Del ministerio al altar

José Ignacio Wert conversa con Montserrat Gomendio, durante una reunión del Consejo de Universidades./
José Ignacio Wert conversa con Montserrat Gomendio, durante una reunión del Consejo de Universidades.

José Ignacio Wert y Montserrat Gomendio se casan, después de enamorarse en los despachos

ESTER REQUENA

A las puertas de la Finca La Camarga, a pocos minutos de Madrid, no se esperaban demasiados paparazzi. Y eso que buena parte de los españoles conoce bien al novio, que pasará a la historia de la mano de la polémica ley Wert, a la que da nombre. Pero también por protagonizar una historia de amor al más alto nivel político... aunque en nuestro país ha pasado sin pena ni gloria. En Estados Unidos lo hubiesen convertido rápidamente en película. Ingredientes para el argumento no le faltan: ministro que se enamora de su secretaria de Estado.

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La química ha sido tal entre ambos que dejaron inmediatamente a sus parejas, por supuesto con polémica (y juzgados) incluida. Y, como punto de inflexión, la dimisión de él para seguir a su amada a París, donde ella acaba de aceptar un puesto de trabajo. Pero antes de la mudanza, José Ignacio Wert, de 65 años, dio el sí, quiero a Montserrat Gomendio, de 54, tras tres años de pasión. O lo que es lo mismo: el ministro más impopulares de la democracia española se unió por lo civil a la que ha sido la mujer más acaudalada de este Gobierno (con un patrimonio de 14,5 millones solo superado por los 18,1 del secretario de Defensa).

Para el segundo matrimonio de ambos eligieron una finca con jardines de estilo francés en los que no faltaron magnolios, cipreses y rosaledas. Aunque eso poco mitigará los 38 grados que se esperaban al caer la tarde y que llevó a que el banquete se celebrase, gracias al aire acondicionado, en el interior de la villa de los años 30 que preside el terreno. El cóctel, a más de cien euros el cubierto, lo servió el catering Medems, toda una institución en la capital y que ha ganado concursos a nivel nacional por su innovación.

Entre los aperitivos seguro que no faltó un guiño a los dátiles, de los que Gomendio es una incondicional. Al igual que de Luz Casal, a la que admira a nivel personal y musical desde que superase como ella un cáncer de mamá. De la gallega sonaría alguna canción durante el baile. Sin olvidar temas de Adele o de Russian Red, peticiones habituales del ya exministro de Cultura.

La pareja lleva cuidando los detalles de su enlace desde hace tres meses. Como en su relación, su discreción ha sido máxima, hasta el punto que solo su círculo más cercano conocía que pasaban por el altar... hasta que hace unas semanas saltaba la noticia. Incluso se especuló con un cambio de fecha y ubicación para evitar miradas indiscretas. Ellos aspiraban a una ceremonia íntima solo con un centenar de invitados, huyendo de los compromisos asociados a sus altos cargos políticos. Familia, amigos y poco más.

En la primera fila se sentaron los hijos de Gomendio, Alejandro y Santiago, de 23 y 22 años, que habitualmente estudian en Reino Unido, pero que han hecho muy buenas migas con el abogado y sociólogo. Por parte del novio todo apuntaba a que sus vástagos, José Ignacio y Belén, no lo acompañarían en un día tan especial. El periodista de 13tv y la abogada del Estado tomaron partido por su madre tras iniciar su padre la revisión a la baja del convenio de divorcio a instancias de su nueva novia.

Tampoco su hermano

En la lista de dudosos también figuraba uno de los hermanos del exministro. Juan Pablo Wert, profesor de Historia del Arte en la Universidad de Castilla La Mancha, se sublevó públicamente contra los recortes en Educación que proponía su misma sangre. Eso sí, no faltó al enlace el antiguo compañero de Wert en el BBVA que le presentó a la bióloga a finales de 2011 y que se la recomendó para un puesto en el ministerio. Lo que no esperaba de ese encuentro era que solo seis meses después de comenzar a trabajar codo con codo surgiera el gran flechazo.

Pese a que ya oficialmente ninguno de los dos forma parte del Gobierno, el consejo de ministros al completo ha recibido el sencillo tarjetón en blanco con letras en rojo invitándoles a la boda de "Montse y José Ignacio". Al enlace asistió también la exconseller de Educación de la Generalitat valenciana María José Català.

Entre los confirmados, Mariano Rajoy y su mujer, Elvira Fernández, siempre que la agenda de última hora no interfieriese en sus planes. La expectación se centraba, además, en el regalo que le hagan a los novios. Todo apunta a que no sería el nombramiento de Wert como embajador de la OCDE en París. Fuentes diplomáticas dudan de que Rajoy finalmente acceda a su petición por el malestar que crearía entre los profesionales por la suma de otro embajador de corte político.

Hasta hace poco la exsecretaria de Estado presumía en petit comité que el cargo estaba hecho y que no pensaba comprarse un pisito en París: vivirían en la residencia de su futuro marido. Gomendio ya se veía decorando la casa del embajador, ubicada en la avenida Foch, a tan solo diez minutos a pie del Arco del Triunfo y los Campos Elíseos. De confirmarse la negativa, la ahora directora general adjunta de Educación en la OCDE tendrá que tirar para su nuevo nidito de amor de su extenso patrimonio o de su sueldo -aproximadamente unos 10.000 euros mensuales-.

El problema de la vivienda se encuentra aparcado hasta el regreso de la luna de miel, de la que no se sabe nada. Quizás se decanten por un safari fotográfico por África o por alguna ruta por Europa en coche, pasiones de Gomendio. Pero también podrían repetir el plan de sus últimas vacaciones, donde prefirieron relajarse y tostarse en la República Dominicana. Allí la bióloga cuenta con una casa en el exclusivo complejo urbanístico Casa de Campo, donde no es difícil toparse con Vin Diesel, Beyonce, Bill Clinton o Sarah Jessica Parker, entre una interminable lista donde no faltan ni las Kardashian. Sería la primera parada del conocido "y vivirán felices y comerán perdices". O más bien, como dirían los franceses, "comáis perdrix avec foie". Pero a la segunda.