El partido nacionalista de Quebec hace examen de conciencia tras la debacle electoral

El partido nacionalista de Quebec hace examen de conciencia tras la debacle electoral
AFP

Las nuevas generaciones castigaron a los partidos tradicionales en unas elecciones donde la independencia no estaba en la agenda, por primera vez en casi medio siglo

MERCEDES GALLEGOCorresponsal. Nueva York

¿Se puede morir de éxito? En parte, solo en parte, es lo que le ha pasado al independentismo quebequés, «un ejemplo», reconoció Pedro Sánchez hace poco más de una semana durante su visita a Montreal, en plena campaña. La descentralización de Ottawa que ha enojado al resto del país con enormes concesiones y grandes influjos económicos, el blindaje del francés en Quebec otorgado por las políticas nacionalistas y una nueva generación de ciudadanos globales que se pone el mundo por montera se han unido al hartazgo político para crear una tormenta perfecta que el domingo resquebrajó el mapa político y hundió al Parti Québécois (PQ) hasta la cuarta fuerza política en la Asamblea Nacional.

Las generalizaciones dan asco, pero asco también daban los partidos políticos tradicionales, asociados a escándalos de corrupción y a prácticas clientelistas que ponen los intereses políticos por delante de las ideas y los valores. Ese hartazgo se refleja en la escasa participación de los comicios más significativos en casi medio siglo –un 66%- y en la creación de un nuevo escenario donde dos partidos de nuevo cuño se han convertido en los grandes ganadores de la jornada.

El hegemónico Parti Liberal se ha desplomado ante el avance de una coalición de derecha liderada por el empresario François Legault, antiguo soberanista convertido al federalismo. El primer ministro electo ha aprovechado el sentimiento anti inmigrante para proponer una reducción de las cuotas de extranjeros y una controvertida ley que da a los recién llegados tres años para asimilar la lengua francesa y los valores quebequenses. Los que no pasen el examen de «valores», aún por definir, serán regresados a sus países de origen.

Muchos esperan que, una vez pasada la campaña, Legault suavice esas propuestas xenófobas, lo que parece confirmar el discurso incluyente que pronunció el domingo por la noche, en el que no hizo mención alguna a los inmigrantes. El antiguo soberanista que sigue defendiendo con celo la lengua francesa habló también en inglés y lanzó un guiño a la población anglosajona de Quebec, que supone menos del 20%. «Quedaros tranquilos, siempre habéis sido parte de nosotros, de nuestra historia».

El multimillonario de 61 años que fuese ministro de Comercio y luego de Educación con el PQ prometió aparcar la idea del referéndum durante una década al fundirse con la formación derechista Acción Demócratica de Quebec (Action Démocratique du Québec), con la que fundó hace siete años la Coalición por el Futuro de Quebec (Coalition Avenir Quebec). Su visión de futuro necesita de todos para construir ese Quebec «más fuerte y más orgulloso dentro de Canadá». Por eso, o por una reciente convicción, dice ahora que nunca convocará otro referéndum como los que en 1980 y 1995 espolearon el nacionalismo. «Hoy hemos hecho historia», anunció satisfecho. «Hoy muchos quebequenses han puesto a un lado el debate que nos ha dividido durante 50 años».

El soberanismo perdió el último referéndum por menos de medio punto, pero desde entonces los ánimos independentistas han caído hasta el 20% según las encuestas. Con las medidas para potenciar el francés que lo hacen obligatorio en las escuelas y centros de gobierno, la generación que creció después del referéndum sabe que si alguna lengua es minoría en Quebec es el inglés. Precisamente la que usan para viajar por el mundo y para moverse en las redes sociales. La Ley de Claridad del año 2000 escribió una hoja de ruta para dar cabida a la voluntad del pueblo en caso de que el secesionismo gane un plebiscito. Y la descentralización ha dejado poca leña para alimentar la indignación.

Con todo, los quebequenses son plenamente consciente de que el Canadá anglosajón tiene más en común con algunas partes de EE UU que con su identidad. Solo que a la nueva generación le preocupan más las cuestiones sociales como la educación y la sanidad, que también forman parte de la agenda de la Coalition Avenir Quebec. Prueba de que la cuestión de identidad no ha desaparecido, como claman algunos, es que el 55% se declara quebequés antes que canadiense. El otro gran ganador de la jornada, Québec Solidaire, que pasó de tres a diez escaños, recoge el sentir soberanista de la izquierda y da respuesta no sólo a los problemas sociales de carácter económico sino también a la preocupación por el cambio climático y la población indígena.

«Somos la nueva cara de la política de Quebec y el futuro nos pertenece», clamó su líder, Manon Massé, en el Teatro Olympia de Montreal, que temblaba con el estruendo de los aplausos. «¿Escucháis esto? ¡Imaginaros el estruendo la próxima vez!». La activista lesbiana que ha pasado la vida trabajando en los barrios pobres hizo equipo con el líder de las huelgas estudiantiles de 2012 para entusiasmar a una generación que cada vez tendrá más presencia en las urnas. Con él le ha robado el discurso y los escaños al PQ, incluso en el distrito de su carismático líder Jean-François Lisée, que se queda sin escaño al perder el de Rosemont-La Petite Patrie, en el centro de Montreal. No es el único. Québec Solidaire ha ganado también en cuatro distritos fuera de Montreal y ha dejado de ser una formación de bohemios e intelectuales de izquierda en el Plateau Mont-Royal para convertirse «en la fiesta de todo el mundo que quiere un cambio de verdad», anunció Massé. «Acordaros de lo que hicimos cuando éramos sólo tres, ¡imagínate ahora!».

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