Transilvania, mitos, leyendas e historia en la tierra del conde Drácula

Bran. /
Bran.

Esta misteriosa comarca del centro de Rumanía mezcla ciudades y pueblos medievales con castillos de película en un entorno natural rico y variado

ÁLVARO ROMERO

La comarca rumana de Transilvania está considerada como una de las zonas más bellas de Europa, famosa por Drácula, la novela del escritor irlandés Bram Stoker, llevada posteriormente al cine. Ocupa el centro del país escoltada por la cordillera de los Cárpatos, escarpados montes que perfilan un paisaje donde también aparecen valles profundos y espesos bosques. Todo ello contribuye a completar un entorno natural único bajo la atmósfera del misterio, labrado a través de una historia oscura repleta de mitos y leyendas.

Al interés paisajístico y cultural se une también el histórico. Por la región pasaron, se asentaron y dejaron huella pueblos como romanos, eslavos, mongoles, sajones, tártaros y hunos, la herencia que dejaron se mantiene aún a día de hoy. Sin embargo, sería más adelante, durante la Edad Media cuando la comarca experimentaría un desarrollo vertiginoso, sus ciudades más importantes empezarían a tomar la forma que tienen a día de hoy.

Sibiu.
Sibiu.

Núcleos urbanos

Diferentes ciudades y pueblos salpican la región aportándole vida y belleza, pues los núcleos urbanos se presentan como importantes centros turísticos donde destaca la fabulosa arquitectura de estilo medieval, conservada de manera excelente.

Cluj- Napoca se consolida como la capital de Transilvania, una hermosa ciudad que sirve de anticipo para lo que viene después, una vez el viajero se adentre de lleno en la región. Callejuelas medievales entre las que aparecen iglesias como las de San Miguel o la Santísima Trinidad, la catedral de Nuestra Señora de la Asunción o la sinagoga de Cluj.

No menos bella es Brasov, considerada como una de las urbes más importantes de Transilvania y de las más demandadas del país. Su centro histórico es una verdadera joya, de pequeño tamaño pero de gran valor histórico. Escoltadas por una antigua muralla discurren las calles mostrando edificios barrocos. La plaza Sfatului destaca como centro neurálgico, allí se ubica el Ayuntamiento, entre suelos de piedra y colorida arquitectura.

A pocos metros se levanta la Iglesia Negra, su edificio religioso más destacado. La visita se puede completar contemplando alguna de sus sinagogas, el estrecho y curioso callejón de Sforri o cualquiera de sus museos. Gran cantidad de cafés, bares y restaurantes contribuyen a formar el ambiente bohemio y animado que allí se respira.

No menos bella se presenta la ciudad de Sibiu, al oeste de Brasov. De herencia sajona y aspecto alemán ha pasado de ser un histórico foco comercial, económico y cultural a un importante referente turístico. Su singular casco histórico le valió para ser considerada una de las urbes más bonitas del país. Callejuelas de piedra con aspecto medieval forman un recorrido mágico entre pintorescos rincones, escalinatas y plazoletas convertidas en lugar de reunión por los vecinos. La más destacada, la Plaza Grande.

Allí, se levantan algunos de los edificios más importantes de Sibiu, la iglesia Biserica Romana, la torre del Ayuntamiento o alguno de sus palacios, antiguas propiedades de adinerados comerciantes. No faltan tiendas, cafés y restaurantes entre casas de colores. Todavía se conservan algunos tramos de la vieja muralla y el bonito Puente de las Mentiras.

Sighisoara no puede faltar en toda buena ruta por Transilvania, muestra la cara más coqueta de la comarca, una pequeña ciudad fortificada de aspecto medieval cuya belleza fue reconocida y protegida por la UNESCO bajo la denominación de Patrimonio de la Humanidad. El gran icono de la localidad es la Torre del Reloj, levantada en el siglo XIV se puede divisar desde casi todos los puntos gracias a sus casi 65 metros de altura, actualmente alberga el Museo de Historia.

Está considerada como la ciudad natal de Vlad Tepes, figura que inspiró a Bram Stoker para crear a Drácula, su mítico personaje. De hecho, se puede visitar allí su casa natal. Un halo de misterio rodea la urbe, el viajero puede adentrase en él visitando el Museo de las Armas, donde se guardan armas medievales e instrumentos de tortura. Diferentes iglesias, tanto católicas como protestantes y colorida arquitectura tradicional de carácter civil adornan plazoletas, calles y rincones.

Todo ello sin pasar por alto la magnífica ciudadela con forma de estrella de Alba Iulia, o las amuralladas localidades de Bazna y Biertan, repletas de enormes torres, poderosos bastiones y oscuros pasadizos. Esta última, la de Biertan, declarada Patrimonio de la Humanidad, fascina por su triple cinturón de murallas conservadas de manera excelente.

En los pueblos y aldeas la vida transcurre tranquila conservando aún, a día de hoy, tradiciones centenarias. La gente todavía se gana la vida como pastores, tejedores, herreros y carpinteros, ocupaciones con solera. El noroeste de Sibiu sirve de hogar a más de 18 pueblos tradicionales que enseñan con orgullo el humilde día a día de sus vecinos.

Brasov.
Brasov.

Tierra de castillos y fortalezas

Transilvania es tierra de castillos, construcciones históricas que son verdaderos atractivos turísticos. Cada año acuden hasta esas tierras miles de visitantes desde todas las partes del planeta con el objetivo de descubrir estos tesoros y seguir la huella del conde Drácula.

El de Bran, fechado en 1377, es el mejor de los ejemplos, cerca de Brasov se levanta imponente una estructura gótica de cuento de hadas, asociada a Vlad Tepes «el Empalador», la inspiración de Drácula. La leyenda se respira en el ambiente y sus vecinos viven muy vinculados a ella. Esta fortaleza, que vigila el horizonte desde la altura, sobre una colina, puede presumir de ser la más visitada de Transilvania.

A la sombra del castillo de Drácula, pero no por ello de menor belleza aparecen el de Corvinilor, de estilo gótico y fechado en el siglo XIV; el de Peles, de semblante señorial tanto por dentro como por fuera; y el de Pelisor, muy cerca del anterior.

Destaca también la ciudadela de Rasnov, construida en la década de 1300 por los caballeros teutónicos para defender a Transilvania contra los ataques tártaros y turcos. Para protegerse, nacieron también las iglesias fortificadas de Calnic, Biertan, Harman o Darjiu, entre otras. Todas ellas de origen sajón y designadas por la UNESCO como sitios del Patrimonio Mundial.