Hambre a las puertas del Congreso argentino

Protestas ante el Congreso argentino. /EFE
Protestas ante el Congreso argentino. / EFE

Aprobación unánime de la extensión de la ley de emergencia alimentaria, que aumenta en un 50% las partidas para los más desfavorecidos

MARCELA VALIENTEBuenos Aires (Argentina)

Con miles de pobres e indigentes movilizados en las calles desde el miércoles, el Congreso de Argentina aprobó este jueves un proyecto que declara la emergencia alimentaria. Bajo presión de movimientos sociales que se manifestaron en las principales ciudades del país, los diputados votaron la norma que aumenta en un 50% las partidas presupuestarias para adquirir alimentos destinados a comedores de escuelas y de barrios marginados.

Los legisladores hablaron de un «derrumbe social» que para algunos es «una catástrofe». El proceso de progresivo empobrecimiento que se arrastraba desde el año pasado se aceleró el último mes. Familias enteras con niños pululan por la ciudad hurgando en contenedores de residuos y duermen en las calles. Ancianos guardan largas colas para recibir un pan de molde de obsequio en una fábrica. Son estampas inverosímiles en un país que produce alimentos.

La iniciativa de declarar la emergencia alimentaria -presentada por la oposición con el respaldo de la Iglesia católica, centrales sindicales y empresariales- fue aprobada por 222 votos a favor y una abstención. Fue una respuesta contundente a la demanda de los más vulnerables alcanzados por el impacto de la devaluación de 2018 y la que se produjo este año tras las primarias del 11 de agosto que dieron la victoria al candidato opositor, Alberto Fernández.

Organizados en diversas agrupaciones, los movimientos que agrupan a los parados provenientes de los barrios más pobres protestaron con campamentos en distintas ciudades del país. En Buenos Aires instalaron sus tiendas frente al edificio del Ministerio de Desarrollo Social. Hicieron ollas populares en distintos puntos de la capital y se manifestaron frente al Congreso, donde se discutía la emergencia.

La activista Silvia Saravia, del movimiento Barrios de Pie, advirtió de que al margen de la norma, que aún debe ser aprobada en el Senado, el Gobierno debería adoptar medidas urgentes para combatir el hambre. Explicó que las clases medias en crisis recortaron gastos en servicios de limpieza, jardinería, arreglos del hogar o cuidados de niños y ancianos y que eso afecta a los más pobres que subsisten con esos trabajos y con una magra asistencia del Estado.

Desde la depreciación de 2018, que se produjo cuando el Gobierno de Mauricio Macri perdió acceso a la financiación y debió acudir al rescate del FMI, los más desfavorecidos están sufriendo el aumento del coste de la vida. El malestar se acentuó en agosto pasado tras la derrota de Macri en las primarias. La moneda volvió a depreciarse bruscamente y hubo una nueva oleada de aumentos de precios. Ayer el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos informó de que el índice de inflación de agosto fue del 4%, el doble que en julio. De esta manera la tasa anual se situó en el 54,5%. El promedio esconde que la leche, un alimento básico de la dieta familiar, subió el 95,5% en los últimos doce meses y los pañales el 94%.

Pobreza disparada

En 2018 la pobreza en el primer trimestre pasó del 27% al 32%. Este año, en el mismo período, superó el 34% y los expertos estiman que podría llegar al 39% a finales de año. De igual modo la indigencia fue incrementándose hasta llegar al 7,1% entre enero y marzo pasados, antes de la última gran crisis.

En el caso de los menores de 14 años la pobreza alcanza al 49,6% y la miseria al 11,3%. Los movimientos sociales y los vinculados a la Iglesia católica aseguran que se multiplicó la demanda en comedores comunitarios y que no alcanzan los alimentos. También en escuelas y sindicatos denuncian que las existencias no bastan y que hay miles de personas que acuden en busca de asistencia y se van con las manos vacías.