Carlos Reyero, nuevo director del San Pío V de Valencia: «El control político ha primado frente a las decisiones artísticas en el museo»

Carlos Reyero, nacido en Santander, es el nuevo director del Museo de Bellas Artes para los próximos cinco años. /JESÚS SIGNES
Carlos Reyero, nacido en Santander, es el nuevo director del Museo de Bellas Artes para los próximos cinco años. / JESÚS SIGNES

El historiador, que se define como un gestor independiente, mantendrá la muestra de Vicente López y prevé organizar otras de Emilio Sala y Gisbert

Noelia Camacho
NOELIA CAMACHOValencia

Acaba de aterrizar, pero asegura que en ningún sitio le han tratado como en Valencia. El catedrático e historiador Carlos Reyero, nuevo director del Museo de Bellas Artes de la ciudad, recibe a LAS PROVINCIAS para desgranar parte del programa que le ha alzado como vencedor en el procedimiento abierto por la Conselleria de Cultura para encontrar titular de la pinacoteca. Reyero, cauto, se considera un gestor independiente, que estará al frente de la institución durante los próximos cinco años. Pese a que nunca ha sido responsable de una entidad de estas características, pone de manifiesto su experiencia como comisario de exposiciones así como su apuesta por la investigación y el estudio del arte valenciano. Conocedor del pasado convulso del museo, asegura que durante su etapa van a prevalecer «las decisiones artísticas e intelectuales». «Quizás el control político ha estado por encima, aunque ahora ya no», asevera. Ante sí tiene el reto no sólo de sino de hacerlo mientras se espera la aplicación del plan museográfico que siente las bases de un futuro más esperanzador.

–Me pareció muy honesta su afirmación de que, en cinco años, el Museo de Bellas Artes no va a alcanzar la perfección...

–Lo que tiene que haber es un cambio visible. Lo que dije es que los museos son entidades orgánicas, no son prototipos de objetos que se acaban o terminan. Están en perpetua transformación. Siempre pienso que lo que debemos hacer es poner en marcha una maquinaria que sea atractiva y que cumpla las misiones culturales que tiene un museo. Ese es mi objetivo

–Supongo que para que esa maquinaria funcione se necesita personal, algo de lo que no va sobrado el museo. ¿Qué le han transmitido los trabajadores?

–Aún no me han nombrado, aunque he mantenido contacto con ellos. Me remito a lo que dijo la directora general, Carmen Amoraga, la semana pasada. Hay una voluntad de crear nuevas plazas. Espero que se cumpla y que el museo esté mejor dotado de personal que ahora.

–Imagino que es conocedor de las críticas suscitadas por la contratación hace unos meses de conservadores y restauradores sin titulación específica a través de una bolsa de gestión cultural...

–Hacen falta personas tituladas, tanto conservadores como restauradores pero también gestores, que a veces son tan importantes como los conservadores. Son cosas que se van a ir viendo y reconozco que no se pueden hacer de hoy para mañana.

«Estoy seguro que el Museo Sorolla está deseando establecer relaciones con Valencia»

–Llega en un momento en el que hay un plan museográfico en marcha. ¿Cómo encaja su proyecto?

–Los requisitos del proceso no pedían una explicación sobre este hecho. El plan es el resultado de una negociación entre las personas que tienen la titularidad de las obras, en este caso el Estado, y los gestores, que es la Generalitat. El director tiene muchas funciones, aplicarlo entre ellas, pero también hay matices. Una cosa son las líneas generales, que hay que cumplir, y otras que se pueden modificar. Esa es una parte de mi labor. 

–¿Cuál va a ser la primera exposición de Carlos Reyero en el Bellas Artes?

–Voy a dar continuidad a los proyectos que existen. Quiero que se haga la muestra de Vicente López. También la de Ars Pública, que aún está en ciernes. A mí me gustaría hacer exposiciones de artistas valencianos de primera fila.

–¿Me da algún nombre?

–He pensado en hacer algo sobre Gisbert, Emilio Sala, artistas menores o menos conocidos como Gómez Cros, discípulo de López. 

«Voy a dar continuidad. Pero me gustaría exponer a artistas valencianos de primera fila»

–¿Qué piezas quiere adquirir en su política de compras?

–Un museo tiene que intentar comprar o seducir a posibles donantes sobre determinadas piezas. Pero lo importante es ver la disponibilidad económica que tiene la pinacoteca. No todos podemos comprar un sorolla o un ribera. En principio, mi idea sería la de pintores valencianos poco representados en la colección. También españoles. Sobre todo de los siglos XVIII y XIX, que tienen precios asequibles.

–¿Cómo será su relación con los coleccionistas privados?

–Un museo tiene que ser muy respetuoso con ellos. Pero debe depender de su propia política de exposiciones, tiene que ser una entidad autónoma, al servicio de los ciudadanos. No sólo al servicio de unos pocos.

–¿Y con los museos valencianos y estatales?

–Con los valencianos, me encantaría que fuera fluida. Con el IVAM pero también con el Nacional de Cerámica, con el que me gustaría hacer una exposición. Con el Prado hay que tener buenísimas relaciones también porque tiene una extraordinaria colección de pintura valenciana. Pero también con otros más pequeños como el de la Academia de San Fernando o el de la Academia de Barcelona.

«Un museo tiene que ser muy respetuoso con ellos. Pero debe depender de su propia política de muestras»

–¿Y con el Museo Sorolla de Madrid?

–Por supuesto. El Museo Sorolla está deseando, estoy seguro, establecer relaciones con Valencia. Es un centro que tiene una proyección fuera de Madrid extraordinaria. Y estoy seguro que si se habla con sus responsables se pueden traer exposiciones de Sorolla.

–Llega a la dirección de un museo que no es autónomo. ¿La dependencia de la Conselleria de Cultura lastra el margen de maniobra en la gestión?

–Todo tiene su parte positiva y negativa. Me ha puesto la negativa. Pero al no ser autónomo, tengo ayuda. Uno de los requisitos que pedían para ser director de este museo era la capacidad de crear equipos de trabajo y tener trato fluido con las personas. Podían haber pedido alguien que se hiciese virrey del museo y rompiese con todo el mundo, pero no lo querían. Yo he aceptado esas reglas. Es cierto que, con mucho dinero y autonomía, se pueden hacer muchas cosas. Evidentemente hace falta presupuesto. Pero si todos colaboran...

–¿Echa en falta esa colaboración?

–Hasta ahora todo es estupendo. El trato ha sido maravilloso.

–Le insisto. ¿Estar bajo el control político dificulta la gestión diaria de un museo?

–La parte intelectual está por encima de los discursos políticos. Mi responsabilidad es de carácter científico sobre la colección, las exposiciones, el museo, la conservación y sobre ciertos aspectos de la gestión. El museo tiene una estructura de funcionamiento, con una gerente. En principio, entiendo la pregunta. Pero mi misión es la que es. Yo era funcionario antes de llegar aquí. No he pensado que pudiese haber problemas, como en el Prado por ejemplo. Los cambios políticos no han significado el relevo de los directores. En cuestiones artísticas tiene que haber un cierto consenso. No se puede poner en cuestionamiento un puesto de carácter intelectual.

«Mi idea sería la de autores valencianos con poca presencia en la colección y de los siglos XVIII y XIX»

–¿Cree que en los últimos tiempos no ha sido así en el Bellas Artes, es decir, que ha primado el control político frente a las decisiones artísticas?

–Bueno. He leído lo que contaba la prensa. Me he formado una opinión. Quizás sea así. Pero puedo decir que a partir de ahora la parte intelectual es independiente.

–La directora general habló de crear una Fundación, cuando antes se barajó la idea de un consorcio para la gestión del Museo. ¿Es la mejor vía para el Bellas Artes?

–Como director, tendría que ver sobre papel las ventajas e inconvenientes de cualquier fórmula jurídica. Hay que tener en cuenta que este museo tiene ciertas particularidades como el origen y la titularidad de las obras y la gestión. Cualquier cambio de estatuto jurídico tiene que atender a una serie de condicionantes. A priori, no he venido para pensar en una organización determinada. Hay que ver qué ventajas económicas tiene y si hay personal que pueda enfrentarse a esa decisión. No tengo una opinión formada y creo que tampoco la tienen desde la dirección general de Cultura y Patrimonio.

–¿Pide más apoyo al Ministerio? ¿Qué relación tendrá con el Gobierno central?

–Nunca es suficiente el apoyo (ríe ). Hay que pedir siempre mucho más. Creo que sí hay una conciencia de la importancia que tiene el museo. El apoyo moral existe.

–¿Y eso se traduce en presupuesto?

–Es que hay muchas bocas demandando en toda España. Hay que seguir pidiendo. Falta de interés no hay.

–Pero ningún representante de este departamento estuvo en la comisión que eligió su proyecto. ¿Le hubiera gustado que hubiera participado activamente en su designación?

–Es algo que yo no puedo valorar. Pero me consta que en el comité estaban dos personas, no sé si vinculadas estrechamente al Ministerio, pero Manuel Borja Villel, director del Reina Sofía y Leticia Ruiz, formaron parte. Ruiz ha estado en la comisión bilateral para negociar el plan museográfico. Ella es conservadora de pintura del siglo XVI del Museo del Prado. Ambas personas tienen toda la confianza del Ministerio.

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