Los barones del PP toman las riendas de sus campañas para amortiguar la caída

Pablo Casado. / Efe

Casado reivindica la validez de su proyecto pese al revés del 28-A y respalda a su secretario general ante las críticas de algunos sectores

Nuria Vega
NURIA VEGAMadrid

El discurso del PP se ha diversificado. A dos semanas del 26-M, es la hora de las organizaciones territoriales del partido, que marcan perfil propio para intentar no ser arrastradas por la ola del 28 de abril y retener sus feudos. Los barones llegan a las elecciones municipales y autonómicas lastrados por el desplome en las generales, que dejó a la formación en 66 escaños, y convencidos, en muchos casos, de que sólo el viraje al centro y la solidez de sus estructuras podrán frenar una nueva sangría. «El PP -condensó ya el primer día de campaña el excoordinador general, Fernando Martínez-Maillo- es mucho más que Génova».

Las voces se han multiplicado. Y los populares buscan, fundamentalmente, en cada punto del mapa conectar en un plazo exprés con el electorado que el 28-A dio un portazo a sus siglas. En muchas plazas tratan de compensar el giro a la derecha que detectaron en el equipo de Pablo Casado. El presidente de Galicia, Alberto Núñez Feijóo, ha señalado en los últimos días algunos errores de estrategia. Entre otros, haber «regalado» a Ciudadanos «parte» del espacio al intentar situar a la formación de Albert Rivera en el centro izquierda. Pero también Alfonso Alonso, el líder de los conservadores en el País Vasco -donde el PP no ha obtenido representación en el Congreso-, ha abogado por que el partido incorpore «referencias» de centralidad.

El último en pronunciarse ha sido este fin de semana Juan Vicente Herrera. El histórico presidente de Castilla y León, que se despide en esta campaña, aconsejó el sábado a los suyos «humildad» y mirar a los electores «a la cara». Pero también deslizó una crítica que fuentes del PP interpretaron dirigida a la cúpula nacional: «Creo que parte de lo que nos ha pasado se debe a la soberbia, a la mal entendida soberbia de algunos, a la prepotencia de algunos instalados en sus despachos oficiales en Madrid, lejos de lo que es la realidad plural de las Españas». En este territorio, donde los populares gobiernan desde 1987, el CIS pronostica una victoria del PSOE, aunque la izquierda no sumaría para hacerse con la Junta.

Más escucha

En muchas organizaciones territoriales no ocultan que han echado en falta una mayor capacidad de escucha en la sede nacional del PP. Sobre todo, en el proceso de confección de las listas electorales. Algunos apuntan como responsable a Teodoro García Egea, que este domingo recibió, en todo caso, el aval de Casado en un mitin en Murcia. «¡Y lo que va a mandar! El mejor secretario general, un 'crack' de la política y un gran tipo», respaldó el presidente de los populares a su número dos.

Casado ha reducido la intensidad de sus viajes -algunos días tiene solo un acto-, con un mensaje que sirve para todos sus candidatos: «Cuando el votante de centro derecha vota dividido, acaba gobernando la izquierda». Fuentes del PP aseguran que en el último comité ejecutivo ya se trazó esta estrategia y comparten que el líder tenga un menor protagonismo. En el encuentro del 30 de abril se acordó, añaden, que, en esta segunda parte, la campaña debía municipalizarse y regionalizarse para exprimir al máximo su principal fortaleza: una amplia estructura territorial con la que los populares aspiran a plantar cara a Ciudadanos y Vox, que carecen de ese grado de implantación, y acrecentar la ventaja sobre los liberales.

Esto no significa que Casado haya detectado grandes errores de fondo en su manera de manejar la anterior campaña. El presidente del PP confesó ayer en una entrevista en El Mundo que, a su juicio, el contenido de su discurso y los equipos fueron los «acertados». Y tampoco se plantea un paso a un lado en caso de revés el 26-M: «Yo tengo un mandato de los afiliados para cuatro años. Además, en estas elecciones ni me presento yo ni la dirección nacional».

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