Priorat quiere llamar al vino por su nombre

Expertos de todo el mundo asistieron a una cata profesional de algunos de los mejores caldos de la denominación./
Expertos de todo el mundo asistieron a una cata profesional de algunos de los mejores caldos de la denominación.

La Denominación de Origen estrena una nueva clasificación que identifica los vinos de villa, paraje y viña clasificada con sus topónimos tradicionales

GUILLERMO ELEJABEITIA

Mucho antes de que se cotizaran en el mercado internacional, los campesinos del Priorat ya sabían que de la viña junto a la Ermita de la Consolació o de la Solana de Porrera podían obtenerse caldos excepcionales. También que en los años cálidos la villa de Morera produciría cariñenas frescas y minerales, mientras que de Gratallops saldrían garnachas cálidas y corpulentas. Ahora los viticultores de la zona quieren que esa sabiduría ancestral pueda ser valorada por quien descorcha una de sus botellas en Hong Kong, Toronto o Bruselas. Las nuevas categorías que ha presentado el Consejo Regulador distinguen entre vinos regionales, de villa, de paraje o de viña clasificada, además de otorgar especial protección a las cepas viejas. Una pequeña gran revolución en el sector vitivinícola español que podría crear escuela.

Con 2.000 hectáreas de viñedo y una producción anual que ronda los 5 millones de botellas anuales, esta pequeña región de Tarragona al abrigo de la sierra del Monsant tiene un peso escaso en el volumen de producción nacional, pero ha conseguido colocar un puñado de sus mejores caldos entre los más apreciados del mundo. Su apuesta por la viticultura de calidad o por la recuperación de variedades autóctonas hace 30 años se reveló pionera, como también lo es ahora esta nueva forma de clasificar los vinos, más parecida a la que rige el mercado internacional. Al fin y al cabo, de los franceses 'village', 'cru' o 'grand cru' han tomado prestados los catalanes sus 'vins de vila', 'paratge' o 'gran viña'.

La nueva clasificación «no es privativa ni prohibitiva», aclara el presidente del Consejo Regulador, Salustiá Álvarez. Aunque se podrán seguir etiquetando botellas bajo la denominación regional Priorat, la DOC ampara ahora que se exhiba también la toponimia tradicional, especialmente cuando ésta sea sinónimo de unas virtudes especiales. Para ello se ha elaborado un exhaustivo catastro que subdivide la región en 12 villas, 459 parajes y hasta 1.500 viñas en función de los tipos de suelo, los microclimas o los flujos de uva tradicionales durante la vendimia, entre otros factores.

Serán las bodegas quienes decidan si quieren mantenerse bajo el paraguas de Priorat sin dar más detalles o adoptar alguna de estas denominaciones, pero si lo hacen tendrán que cumplir una estricta normativa y someterse al criterio de comités de cata internos y externos. Al reforzar la identidad y reconocer los mejores pagos, buscan marcar un perfil alto que les abra jugosos mercados en el disputado negocio del vino. «Los nombres de la tierra son un tesoro patrimonial que lugares como Borgoña, Burdeos o el Piamonte han sabido mantener, pero en España en un momento dado se perdieron por la industrialización del campo y las denominaciones regionales; ha llegado el momento de recuperar esa historia», afirma Álvaro Palacios, probablemente el bodeguero español más prestigioso.

La cima de la pirámide la ocuparán los vinos de 'Gran Vinya Classificada', «muestras muy escasas de talento natural e historico, una conmovedora alianza entre capricho de la tierra y tradición que ha sabido salvaguardar hasta el presente las joyas vitícolas más exclusivas», reza la nueva normativa. De momento, el único candidato para obtener esa distinción es La Ermita, del propio Palacios, a más de 1000 euros la botella. En los alrededores de la cumbre está la 'Vinya Clasificada', cuyas virtudes excepcionales hacen que su producción merezca ser embotellada aparte. Las escasas referencias que podrían lucir automáticamente este título son Clos Mogador, Mas d' la Rosa y Mas d'en Gil, pero se espera que pronto soliciten su incorporación algunas más.

Donde podrían aflorar decenas de caldos interesantes que hoy acaban mezclados en grandes producciones es en la categoría de 'Vin de Paratge', que identifica en cada pueblo cuáles son los enclaves que, por su orografía, su microclima o el tipo de suelo, tienen mejores condiciones para la viticultura. Muchos de los registrados por el Consejo Regulador no están cultivados, pero alguna vez lo estuvieron y la sabiduría popular ha mantenido viva su reputación. Por debajo de ellos estarían los 'Vins de Vila', que reflejan «la tipicidad del mosaico paisajístico de cada municipio», una categoría que está en vigor desde 2009 y fue el primer paso para esta nueva clasificación.

Álvaro Palacios: «Ojalá todos tuviéramos el mismo mensaje para no confundir a los mercados»

La presentación de las nuevas categorías que regirán Priorat reabre el principal debate que está viviendo el mundo del vino en los últimos años. La clasificación española distingue entre cosechas, crianzas, reservas y grandes reservas en función del tiempo que el vino pasa en barrica, sin importar su procedencia, de ahí que podamos encontrar en el supermercado grandes reservas por menos de 10 euros. Algunos bodegueros de prestigio, con el riojano Álvaro Palacios a la cabeza, llevan años defendiendo una nueva clasificación que reconozca la personalidad de los vinos de pueblo o el valor de los viñedos más especiales, con desigual resultado. Mientras que Priorat ha tomado la vía borgoñona que defiende Palacios, en Rioja se ha puesto en marcha la nueva categoría de 'viñedo singular', prestada de la 'single vineyard' anglosajona. «Ojalá todas las regiones tuviéramos el mismo mensaje para no confundir a los mercados -lamentaba el de Alfaro estos días-, así el mundo tendría claros cuáles son los principios que rigen el vino tradicional».

EL DATO: 5.000.000 de botellas produce anualmente la DOC Priorat, unas 100 veces menos que Rioja. La superficie cultivada ronda las 2.000 hectáreas.