Música, maestro

Dos trajes propiciaron docenas de portadas, pero este desastre de situación tiene la baraca de la izquierda española

F. P. PUCHE

Sé de un arquitecto, uno al menos, que cuando dirigió la operación de limpieza de las torres de Serranos dejó al propietario del monumento un programa de mantenimiento tan completo, exhaustivo y exigente como el propio proyecto que acababa de desarrollar. Pero Paco Cervera siempre ha sido bastante pesimista sobre la aplicación de los consejos que dejó anotados.

- No suelen hacer caso; en los presupuestos de la administración rara vez se programan partidas de mantenimiento.

Al mundo moderno se le cae la baba hablando de sostenibilidad. Arquitectura e ingeniería han abierto vías para que esa asignatura, convertida en especialidad, ocupe su lugar en dos de las profesiones más viejas del mundo. De qué sirve trazar carreteras que se desmoronan y puentes que se corroen antes de lo previsto a causa de que no se programan ni cumplen inversiones de prevención. De qué sirve anunciar a platillo y bombo que la temporada próxima del Palau de la Música se va a dedicar a Beethoven y que la Filarmónica de Viena vendrá el 26 de abril con el maestro Zubin Mehta en el podio, si tú no has hecho los deberes de mantenimiento, tienes humedades y las escayolas de los techos están a punto de romper la crisma a los oyentes de Paquito D'Rivera en una noche de jazz.

Avergüenza, y mucho, lo que le está ocurriendo, no al Palau de la Música sino a la muy deficiente, sesgada e inexperta gestión cultural de Gloria Tello por delegación de Joan Ribó. Herederos, claro que sí, de bastantes años de oídos sordos a problemas de infraestructura y de inversiones en remiendo y parche. Pero los cuatro años de legislatura a las espaldas es tiempo suficiente para haber aprendido lo que hay que saber en ese mundo sin piedad que es la administración.

La gracia de lo que por decir algo se llama la izquierda, la baraca que tienen los que reparten escapularios de progresía y nos dicen cómo hemos de vivir, es la que evita que la prensa y la televisión que más les duele a los nacionalistas, que es la de Madrid, se esté ocupando como debiera de un escándalo que, de no encontrarse una solución en un mes, será internacional por sus repercusiones. Todos sabemos que si el Palau lo hubiera diseñado Santiago Calatrava estaríamos hablando con visos de tragedia y ya tendríamos declaraciones hasta del inexpresivo Sokolov (20 de febrero, Dios mediante). Si dos trajes conquistaron docenas de portadas, vamos a ver qué pasa el 18 de octubre, cuando abra la temporada de abono, si han que llevar la Tercera de Mahler a la Rambleta o mejor al Micalet.

Y todo, porque nos quedamos siempre en la periferia, sin ir al meollo. ¿Cuándo empezaremos a hablar de lo que debería haber hecho hace veinte años Rita Barberá, que es privatizar la Orquesta y el Palau de la Música y poner la cultura musical en manos de un patronato de mecenas y donantes basado en la gestión privada?