La lluvia marca el inicio del Gran Premio en Cheste

Llegada de vehículos al Circuito Ricardo Tormo de Cheste./Damián Torres
Llegada de vehículos al Circuito Ricardo Tormo de Cheste. / Damián Torres

El Gran Premio de la Comunitat de 2018 es el segundo de la historia en celebrarse en condiciones oficiales de lluvia y el sexto con incidencia directa del agua

JUAN CARLOS VILLENA

El Gran Premio de la Comunitat de 2018 estará pasado por agua. Con gomas de mojado en el asfalto y chubasqueros en la grada. Será el segundo declarado oficialmente en condiciones de lluvia en la historia del Circuit, abrazando lo ocurrido en su estreno en 1999. Hasta la fecha, cinco de las pruebas se vieron afectadas, en mayor o menor medida, por las inclemencias del tiempo aunque en esta ocasión, como ocurrió en la puesta de largo para desespero de los organizadores, no hay escapatoria posible que libre al trazado de Cheste de las nubes, la lluvia y el frío.

Colapso en la A-3 antes de la entrada al Circuito Ricardo Tormo de Cheste.
Colapso en la A-3 antes de la entrada al Circuito Ricardo Tormo de Cheste. / Damián Torres

En los días previos a la primera edición del Gran Premio, que se celebró entre el 17 y el 19 de septiembre de 1999, la lluvia puso a prueba el asfalto pero se logró salvar ese primer contratiempo gracias a que las obras de acondicionamiento ya estaban acabadas y retirada toda la arenilla. En la jornada del sábado, el agua se tornó en fatalidad en la rotonda del Centro de Enseñanzas Integradas de Cheste, siendo la causante de la muerte por accidente de un aficionado de Ciudad Real de 26 años, que perdió el control de su moto. Unas horas después, en el amanecer del día de las carreras, Jorge Martínez 'Aspar' no pudo contener las lágrimas al presenciar como jarreaba la lluvia de buena mañana poniendo un pequeño borrón al que fue un día de fiesta.

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La lluvia no deslució esa jornada histórica en el Circuit. Su Majestad el Rey Don Juan Carlos se saltó el protocolo una vez aterrizado en el helipuerto y no quiso recorrer en coche, para evitar la lluvia, el trayecto hasta la Torre de Control. Ese camino bajo el agua hizo reaccionar a las autoridades, que también tuvieron que desafiar a los elementos para recibirle. Tras esa anécdota, la lluvia tuvo su incidencia en las carreras. En la de 500, Álex Crivillé se fue al suelo a seis vueltas para el final. «En mojado ya se sabe que es una lotería», reconoció el de Seva.

2001. Los aficionados se protegen como pueden bajo el aguacero.
2001. Los aficionados se protegen como pueden bajo el aguacero. / D. Torres

Un año después el sol se tomó la revancha, con altas temperaturas y 210.000 personas en las gradas, y en 2001 las nubes volvieron a hacer acto de presencia. Amenazaron en los entrenamientos libres y descargaron agua el sábado tras los oficiales. El día de las carreras, el asfalto amaneció húmedo y con baja temperatura. La prueba de 250 se vio parada en la novena vuelta por la bandera roja y en la de 500, de nuevo, Crivillé besó el asfalto y Sete Gibernau aprovechó el desconcierto para apuntarse su primera victoria desde su debut en 1992.

El líquido elemento tuvo algo de incidencia en 2003 pero sólo en la jornada del viernes, provocando 18 caídas, y hubo que esperar hasta 2008 para encontrar otro Gran Premio muy problemático por la lluvia. En los entrenamientos libres saltaron las alarmas, con 51 caídas, y Valentino Rossi alzó la voz: «Las condiciones son pésimas. Hace frío y llueve y así las gomas no cogen temperatura». Los pilotos se quejaron del grip, avanzando una tormenta que estallaría tres años después. Ese año quienes más sufrieron los efectos del aguacero fueron los aficionados, con la zona de acampada y del aparcamiento convertidas en barrizales por las decenas de litros por metro cuadrado caídos en la primera jornada de entrenamientos.

Un año después la lluvia dejó paso al viento, con rachas de 46 kh/h que pusieron en riesgo a los pilotos. Entre ellos, al malogrado Marco Simoncelli. «Se me ha girado la dirección de la moto en el aire», declaró el italiano, aún con el susto en el cuerpo, para explicar lo ocurrido en la pista.

2008. La zona de acampada se convirtió en un barrizal tras el temporal.
2008. La zona de acampada se convirtió en un barrizal tras el temporal. / juan j. monzó

En 2011, el agua provocó una guerra en los despachos. Tras las caídas en los entrenamientos libres, los pilotos lanzaron un órdago en la reunión de la comisión de seguridad para exigir el cambio del asfalto, en uso desde 1999, dejando abierta la amenaza de no volver a participar en la prueba valenciana. Rossi, de nuevo, fue el más crítico en público: «El asfalto está en pésimas condiciones. Espero que lo arreglen porque estamos al límite». Fue el año del duelo entre Zarco y Nico Terol por el trono de 125. En la carrera, con frío y lluvia, el francés se fue al suelo en la tercera vuelta al tener que arriesgar poniendo en bandeja el título para el alcoyano. Fue el Gran Premio con menos asistencia de la historia y el último que coronó a un valenciano como campeón del Mundo. En la carrera de MotoGP jarreó el agua a siete vueltas del final, con los pilotos luciendo los 'slicks' y sin posibilidad de parar. Una noria.

2012. La carrera de Moto3, bajo la lluvia.
2012. La carrera de Moto3, bajo la lluvia. / Damián Torres

La última incidencia de la lluvia en el Gran Premio de la Comunitat fue en 2012, poniendo sobre la mesa una prueba de fuego para el reasfaltado del Circuit. En la jornada de entrenamientos libres la lluvia permitió comparar el impacto, para mejor, de la nueva piel de Cheste. De las 29 caídas de 2011 en el primer día se pasaron a 10. Hasta el propio Valentino Rossi, el más crítico en los años previos, reconoció la mejora: «Falta todavía algo de 'grip' porque el asfalto tiene poco uso pero han hecho un buen trabajo». En esa ocasión, quien más se quejó fue un Dani Pedrosa que este fin de semana pone el punto y final a su participación en el Mundial. «En mojado no he notado cambios, hay baches», sentenció aquella lluviosa tarde el piloto de Sabadell. La calificación de ese Gran Premio se celebró en seco y la lluvia apareció en las dos primeras pruebas, dejando en la carrera de MotoGP un carril por el que los pilotos pudieron esquivar el agua caída a mediodía.

Tras cinco años sin nubes en el cielo, la presente edición estará pasada por agua. Algo que mantiene en vilo a la organización tanto por la incidencia que puede tener para los pilotos como para el público, en un Gran Premio donde de nuevo los accesos tendrán complicaciones para los que opten por desplazarse en coche particular al Circuit.