Annie Ernaux: «Escribir es un acto político»

La escritora francesa Annie Ernaux./EFE
La escritora francesa Annie Ernaux. / EFE

«Huyo de la escritura ornamental, busco frases justas y verdaderas, nunca bonitas o hermosas», dice la ganadora del premio Formentor

Miguel Lorenci
MIGUEL LORENCIPollença (Mallorca)

«La escritura es política, y para mí un acto político supremo». Lo dice con tanta dulzura como contundencia Annie Ernaux (Lillebonne, 1940), la narradora francesa que renunció a la ficción y a su clase para encontrar su lugar en el mundo y en la literatura entrando en lo más hondo de su yo. Lo explicó Ernaux al recibir este viernes el Premio Formentor de las Letras, dotado con 50.000 euros, y erigida en la protagonista de las Conversaciones de Formentor que organiza la Fundación Santillana. Comprometida con el feminismo y las reivindicaciones de los 'chalecos amarillos' en su país, Ernaux «comprende» pero no «justifica» el uso de la violencia para reivindicar derechos cuando el pode niega la palabra a los más débiles.

La autora de 'El lugar', 'La mujer helada', 'La vergüenza', o 'El uso de la foto' muestra en sus libros «el reverso de unos acontecimientos en apariencia obvios». Lo hace de forma «implacable», según el jurado que la premió. «Desconozco el efecto de mi escritura y no creo ser implacable. Se dijo que lo soy porque quizá mi literatura no se percibía como la de una mujer. Me choca ese comentario. Nunca se plantea cómo debe ser la literatura de un hombre y solo se hace en el caso de una mujer. Lo peor es que se creyera que mi literatura era la de un hombre», se duele.

«Puedo aceptar que mi literatura sea cruda, porque jamás he escrito en busca de una una frase bonita», admite. «He huido siempre de la escritura ornamental. Busco frases justas y verdaderas, no hermosas», destaca la cuarta ganadora del Formentor, que toma el testigo de Nathalie Sarraute, Dacia Maraini y Gisela Elsner.

'Traidora' a su clase

Hija de unos modestos tenderos normandos, la cruda obra de Ernaux emerge del sentimiento de haber «traicionado» a su clase social, de «alejarse» de su familia obrera para convertirse en escritora e intelectual. «La literatura me ha permitido sublimar y poner a día ese conflicto entre el mundo popular de mis orígenes y el mundo cultivado e intelectual que domina y ejerce el poder», dice.

«La escritura es política y el acto político másimportante que puedo hacer es escribir», dice con una voz suave y envolvente. Comprometida con el feminismo, innovadora y valiente abordó vivencias tan dolorosas como el aborto ('El acontecimiento'), la muerte del padre ('El lugar'), la enfermedad de la madre ('No he salido de mi noche'), el cáncer ('El uso de la foto'), el derrumbe del matrimonio ('La mujer helada') o la recuperación de la pulsión sexual ('Pura pasión'). El rechazo de la ficción, reconoce, la convirtió en la escritora que es. «Fue progresivo. Me hubiera gustado fabular sobre el mundo de mis padres y de mi infancia, pero fue imposible. Pensé que no era legítimo escribir sobre mí, y a raíz de esa constatación rechacé la ficción. No podía partir de eso. Cuando comencé escribir tenía la memoria de algunas cosas que había vivido, pero no la memoria social que luego se hizo tan presente en mi obra», aclara.

Feminista pioneray activa, es optimista ante las conquistas de las mujeres, pero dice que no hay que bajar la guardia «La batalla que se libra desde hace siglos y seguirá por mucho tiempo», dice instando a las mujeres a «liberarse del ordenador doméstico que aún llevamos en la cabeza». De «una carga mental que nos lleva a asumir el papel de ocuparse de los niños, de la alimentación y de sostener la casa». «Hay que cambiar, liberarse de esa carga mental para funcionar como los hombres que tienen los resortes del poder político económico que hacen marchar el mundo», agrega.

No cree que haya que ser alarmistas ante los brotes de 'retrofeminismo' y el 'contransfeminismo' encarnados en España por formaciones como Vox que niegan la violencia de género. «Es posible que haya cierto retroceso, pero las mujeres no debemos aceptarlo; debemos estar vigilantes», insiste.

Conecta su literatura con las reivindicaciones de los «chalecos amarillos» en Francia a los que apoya. Sin llegar a legitimar la violencia, dice comprender su ejercicio. «No la justifico, pero puedo comprender que se recurra a ella cuando es el último recurso para los que no son escuchados; los que no tienen voz. Se les cuestiona por venir de la base, por no ser identificables, y se le acusa de antisemitas y misóginos solo para desprestigiales».

'Monstruos, bestias y alienígenas' es el lema de las Conversaciones de Formentor 2019 y Ernaux reconoce que entre sus monstruos protectores y bondadosos está «Proust, Flaubert y Virginia Wolf». «Detesto a Houellebecq», dice sin pudor y sin perder la sonrisa la autora de 'Los años', su visión de los cambios en la sociedad francesa, todo un fenómeno en su país y que Cabaret Voltaire publica en España coincidiendo con la concesión del Formentor.