Carla Pereira: «Hay grandes oportunidades en Valencia para el cine de animación»

La animadora Carla Pereira. /IRENE MARSILLA
La animadora Carla Pereira. / IRENE MARSILLA

La artista, que ha trabajado con el cineasta Wes Anderson, asegura que los profesionales no apuestan por 'stop motion' «porque temen no encontrar financiación»

Sara Roqueta
SARA ROQUETA

valencia. Animación en volumen, animación fotograma a fotograma. La idea es aparentar el movimiento de objetos estáticos, sino que se lo digan a Carla Pereira, amante de lo matérico y de otorgarle vida, milímetro a milímetro, a figuras hechas artesanalmente. Esas mismas que más tarde tomarán la gran pantalla. La animadora, natural de Buenos Aires pero afincada en Valencia, porta consigo un amplio currículum del que destaca su colaboración como ayudante de animación en 'Isla de Perros', obra del director Wes Anderson. Pero, más allá de las grandes producciones, Pereira todavía apuesta por Valencia, donde dirige el Colectivo Engranaje, un espacio dedicado íntegramente a la animación 'stop motion'.

–Desde la pantalla vemos el resultado de horas y horas de trabajo. Tras el foco, ¿qué implica dedicarse a la 'stop motion'? ¿Qué elementos reúne esta técnica para que decidiera dedicarse a ella?

–Me he dado cuenta que en esta profesión hay un gran fetichismo por lo matérico, por todo aquello que se puede tocar. Conseguimos darle vida a cosas que están muertas. Es como la escena del doctor Frankenstein. Algo que está vacío comienza a caminar. Es muy mágico.

–Siempre tuvo suerte o, ¿la precariedad también acecha a este sector?

–Para mi sorpresa, llevo años trabajando como animadora 'stop motion'. No siempre es fácil, pero la clave está en la capacidad del espectador para dejarse hipnotizar y creerse lo que está viendo. Cuántos más proyectos se hagan con 'stop motion' más demanda habrá.

–Un ejemplo de ello es el reconocimiento adquirido por cintas de animación como 'Isla de Perros' ¿Cómo es trabajar bajo las órdenes de Wes Anderson?

–Lo recuerdo como si lo hubiera soñado. Tuve un poco de síndrome del impostor cuando estuve allí. Aprendí mucho, pero también lo viví como algo muy abrumador. Nunca había estado en una producción tan exigente. Grabábamos tres segundos de película al día. Wes Anderson estaba en todo, en cada pequeño detalle. Resultaba agobiante. Luego cuando hice mi propio cortometraje empaticé muchísimo con él.

–Se ha implicado en proyectos en Noruega, Holanda, México o Londres. Aún así regresa a la Comunitat. ¿Es Valencia una ciudad proclive al 'stop motion'?

–Sí. En Valencia hay grandes oportunidades. Hay muchos estudios de animación. Están Pangur Animation, Inspira Animation, que es la productora de Javier Tostado, Potens Plastianimation o Conflictivos Productions.

–Desde hace cinco años, Valencia cuenta con su propio festival Internacional de Cine Infantil en el que se promociona la 'stop motion'. Sin embargo, sus creadores, ¿desean huir de esa relación con la animación infantil?

–Sí. Siempre reivindico que se considere una técnica y no un género. Está muy vinculada a lo infantil porque los orígenes de la animación están ahí y eso es inevitable. Sería muy interesante quitarle esa etiqueta. Lo que no me gusta de las grandes productoras, como Laika o Aardman, es la idea de instrumentalizar el talento de profesionales brillantes al servicio de un virtuosismo que está vacío o destinado a un público infantil.

–De hecho, su primer cortometraje, 'Metamorfosis', no está precisamente dedicado a los más jóvenes...

–No. Sin duda está hecho para adultos. Con este trabajo, mi compañero Juanfran Jacinto y yo fuimos coherentes con lo que nos interesa. Un cortometraje no tiene porque ser un jeroglífico. Además, hay mucha gente que está deseando contar historias adultas en 'stop motion' pero no lo hacen. Dan por hecho que no van a encontrar financiación.

–¿Cómo fue sacar este proyecto adelante? ¿Existe más apoyo en el extranjero que en España?

–Durante el proyecto tuvimos un productor español y otro francés. Ahí se notaron las diferencias. Las ayudas del estado francés a la cultura son mayores que las que se dan aquí. Confío en que esta situación cambie. Básicamente, el trabajo de dirección implica una motivación enorme porque es algo que no tiene tanta rentabilidad. Hacer 'stop motion' es arriesgar y amar un poco la técnica.