Tierra de folclóricos

El folclore es tan viejo como el ser humano y ha sido utilizado tanto para unir países como para dividirlos. /EFE
El folclore es tan viejo como el ser humano y ha sido utilizado tanto para unir países como para dividirlos. / EFE

Las tradiciones populares tienen muchas caras; sirven para hacer patria y también para separarla

JAVIER GUILLENEA

El folclore ha existido siempre, aunque no con ese nombre. Lo del nombre es relativamente reciente porque durante mucho tiempo a nadie se le había ocurrido que las historias que contaban los más viejos al calor de las hogueras y que perduraron de generación en generación podían ser objeto de estudio. Eran relatos más o menos interesantes que se escuchaban de niño y se repetían en la edad madura. Nada más.

El folclore (Londres, 1846)

El origen.
El inglés William Thoms acuñó el término folklore mediante la unión de 'folk' (pueblo, gente o raza) y 'lore' (saber o ciencia). Esta palabra tuvo éxito y se extendió por todo el mundo.
Riqueza.
El folclore español es uno de los más ricos de Europa debido a su situación geográfica y el influjo cultural de los pueblos y tradiciones de América.

Fue mucho después cuando los estudiosos comenzaron a fijarse en las reliquias que habían logrado vadear el paso de los siglos y a las que llamaron, a falta de más ideas, 'antigüedades populares'. En el siglo XIX, en plena efervescencia de los nacionalismos y las identidades, surgieron términos como tradiciones populares, manifestaciones de la cultura popular, demosofía, artesanía, literatura oral, patrimonio cultural o cultura tradicional. Allí había algo que buscaba una partida de bautismo, no había más que mirar alrededor para encontrar un conjunto de prácticas, creencias y costumbres tradicionales de un pueblo, que es una de las muchas definiciones que se le han dado a aquellas antigüedades surgidas del fondo de los tiempos.

Y es en este punto de la disertación cuando entran en escena personajes de leyenda como Lola Flores, Marifé de Triana, Estrellita Castro, Marujita Díaz, Rocío Jurado, Carmen Sevilla o Isabel Pantoja. Ellas y otras más son las folclóricas, las artistas que pasearon por todo el mundo su arte y sus arrolladoras personalidades, las que dejaron bien claro que España era una y diferente y que la española, cuando canta, es que canta con acento andaluz.

Franco utilizó el folclore para romper su aislamiento internacional

'La Faraona' y sus compañeras de gremio tuvieron suerte, porque habrían podido recibir el apelativo de antiguallas populares o haber quedado como las demosóficas de no haber sido por alguien tan poco españolísimo como William Thoms. El 22 de agosto de 1846, este inglés publicó en una revista londinense una carta en la que utilizó por primera vez el término 'folklore'. La palabra, que tuvo un éxito inmediato, había sido acuñada por él a partir del concepto de 'folk' (pueblo, gente o raza) y el de 'lore' (saber o ciencia), y con ella quería designar el 'saber popular'. Para conmemorar esta idea, en 1960 un congreso internacional desarrollado en Buenos Aires acordó instaurar el Día mundial del Folclore (la RAE recomienda que se escriba con ce) en la misma fecha en la que se publicó la carta. Más adelante, la Unesco hizo suya la celebración.

Coros y Danzas

El folclore, y esta es otra definición, es «el material que se transmite por tradición, bien sea por medio de la palabra hablada o por la costumbre práctica», pero también puede ser un instrumento político. Tras la Guerra Civil, Franco ya había utilizado exitosamente a los Coros y Danzas de la Sección Femenina como herramienta para romper el aislamiento al que se veía sometido el régimen. Las folclóricas de la postguerra completaron esta misión. Fueron las embajadoras de una irreal España flamenca de toreros, panderetas y castañuelas, contribuyeron a crear un decorado perfecto que atrajo a millones de turistas.

Los frutos del saber popular pueden servir para reclamar la unidad de la patria o defender su diversidad. Se han utilizado como argamasa para unir a pueblos sojuzgados o como disolvente para separarlos. Hay casi tantos usos del folclore como tipos de bailes en España. Está el flamenco con todas sus variantes, la jota con sus múltiples apellidos, la sardana, el aurresku, el corri-corri, la muñeira, la parranda, el chotis..., así hasta un interminable listado de danzas, cada una de honda raigambre popular y más o menos éxito.

Algunas solo se bailan en un pueblo y en fechas especiales. Otras, como las sevillanas, han viajado por el planeta y hasta hay japoneses que las interpretan mejor que los oriundos de Sevilla. El folclore no cesa de cambiar, por eso es tan complicado definirlo. Incluye no solo bailes, sino también música tradicional, leyendas, cuentos, artesanía y supersticiones. Surge del mundo rural, pero también de las ciudades. Está por todas partes y crece sin descanso, no puede dejar de hacerlo porque todos somos folclóricos.