Ay, la izquierda

Beatriz De Zúñiga
BEATRIZ DE ZÚÑIGA

El gran problema de la izquierda sólo es la misma izquierda. A estas alturas, ya no necesitan ni rivales políticos ni partidos emergentes. Les basta con estar ellos solitos con sus riñas (y morriñas) internas y contiendas de poder. Esa izquierda que ahora se resquebraja por Podemos, pero que antes (y sigue haciéndolo tras el chaparrón de Andalucía) lo hizo por el bando del PSOE. Llegados a este punto, resulta obvio advertir que a las tres derechas les vale con estar tranquilitas, observando, expectantes, sin moverse. Sin pronunciarse. Porque, sinceramente, Sánchez e Iglesias no necesitan oposición alguna, ni crisis económicas mundiales. Tampoco sucesos escabrosos por inversiones deficientes que les hagan perder votantes, empatías y simpatizantes. Pues en algo sí son, lamentablemente, autosuficientes: en autodestruirse. Y ahí está el reciente ejemplo Errejón, quien, sin ayuda de nadie y sin que se haya dado el verdadero pistoletazo electoral, con una rastrera artimaña fuera de la maquinaria, ha sido capaz de abrir en canal al partido que él mismo (junto a su 'eterno' amigo) fundó. Con razón o sin ella, y tal vez con bastante acierto electoralista, de nuevo, los dirigentes 'progresistas' se equivocan en las formas, en el modo y en los tiempos, alejándose todavía más, si cabe, de sus verdaderos votantes. Creando así un desconcierto que no logró ni el mismísimo Aznar cuando aupaba a un joven Rivera. El partido morado todavía no se ha dado cuenta de que ahora ya es un incesante coladero de votos. Y, más que pese, muchos de los que les apoyaron como consecuencia del hastío, sin importarles el abismo ideológico existente, hoy se rinden a Abascal. Ay, la izquierda que lo está haciendo muy muy mal, que ya no tiene ni discurso, ni proyecto, ni bandera. Que algún Iván Redondo les diga que en política no vale lo de 'caminante no hay camino', pues el camino se tiene que hacer mucho antes de empezar a andar.

 

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