Fallas 2019: López Simón abre la puerta grande

El torero Lopez Simón, que cortó dos orejas y salió a hombros por la puerta grande de la Plaza de toros de València, durante la faena al primero de su lote. /Txema Rodríguez
El torero Lopez Simón, que cortó dos orejas y salió a hombros por la puerta grande de la Plaza de toros de València, durante la faena al primero de su lote. / Txema Rodríguez

La torería de Ferrera y el espectáculo banderillero de Fandi completan lo bueno

JOSÉ LUIS BENLLOCH

Una faena, la de Ferrera a su primero, plena de armonía y ritmo, con mucho argumento y poca rutina; un espectáculo, el de El Fandi con las banderillas, ¡qué precisión, qué facultades y qué devoción la del público!; un triunfo, el de López Simón, primera puerta grande de la feria que no creo que sea la que relance su carrera, necesitará más, pero había que abrirla; un gran toro, el quinto, Decidor se llamaba, nombre de ilustre dinastía, reata en términos camperos, en la casa Domecq; otro toro bueno, el sexto, Tolerante era su gracia en este caso; uno y uno dos y aún se pueden contabilizar otros en el saldo positivo de la corrida, por ejemplo la clase excelente del primero, al que le faltó alma, transmisión, buen toro fue también el tercero, por cierto una preciosidad de toro, limpio de pitones, fino de cabos, con las carnes justas… y creo que no hace falta seguir porque con lo reseñado vale para avalar un encierro de nota y pensar que la desafección de las figuras a esta divisa durará poco. La corrida en su conjunto tuvo excelente presentación, seriedad sin estridencias, algunos con el plus añadido que siempre da la edad. Por cierto, es la primera corrida por ahora que no ha habido que recomponer a petición de la autoridad.

La tarde nació con buen ambiente y el solecillo de todos los días que allá por el tercer toro, ayer antes, da paso todos los días a una brisa marcera que juega a la contra de las pasiones y de los toreros. Lo más pausado, diría que lo más torero, se sirvió pronto. Quiso el destino que cuanto antes mejor y Ferrera, transmutado de torero huracanado en torero de solemne estar, de eso va para varias temporadas, lanceó de salida con sentimiento y ritmo y a partir de ese momento cogió un hilo conductor que le define en esta su nueva etapa, según el cual todo tiene sentido y cualquier momento es bueno para crear y a fe que lo intenta, cuando lleva el toro al caballo, cuando saca el toro del caballo, ayer por tapatías que acabó convirtiendo en el quite de la mariposa. Todo seguido, tras el banderillear de Montoliu y Fernando Sánchez, inició una faena preciosa, de mimo y cuido, no le sobró nada y si algo le faltó, que sí le faltó, hay que cargarlo en el debe del toro, de tanta nobleza como escasa emotividad. Ferrera en lugar de atacar le convenció, le daba los tiempos justos, desterró cualquier violencia y la obra tomó cuerpo y máxima torería. En otros tiempos le hubiesen dicho faena de enfermero, eso le cantaban al Vito y le aplaudían a rabiar, en este caso habría que decir faena de cirujano, tal era la precisión de los movimientos y la seguridad con la que conducía al zalduendo. Si llega a poner algo más el toro, estaríamos hablando de un obra importante. En su segundo lo intentó con lo mismos planteamientos pero el toro no dio ni para eso y él se puso excesivamente insistente, demasiado para un torero de su concepto al que se le supone justo sentido de la medida.

López Simón sigue peleando por encontrar su sitio en el toreo. Es una lucha siempre difícil en la que tengo la sensación de que sus estados de ánimo no le ayudaron siempre y eso en el ejercicio de una profesión que exige tanta fortaleza interior no ayuda a sobrevivir aunque él lo consigue con actuaciones como ayer, muy esforzadas, cargadas de voluntarismo, con golpes de valor que son como gritos de rebeldía cuando las cosas no salen como quiere y es capaz de hacer pasar el toro por donde no parece que haya espacio ni mucha lógica. Ayer sorteó el mejor lote e hizo dos faenas parejas, la primera con el mérito de ir a más, de muchos pases, muchos, tantos que daba tiempo a que el público se enardeciese y se apagase y se volviese a enardecer ante su empeño en el arrimón final. A su primero lo mató de gran estocada y a su segundo de otro gran espadazo.

Fandi montó el gran espectáculo con las banderillas. No podía ser de otra forma y si digo que en esa percha cuelga sus principales atractivos no descubro nada pero les cuento lo que sucedió. Su primera faena arrancó por el camino de la templanza y el buen gusto para decaer seguidamente, aunque tiró de profesionalidad y acabó cortando una oreja en su segundo trasteo, en el que se explayó con muchos, muchísimos pases, seguramente demasiados.

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