerto de Castellón y bajo el Hotel del Golf, otra de sus grandes pasiones (no se aleja del handicap 1 y desde 1987 preside el Club de Golf del Mediterráneo en Borriol). Y si la noche se prolonga aún más, pues de su boca pueden empezar a salir compases como «ciao, ciao, bambina... un bacio ancora... e poi per sempre ti perderó...». Adora la canción italiana romántica de autores de los 70 como Nicola di Bari o Domenico Modugno. Y en la intimidad, se arranca a cantar. O eso, o te suelta un chiste. Los cuenta de manera genial. Que se lo digan a Ana Botella, con la que compartía mesa y risotadas durante las estancias vacacionales de los Aznar en Oropesa.

El 'Charly' más familiar se desvive por sus hijos. Carlos, el piloto; Andrea, la de la 'dote' y diputada en el Congreso; Claudia, dueña de Calzados Fabra en la calle Serrano de Madrid y asociada con Laura Ponte para crear un línea de ropa; y Borja, de 32 años, licenciado en Marketing, que habla italiano, inglés y alemán... y en paro. Por ellos, Fabra hasta comulga con el 15-M. «Borja me dice: 'Papá, lo que piensan ellos lo pienso yo'». Y Fabra confesó entender las reclamaciones de los indignados.

El amor con su mujer, Desamparados Fernández, se le rompió hace un par de años. Separado, encontró el cariño cerca. En su jefa de prensa, Esther Pallardó, 30 años más joven y hoy ya vicepresidenta de la Diputación. 'La presidenta', la llaman muchos por su influencia sobre él. Sus hijos no la tragan, y si está en casa, ellos se ausentan. Aunque a 'Charly' le basta con sus joyas. Sus cuatro nietos, los mismos a los que 'don Carlos' dijo embelesado, con su desierta pista de aterrizaje como telón de fondo: «¿Os gusta el aeropuerto del abuelo?».

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