«Por fin todo ha terminado»

Una mujer y un niño, a las puertas de su casa en Pinet./J. Monzó
Una mujer y un niño, a las puertas de su casa en Pinet. / J. Monzó

Los vecinos de Pinet regresan al pueblo pero no se les permite acercarse a la sierra hasta que finalice la extinción

B. G. / Ó. DE LA DUEÑA

Sonrisas y lágrimas de alegría entre los vecinos de Pinet al conocer que podían volver a sus casas después de dos días de incertidumbre que no podrán olvidar nunca.

«Por fin todo ha terminado. Hemos pasado mucho miedo. Abandonar nuestras casas ha sido muy triste, porque no sabíamos que nos encontraríamos a la vuelta, pero gracias al trabajo de bomberos y militares el fuego no ha llegado. Ahora, lo que tenemos es ganas de descansar y tranquilizarnos», asegura Emilia Benavent, una de las vecinas.

«Estamos muy contentos de volver a casa. Nos aseguraban que nuestras casas estaban bien, pero hasta que no la ves, no estás tranquila», comenta Begoña Pérez y añade que «para los que amamos la naturaleza y este paraje, donde celebrábamos tantas actividades, es muy duro verlo todo quemado, aún así, lo importante es que no se han perdido vidas humanas ni de animales».

La vuelta ha sido rápida ya que son pocos vecinos los que viven en este municipio. Una veintena de vehículos en romería hacia Pinet. A la llegada, de nuevo lágrimas, de ver la casa intacta, con alguna ceniza por los patios y en las cancelas. «Mira cómo está todo. Es que tuvimos que salir con lo puesto», se disculpa José Mahiques, que lo primero que hace es dar de comer y beber a sus perros. «Ahora me voy a la granja, a ver a los pollos. Esta mañana ya estuve acompañado por la Guardia Civil, pero por si les falta algo», explica con ganas de reanudar su rutina.

No curiosear

Y es que se les ha advertido de las condiciones del regreso a casa: sólo pueden estar en sus viviendas o en la calle, pero en ningún momento ir por caminos forestales o querer ver cómo ha quedado el paraje. Los granjeros sí pueden ir a dar de comer a sus animales pero siempre con precaución.

En el caso de Gandia, el control de las llamas en todo el paraje de Marxuquera permitió ayer el regreso de las familias del sector l'Ermita, donde hay una treintena de casas. Rocío Mestre, una vecina, contó que se tuvo que ir el martes «con lo puesto» y que no veía el momento de regresar. «Cuando estás varios días fuera de tu casa echas de menos hasta tu propia ducha», agregó.

Otra de las residentes de esta zona, Amparo Muñoz, se mostró mucho más crítica con el gobierno local: «Nadie nos decía nada. Ni por los grupos de vecinos ni mediante una simple llamada telefónica», lamentó esta vecina.

«En fin, lo importante es que hemos vuelto a casa y ahora toca hacer balance de los daños y retirar la ceniza, que se ha metido hasta el último rincón», aseguró. Aunque el fuego no ha llegado a l'Ermita, este sector, se quedó sin luz el lunes por la tarde. Esto ha hecho que mucha gente pierda alimentos.

«Vivimos en la montaña, lo normal es tener una nevera y un par de congeladores. Todo se ha echado a perder. Reponer todo lo que voy a tirar me costará al menos 1.200 euros», agregó. En Gandia regresaron ayer los vecinos de l'Ermita y de La Drova en Barx. Siguen cerradas Montesol, Montepino y Las Cumbres, todas en Gandia. «Están blindadas para evitar robos o incidentes», indicó la alcaldesa de Gandia, Diana Morant.

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