Política y propaganda

Pedro M. Campos Dubón
PEDRO M. CAMPOS DUBÓN

La política ha mutado en fuegos artificiales. Llega el Debate de Política General de la Comunitat y, sin ser Rappel, sabes cuál va a ser su minuto a minuto: anuncios que quedarán en eso, gritos, gestos para la foto y competición entre los portavoces para expresar la mayor ocurrencia que se convierta en un titular. '¿De forment? Ni un gra'. La gente, la de la calle, ya está cansada de actuaciones. Ni se molesta en plantarse delante de la televisión para seguir la confrontación, muchos prefieren 'Salvame'. Son formatos casi similares. La gravedad del asunto es que las medidas que toman los políticos afectan, sobre todo, a los bolsillos del pueblo. Si pasamos a la suite presidencial, allí aparece un Pedro Sánchez que ya no entiende su labor sin dar bandazos. Hoy me pongo digno y no le quiero vender armas a Arabia Saudí y al día siguiente la ministra de Defensa rectifica por el enorme perjuicio a los trabajadores de los astilleros y porque hay compromisos firmados que se deben respetar. No es de recibo tener una idea y tirar adelante con ella sin prevenir las consecuencias. Para que esto no ocurra debe existir un contrapeso en la Moncloa, un jefe de gabinete que ejerza. Pero Sánchez ha preferido a un consultor. Entenderá de métrica y encuestas, pero la fontanería es para especialistas, esos que hacen y entienden la política frente a la propaganda. Pero las credenciales del Gobierno quedaron fijadas con el reparto de cargos a afines y que muchas medidas adoptadas están dirigidas a sus votantes. Ya ni se pueden consolar echando un vistazo a lo que ocurre en la Casa Blanca. Un showman ostenta el cargo de comandante en jefe. Trump son mentiras y delirios. Pero allí los suyos se han plantado y ya se otea un impeachment -proceso de destitución- contra el presidente de EEUU para frenar la agonía.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos