Análisis

Ferrari Horror Story

Ferrari Horror Story

La Scuderia está a punto de perder los dos Mundiales por errores propios, en el primer año en un lustro en el que Mercedes no ha sido tan superior como parecía

DAVID SÁNCHEZ DE CASTRO

Para hablar con un ferrarista hoy, y más si es italiano de cuna, es conveniente armarse de argumentos que llamen a la calma. No hay un aficionado en el mundo de la Fórmula 1 más enfadado que un tifosi de los que llevan en el pecho el escudo amarillo con el Cavallino Rampante en negro en el centro.

Ferrari va a perder el Mundial, salvo un milagro. Los dos, siendo consecuentes: el de pilotos (que da prestigio) y el de constructores (que da dinero). Los errores que cometieron en Singapur son sólo los últimos de una larga lista que han dado al traste con la primera oportunidad real que han tenido de volver a alzar un título desde 2012, cuando Fernando Alonso llegó vivo a la última carrera de Brasil contra todo pronóstico. Si se mantiene la tónica que de toda la temporada, Hamilton y Mercedes reeditarán sus títulos y veremos a un nuevo pentacampeón del mundo de Fórmula 1, el primer británico en lograrlo. Hamilton está muy cerca de ponerse a la altura de leyendas como Juan Manuel Fangio y Michael Schumacher, los únicos de la historia que han alcanzado (y en el caso del alemán, superado) los cinco Mundiales de Fórmula 1.

Matemáticamente, Ferrari y Sebastian Vettel no se han despedido de sus opciones. Agarrándose a los fríos números, de hecho, hay cinco pilotos que aún pueden proclamarse campeones del mundo: Lewis Hamilton, el citado Vettel, Kimi Räikkönen, Valtteri Bottas y Max Verstappen. Además, en la clasificación de constructores, Red Bull puede provocar un 'sorpasso' de proporciones bíblicas sobre Mercedes y los de Maranello.

Vettel tiene opciones de ganar, y sus cuentas son relativamente sencillas: si gana las próximas cuatro carreras y Hamilton no suma, será campeón el alemán de rojo en México. Pero la Fórmula 1 no nos matemáticas puras, y la lógica apunta a que será Hamilton quien levante el entorchado.

Es la pesadilla, la historia de terror que no querían vivir en Ferrari: ser favoritos y no ganar. Las campanas en Maranello han tañido en señal de victoria en cinco Grandes Premios este año, por siete de Hamilton. De esos siete, se podrían señalar al menos en tres carreras en las que los errores, bien de Vettel, bien de Ferrari, han privado de una nueva celebración de los de rojo.

Desde Italia son implacables con el mayor orgullo de su industria automovilística. Ferrari es una religión de obligatorio seguimiento en el país de la bota, y por eso cuando los dogmas se desmoronan, rápidamente se buscan responsables.

Pero Ferrari está en pleno proceso de reconversión, incluso de su propia filosofía. Ascender a Charles Leclerc a compañero de Sebastian Vettel en contra de lo que este mismo quería ha sido una decisión que muchos han visto con excepticismo. ¿Le conviene al piloto alemán tener a un 'coco' a su lado con ganas de comerse el mundo y mucho potencial por delante? Muchos dedos señalan de esta y otras decisiones a Maurizio Arrivabene. El ex directivo de Phillip Morris lleva las riendas de la Scuderia desde hace unos años, y suyas son las responsabilidades de tomar decisiones, muchas veces difíciles, para el bien del equipo. «No es una decisión tomada por Homer Simpson; es una decisión tomada por mí, discutida con la dirección, que está tomando en consideración muchos, muchos factores», justificó el fichaje de Leclerc.

Más complicado tendrá justificar la absurda estrategia de Singapur. Si el sábado la pifia fue de Vettel, que erró de manera clamorosa en la clasificación, todas las miradas el domingo estaban puestas en el muro de la Scuderia. Ahí, Arrivabene sí parecía imbuido del espíritu del padre más famoso de Springfield: «Fuimos a por una estrategia más agresiva (…) y nos quedamos detrás de otro coche». ¿Les suena? Sí, exactamente lo mismo que pasó en Abu Dhabi 2010, esa pesadilla recurrente que vuelve a atormentar a todos los aficionados de Ferrari (y, especialmente, a Fernando Alonso) cada vez que piensa en las oportunidades señaladas y perdidas.

El desenlace de esta pesadilla para Ferrari apunta a no ser el soñado. No podrán acabar con el monstruo final, un Lewis Hamilton temible, dispuesto a devorar todos los récords de Michael Schumacher, la mayor leyenda que se ha puesto un mono rojo de Maranello. La historia de terror que están viviendo los de la Scuderia aún tiene seis actos más, y salvo la aparición de un inesperado giro de guión de esos de película mala de serie B, no van a poder cumplir su sueño… otro año más.

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