Pablo Aguado hace el toreo de primor

Pablo Aguado con el segundo de su lote. /Txema Rodríguez
Pablo Aguado con el segundo de su lote. / Txema Rodríguez

Feliz debut del sevillano, que corta el único trofeo de la tarde

JOSÉ LUIS BENLLOCH

El nombre de la tarde fue Pablo Aguado. Un sevillano de cuna y de escuela. Estilo que al contrario de lo que cabía suponer no abunda ni siquiera en aquella tierra. Y le hacía falta a Sevilla un torero de ese corte. De esos como este Aguado, que hacen de la naturalidad arma incontestable, de los que apuestan a la gracia sin practicar la huida rompiendo la división que hizo el maestro Pepe Alameda. Ya se sabe que estamos en tiempos de transversalidad, será eso, y no necesariamente se tiene que ser de izquierdas o de derechas, artistas o valientes, actualmente cabe torear bonito y hondo a la vez, entregarse sin aparente esfuerzo, lucir palmito de artista y tener lo que hay que tener para quedarse quieto y mecer los trastos con parsimonia. Todo eso supone torear sin retorcerse, eso tan al uso y que en no pocos momentos lleva a la confusión, de tal manera que uno no sabe si están toreando o echándose sacos de cemento a la espalda, ejercicio que acompañan de voces de lo más estentóreas, ¡Ja, jo, ja!...

Nada de eso ocurre con Aguado, su toreo tiene un punto de silencio y el mérito de que le ves torear y entiendes que está toreando, ves que no hay esfuerzo pero entiendes que aquello no es fácil ni está al alcance de muchos, más bien de muy pocos. Y eso por mucho que despotriquemos sobre si la afición actual sabe o no sabe, cuando surge, la gente ruge, entonces sí de forma estentórea y se hace cómplice del toreo natural y de buen gusto. Ayer mismo se comprobó, transcurría la tarde de manera anodina, en esos parámetros del voluntarismo tan actuales, pases y más pases, unos buenos, otros mejores, otros regulares, diría que ninguno malo pero monocordes. Las faenas y la tarde avanzaban sin que se apreciase comunicación alguna. Los toros embestían correctamente, los toreros insistían, el público lo agradecía, hasta les aplaudía, seguramente porque tocaba aplaudir, pero apareció ese Aguado y sin inventar nada, solo toreando con naturalidad, con pausa, sin aspavientos, cambió todo. Lo hacía como si no quisiera vender nada, sabedor de que todos queríamos comprar aquel toreo novedoso que, en realidad, es el toreo de siempre. La muleta cogida con mimo, dos dedos, en su caída natural, ni atrás ni groseramente adelante, nada parecía precocinado de tal manera que cada muletazo era consecuencia del anterior, y claro, se encendieron las vías de comunicación y el público asentía feliz ¡eso sí! ante lo que para muchos de ellos era un descubrimiento.

Txema Rodríguez

No quiero que entiendan los lectores ni mucho menos Aguado -eso sería abortar un gran proyecto- que fue un éxito rotundo, lo de ayer fue solo una muestra de lo que puede ser un impacto el día que un toro le quiera coger la muleta con emoción y este Aguado deje fluir su toreo sevillano, pero sevillano de los de los hondos. Lo hizo en su primero, del que le concedieron la oreja, y lo apuntó en su mastodóntico segundo. Bienvenido.

Lorenzo hace cosas de calidad y Luis David mezcla pasajes de buen asiento con otros más movidos

De la tarde está dicho todo. No cabe afearles nada a los otros espadas. Lorenzo hizo cosas de calidad, con buen planteamiento pero costaba un mundo que traspasase las candilejas. Luis David es torero más vibrante y esta vez mezcló pasajes de buen asiento con otros más movidos.

FICHA DEL FESTEJO
Txema Rodríguez

Seis toros de Alcurrucén, serios y bien presentados salvo el voluminoso y basto sexto. Medidos de raza o fuerzas, dieron un juego aunque manejable. Del conjunto, destacó la clase que sacó el segundo antes y después de rajarse.

Álvaro Lorenzo, de grana y oro: estocada trasera desprendida (ovación); estocada desprendida muy trasera (ovación tras aviso y leve petición de oreja).

Luis David, de blanco y plata: estocada delantera (vuelta al ruedo tras petición de oreja); estocada corta y descabello (ovación tras aviso).

Pablo Aguado, de hueso y oro: estocada trasera desprendida (oreja); dos pinchazos y media estocada tendida (silencio).

Entre las cuadrillas, destacó la brega con el capote de Miguel Martín y de José Antonio Carretero con los toros 5º y 6º, respectivamente.

Al final del paseíllo se guardó un minuto de silencio por Antonio de la Torre, que fuera mozo de espadas del torero local Vicente Barrera.

Cuarto festejo de abono de la feria de Fallas, con algo más de un cuarto del aforo cubierto (unos 3.000 espectadores), en tarde fresca.

Cogida del martes Positiva evolución de Borja Collado

El novillero Borja Collado, herido el martes en Valencia, permanece ingresado en la Casa de la Salud y espera recibir el alta este viernes, según informa Ángel Berlanga. El joven espada no ha tenido fiebre a pesar de que la cornada interna que sufrió causó importantes destrozos en su muslo izquierdo: «La herida es a la altura de la ingle y tengo el abductor seccionado, como si cogieras una motosierra y lo arrancaras de cuajo», relata con frialdad. «Ya me han hecho la primera cura, he eliminado el pus y la suciedad a través del drenaje, y solo pienso en volver a torear. Ojalá pueda hacerlo en mi tierra en la novillada del 11 de mayo», subraya esperanzado.

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