Irán abre la puerta al diálogo con EE UU «si retira las sanciones»

Rueda de prensa de Trump (i) y Macron en Biarritz. /ludovic MARIN (AFP)
Rueda de prensa de Trump (i) y Macron en Biarritz. / ludovic MARIN (AFP)

La cumbre del G7 celebrada en Biarritz ha allanado el terreno para la posibilidad de una reunión entre Trump y Rohani

PAULA ROSASEnviada especial a Biarritz (Francia)

Una posible cumbre entre Estados Unidos e Irán. Un acuerdo para modernizar las reglas de la fiscalidad internacional. Una crisis -la del vino francés y los gigantes de internet- desactivada. Una ayuda financiera para combatir los incendios de la Amazonía. Una cumbre en septiembre entre Ucrania y Rusia. Y China y Estados Unidos un poquito más cerca de volver a sentarse a la mesa. Las expectativas no eran muchas -por no decir ninguna-, y quizás por ello el sentimiento general que impregnaba el ambiente al cierre de la cumbre del G7 este lunes en Biarritz fue de que no habían sido días estériles. A Macron incluso le supo a un pequeño triunfo.

Todo hacía prever que la cumbre de las siete grandes democracias industrializadas podía ser, cuanto menos, explosiva, debido a la división de sus miembros y, en gran parte, al animador-reventador por excelencia de estos encuentros, el imprevisible presidente estadounidense Donald Trump, que antes incluso de despegar de Washington dinamitaba los pocos puentes que le quedaban con China e incluso amenazaba con imponer «aranceles como nunca antes hayan visto» al vino francés. Este lunes, sin embargo, las palabras optimistas del presidente galo, Emmanuel Macron, y su homólogo americano al cierre de la cumbre dejaba abierta la puerta a la esperanza.

Sin duda, el gran anuncio del cierre fue la futura cumbre entre Estados Unidos e Irán, que podría celebrarse en las próximas semanas. De producirse, supondría un paso importante para apaciguar las tensiones en la región, que han ido in crescendo desde que Trump decidiera abandonar el año pasado el acuerdo nuclear firmado en 2015 para frenar el programa nuclear iraní, y volviera a imponer sanciones al país asiático. Trump dijo este lunes que estaría dispuesto a reunirse con su homólogo persa, Hassan Rohaní, «si las circunstancias son las correctas». Macron llevaba pergeñando este posible acercamiento desde la semana pasada. El viernes recibió al ministro de Exteriores iraní en el Elíseo y al día siguiente, en el almuerzo que Trump y él mantuvieron justo antes del comienzo de la cumbre, el presidente francés tuvo dos horas a solas con el estadounidense para explicarle sus planes. Pensaba invitar a Javad Zarif a Biarritz. Trump dio su acuerdo. El plan estaba en marcha.

Este lunes por la mañana, Rohaní había dado a entender que no diría que no a encontrarse con su archienemigo. Las relaciones entre ambos países están rotas desde 1979. «Si a consecuencia de una reunión se resuelven los problemas de la gente, no me detengo en aras del interés nacional», había declarado. El camino parecía algo menos pedregoso. El pequeño milagro se anunciaba en la rueda de prensa que el francés y el estadounidense dieron en la tarde de este lunes, y que sirvió de paso de testigo para la celebración del G7 del año que viene, que tendrá lugar en Miami. Trump dijo que el Irán de hoy «no es el país que era» hace dos años y medio, cuando él llegó a la Casa Blanca. Macron aseguró que se habían creado las condiciones para que se produjera un encuentro entre Trump y Rohaní. El estadounidense no opuso resistencia.

«Si quieren más seguridad en la región y quieren tener mejores relaciones con los países regionales, si aseguran no querer nada de Irán, entonces deben dar marcha atrás en las sanciones», ha sostenido Rohani.

El mandatario ha asegurado que Teherán no construirá armas nucleares no porque Estados Unidos se lo diga sino porque es su propia creencia y el líder supremo iraní, Alí Jamenei, así lo ha indicado. En este sentido, ha defendido que si esta es la «única preocupación» que tiene Washington respecto a Teherán, entonces ya está «resuelta».

«La puerta no puede abrirse a menos que deis el paso de retirar todas las sanciones ilegales e injustas contra Irán», ha advertido Rohani, según informa la agencia iraní Mehr. «Siempre hemos estado dispuestos a conversaciones y aún lo estamos», ha añadido el mandatario, si bien ha aclarado que Teherán no busca «una simple foto con alguien».

Guerra comercial con China

El otro gran frente abierto por Estados Unidos, el de la guerra comercial con China, también pareció ayer suavizarse, aunque no está claro que se trate de un logro de la cumbre. Es posible, sin embargo, que la brisa marina de Biarritz lograra relajar a Trump, que llegó quemando los puentes con China -anunció una brusca subida de aranceles para prácticamente todos los productos chinos justo antes de aterrizar en Francia y amenazó con etirar a las empresas estadounidenses del país asiático-, luego admitió de alguna forma que se había pasado («¿Se arrepiente?-le preguntaron, a lo que contestó «sí, ¿por qué no?»), para pocas horas después cambiar otra vez de idea. Ayer, un complacido Trump anunciaba que Pekín quiere volver a sentarse a la mesa y que las conversaciones podrían avanzar «muy pronto».

Quienes parece que también volverán a sentarse a la mesa son Ucrania y Rusia. Lo harán en septiembre, acompañados de Francia y Alemania, para intentar obtener «resultados concretos», señalaron los miembros del G7 en una escueta declaración final. «Gracias a los intercambios de las últimas semanas, creo que podemos tener avances concretos en temas como los prisioneros, la línea del frente o la transición política», señaló Macron este lunes. La anexión de la península de Crimea por parte de Rusia en 2014 y la guerra fronteriza desatada entonces empujaron a los miembros del entonces G8 a expulsar a Moscú del selecto grupo. Trump quiere que Vladímir Putin vuelva a sentarse en esta mesa de grandes, «mejor tener a Rusia dentro de la tienda de campaña que fuera», insistió este lunes, pero por el momento la cuestión está fuera de lugar. Es necesaria la unanimidad de los miembros y no hay consenso.

Otra crisis -también provocada por el rubio presidente- consiguió ayer desactivarse. Los viticultores franceses podrán dormir -por ahora- tranquilos ya que Francia y Estados Unidos lograron cerrar un acuerdo sobre la conocida como «tasa GAFA», por los gigantes de internet Google, Amazon, Facebook y Apple. Macron consiguió convencer a Trump para que no impusiera nuevos aranceles al vino francés en represalia por la implantación en Francia de este impuesto, que gravará con un 3% la facturación de las grandes empresas del sector digital con más de 750 millones de euros de ingresos. Hasta la fecha, estos mastodontes apenas pagan impuestos allá donde prestan servicio ya que establecen sus sedes en países con muy baja fiscalidad.

El pacto, en realidad, va más allá. Los países del G7 han logrado alcanzar un acuerdo para modernizar las reglas de fiscalidad internacional, para todas las empresas, no solo las digitales. Será la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE) la encargada de encontrar el mecanismo adecuado, que debería de estar listo para la próxima cumbre del G20 el año que viene. Este lunes, Francia se comprometió a retirar su tasa GAFA una vez se implemente la nueva fiscalidad, y a reembolsar la posible diferencia que haya cobrado de más a estas empresas, en su mayoría estadounidenses. Trump parecía contento e incluso bromeó en la rueda de prensa que ofreció junto al anfitrión sobre el hecho de que se viera a su esposa Melania bebiendo vino -francés, por supuesto- en la cena oficial de la cumbre el domingo. «Oh, ¡a la Primera Dama le encanta!».