La UE quiere pasar página y centrar la atención en la política comunitaria

El presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker. /Olivier Hoslet (Efe)
El presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker. / Olivier Hoslet (Efe)

La reforma del euro, la migración o el empuje dela ultraderecha son los retos que requieren prioridad para consolidar el proyecto común

Salvador Arroyo
SALVADOR ARROYOCorresponsal en Bruselas (Bélgica)

El despertar fue torpón y somnoliento ayer en el corazón comunitario. El (de momento) último latigazo del 'brexit' se había asestado la víspera con una maratoniana reunión en la que los jefes de Estado y de Gobierno de los Veintisiete otorgaron a Theresa May un nuevo calendario para la salida ordenada del Reino Unido con fecha tope en el 31 de octubre. Seis meses por delante que (obviando potenciales tropiezos y un revisión en junio) la Comisión Europea lee como un 'brexit-break', un respiro del 'brexit'. «En esta casa volvemos a nuestra agenda positiva», aseguró Margaritis Schinas. El portavoz jefe de Jean-Claude Juncker, presidente del Ejecutivo comunitario, expresaba así voluntarismo con este viraje y llamaba a los periodistas a reflejar la renovada «actitud».

Y es que la agenda europea de los casi dos años de negociaciones del Acuerdo de Retirada, pero especialmente la de los últimos meses, se la ha comido el 'brexit'. Todos los departamentos de la Comisión han tenido que hacer frente a «una tremenda cantidad de trabajo» para preparar los planes de contingencia ante un divorcio caótico. Eso en la cocina. En el salón, los líderes han sido convocados a cinco cumbres desde octubre, dos de ellas extraordinarias, y todas han quedado marcadas por el embrollo de los británicos.

El rechazo en hasta tres ocasiones del Acuerdo de Retirada en la Cámara de los Comunes desde que Theresa May lo firmó en Bruselas el 24 de noviembre, guste o no, ha ido marcando el paso a un club cada vez más hastiado por los apuros de la 'premier' y su falta de concreción. Y ya en la reunión del miércoles se evidenció un conato serio de división, con una Francia especialmente intransigente, contra todos. «Pero al final se ha preservado la unidad», destacaba Donal Tusk, el presidente del Consejo Europeo.

Una cohesión que paradójicamente no existe en, al menos, dos de los mayores retos a los que se enfrenta la UE y sobre los que debería volver a poner el foco. Porque son más importantes para su futuro que el propio 'brexit': la reforma del euro y la migración. El retraso que se lastra con la primera preocupa especialmente en el actual contexto de ralentización económica. Desde la propia Comisión, pero también desde el Banco Central Europeo, se apremia sistemáticamente a las capitales a avanzar en la Unión Bancaria (especialmente con el Fondo de Garantía de Depósitos) y en el presupuesto para la zona euro (con objetivos cada vez más mermados por la presión de países del centro y norte de Europa). Son claves para consolidar la moneda única y prepararse para futuras crisis. Y continúan a media cocción.

En lo que se refiere a la migración, el gran asunto que atascó la cumbre de jefes de Estado y de Gobierno de junio de 2018 por la intransigencia de Italia, el 'brexit' ha relegado de las portadas dos noticias de calado. La primera que parece ya imposible un acuerdo entre las capitales sobre las cuotas para la asignación de refugiados. Y la segunda: que la 'operación Sofía', que se puso en marcha en 2015, cuando estalló la crisis migratoria, para frenar el tráfico de refugiados, se ha terminado quedando sin barcos en el Mediterráneo por las presiones desde Roma de Mateo Salvini.

El vicepresidente y ministro de Interior italiano ha alimentado con el rechazo a la migración el relato eurófobo y ultranacionalista que se ha convertido en el gran problema de la Unión. Las encuestas auguran una mayor presencia de euroescépticos en el Parlamento Europeo tras las elecciones que se celebrarán del 23 al 26 de mayo. El partido paneuropeo que ha comenzado a gestar Salvini cuenta con el apoyo explícito de líderes ultras de Alemania, Finlandia, Dinamarca y especialmente de la francesa Marine Le Pen. Además de las 'simpatías' del presidente húngaro Viktor Orban o Vox. El negociador de la UE para el 'brexit', Michel Barnier, se servía del político británico Nigel Farage para cargar hace unos meses contra esta corriente populista: «Ahora hay ya un farage en cada país».

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