La obesidad afectará a tres millones de valencianos en 2030

Sedentarismo y alimentos poco saludables disparan el sobrepeso y el colectivo reclama médicos especialistas

Daniel Guindo
DANIEL GUINDOValencia

«La obesidad es una enfermedad crónica, progresiva e irreversible». Así define Jesús Díaz, presidente de la Asociación Nacional de Personas Obesas (Asepo) la que considera «la pandemia del siglo XXI»; un problema que va a más y del que la Comunitat no es ajeno. De hecho, un informe elaborado por especialistas del Instituto Hospital del Mar de Investigaciones Médicas de Barcelona establece que, dentro de poco más de una década, el 80% de los hombres y el 55% de las mujeres mayores de 16 años sufrirá exceso de peso. En el caso de la región, extrapolando estos porcentajes con la proyección de población prevista por el Instituto Nacional de Estadística para la autonomía, las cifras apuntan a que alrededor de tres millones de valencianos (1,73 millones de hombres y 1,27 de mujeres) presentarán obesidad o sobrepeso en 2030. El caso de Teo, el joven con obesidad mórbida de Turís, ha puesto cara a una situación que, cada vez, se reproduce con más frecuencia, y de la que los expertos alertan que se está convirtiendo en un creciente problema sanitario.

Así, para establecer la evolución prevista para los próximos años, en la investigación publicada en la Revista Española de Cardiología se han revisado artículos que analizan datos de más de 300.000 personas, lo que ha permitido a los investigadores hacer el seguimiento de la evolución de la prevalencia del sobrepeso y la obesidad en España en las últimas décadas. Según el estudio, en 2016 había en España unos 24 millones de casos de exceso de peso, es decir, el 70% de los hombres y la mitad de las mujeres en edad adulta, lo que supone tres millones de personas más que en la década anterior. Si se mantiene esta tendencia, los investigadores prevén que esta cifra superará los 27 millones de personas en 2030 -de ellos, algo más de tres entre los residentes en la Comunitat-. En esta línea, según las estimaciones que barajan los especialistas, entre 1987 y 2014 se produjo un incremento anual del sobrepeso del 0,28% en hombres y del 0,10% en mujeres, y de la obesidad del 0,50% en varones y del 0,25% entre las féminas.

Los investigadores apuntan a diversos motivos para este sostenido crecimiento del sobrepeso. Patrones de alimentación menos saludables, con más consumo de productos industriales y menos de fruta, verdura y legumbres, más sedentarismo y un incremento de la ocupación y del poder adquisitivo, que puede comportar que se adopten patrones dietéticos menos tradicionales, son algunos de ellos.

El análisis de los datos también ha permitido hacer una estimación del coste extra que supone para el sistema de salud la atención a las personas con exceso de peso. «Se trata de pacientes que tienen más posibilidades de incrementar el gasto sanitario a causa de las comorbilidades que sufren, como enfermedades cardiovasculares, diabetes o cáncer, asociadas al sobrepeso y a la obesidad», explica Álvaro Hernáez, primer firmante del trabajo. Así, según las estimaciones de los especialistas, en 2016 el sobrecoste directo respecto al 2006 se incrementó en 524 millones de euros hasta llegar a los 1.950 millones. Esta cifra es el 2% del presupuesto en sanidad del Estado para 2015 (más de 95.000 millones de euros) y, si se mantiene el incremento de casos, continuará creciendo en 440 millones cada año, para superar los 3.000 millones en 2030. Para llegar a estas conclusiones se ha utilizado una estimación previamente publicada de los sobrecostes que va de los 40 a los 170 euros por año en función del peso y del sexo del paciente.

Dos mujeres caminan por una calle de Valencia.
Dos mujeres caminan por una calle de Valencia. / Consuelo Chambó

Pero lejos de las frías cifras están los problemas reales, los que destaca el portavoz de la asociación de afectados. Díaz apunta que el principal escollo es que la obesidad es una enfermedad «multifactorial y metabólica». En el ámbito sanitario, «somos pacientes crónicos con patologías asociadas como problemas de movilidad, cardiovasculares o de artrosis, pero no se trata como un problema agudo, sino como una especie de malestar. Como hay un exceso de grasa, te mandan una dieta y con eso intentan tratarnos. Pero estos protocolos están arcaicos y hay que modernizarlos», resume el presidente de la entidad, quien reclama facultativos especializados, puesto que, en la mayoría de los casos, son atendidos por médicos de familia y enfermeros. «Sería conveniente que nos realicen análisis específicos, que nos evalúen y nos hagan un informe médico completo. Necesitamos claridad, que nos digan que tenemos un problema y que hay que atajarlo, puesto que la mayoría no se reconoce como obeso», resume. El colectivo también requiere atención en el aspecto psicológico porque buena parte de los casos responde a un hecho que deriva en comer de forma compulsiva, como la muerte de un ser querido, una ruptura sentimental o inestabilidad laboral, por ejemplo, «y eso no se corrige con dieta».

También pide equipos multidisciplinares, puesto que «tenemos problemas sociales y de igualdad». Al respecto, ejemplifica que «no contamos con las mismas condiciones para competir en el mercado laboral, ya que estamos estigmatizados, puesto que la obesidad se relaciona con personas sedentarias». Por tanto reclama que, como a otros colectivos de discapacitados, «se proporcionen ayudas para la inserción laboral o, incluso, para facilitar el acceso a gimnasios». «No queremos una paga permanente, pero un mínimo para que haya igualdad», asevera. Asimismo, «necesitamos un técnico deportivo que nos asesore, no sólo que nos digan que andemos o hagamos deporte». En definitiva, Díaz solicita que se detecte si el problema de cada paciente es dietético, psicológico o endocrino y, en función de ello, se adopten las medidas específicas para cada vía concreta.

Sobre el origen del problema, el portavoz del colectivo a nivel nacional apunta a varios factores, pero los cambios en los hábitos de vida, especialmente en los laborales, y el tipo de alimentación estaría detrás de buena parte de los casos. Al respecto, asegura que «donde hay precariedad laboral hay más índice de obesidad, puesto que se tiene acceso a alimentos de tercera categoría, en su mayoría, como carbohidratos y comida procesada; puesto que sin un trabajo estable hay menos dinero para la cesta de la compra». También lo relaciona con el sedentarismo. «Hay más trabajo de silla que de esfuerzo físico, cambia el patrón laboral y se trabaja más desde casa, lo que deriva en picoteo, que no es saludable», agrega. Sin embargo, matiza el portavoz, «al final también depende de la facilidad de cada uno para engordar».

«Falta más educación en los colegios y colaboración de la industria alimentaria»

«La sociedad todavía no ha aprendido lo importante que es lo que uno come, y esto debe calar sobre todo en los niños, pero falta educación en los colegios». La doctora María Ángeles Burguete es una especialista en nutrición y medicina estética del hospital IMED Valencia y apunta a la necesidad de realizar campañas, especialmente sobre los más jóvenes, sobre la importancia de contar con una dieta variada y equilibrada. Para tratar de atajar el creciente aumento de personas con sobrepeso y obesidad, «una tendencia que asusta», reclama también la colaboración de la industria alimentaria. «No es permisible que, nada más entrar al supermercado, tengas al alcance la mano productos que no son beneficiosos para la salud; algunos de ellos incluso deberían prohibirse», destaca la experta.

Pese a la tendencia actual, Burguete confía en la «ley del péndulo». «Cuando las personas llegan a un extremo, reaccionan, y se dirigen al contrario, aunque lo ideal sería el término medio», resume. Al respecto, señala que modas actuales relacionadas con el deporte, como el running, o con la alimentación, como la comida vegana, pueden favorecer también a que «las predicciones que se manejan no lleguen a darse».

La facultativa achaca el creciente aumento de peso entre la población un amplio abanico de factores. Entre ellos, destaca la sobrealimentación -«hay personas que no saben medir bien las raciones»-, la falta de información, «la facilidad que tenemos para meternos 200 o 300 calorías en un pequeño bocado», el sedentarismo -«el ser humano está preparado para cazar y con gran esfuerzo y ahora te traen la comida a casa»-, que «todo lo celebramos comiendo y se llega a convertir en un problema», y la ansiedad y el estrés, «que no se sabe controlar con la comida, y se convierte en un momento de placer». Pero también se dan casos de obesos afectados por hipotiroidismo, donde las glándulas tiroideas no segregan esta hormona, lo que hace que el metabolismo sea más lento y se quemen menos calorías. Estas personas se enfrentan a serias dificultades para perder peso y demasiadas facilidades para aumentar de talla.

Como consecuencias del sobrepeso y la obesidad, esta experta apunta a enfermedades cardiovasculares, diabetes de tipo II, problemas en el aparato locomotor, aumento del riesgo de cáncer en una decena de tipos; y el consiguiente incremento del gasto sanitario.