¿Están seguros los monumentos valencianos ante posibles incendios?

Nave central de la Catedral de Valencia. En las bóvedas se pueden observar orificios en los que se ubican detectores de humo. / damián torres
Nave central de la Catedral de Valencia. En las bóvedas se pueden observar orificios en los que se ubican detectores de humo. / damián torres

Expertos abogan por invertir en prevención y alertan del riesgo en ermitas y centros pequeños

JOAQUÍN BATISTAVALENCIA.

El pavoroso incendio en la catedral de Notre Dame ha puesto el foco en los sistemas de protección del patrimonio cultural. En el caso de la Comunitat, tal y como explican diferentes instituciones titulares y administraciones, se cumple con todas las medidas exigidas para minimizar cualquier factor que pueda ocasionar pérdidas irreparables. Y siempre teniendo en cuenta que el riesgo cero no existe, idea que repiten como un mantra varias de las fuentes consultadas.

Desde la Conselleria de Cultura explican que todos los edificios de la Generalitat «cuentan con un plan de emergencias que contempla la normativa estatal de obligado cumplimiento contra incendios», en el que se detalla el protocolo de actuación, desde las tareas de dirección hasta los recorridos de evacuación, pasando por los accesos para las tareas de extinción o las bocas de agua próximas. Además, añaden, «los servicios de emergencias y de bomberos tienen una copia del plan de cada edificio para actuar sobre el terreno de forma concreta y precisa en el caso de que sea necesario».

La Catedral de Valencia dispone de detectores de humo en las bóvedas de las naves

Josep Montesinos, experto en Historia del Arte y decano de la Facultad de Geografía e Historia de la Universitat, señala además que existe un Plan Nacional de Emergencias y Gestión de Riesgos en Patrimonio Cultural, que incluye directrices para actuar ante cualquier tipo de catástrofes, incluyendo las derivadas de un fuego. Y a nivel municipal, desde la Concejalía de Patrimonio que dirige Glòria Tello insisten en que se cumple con la normativa estatal, por lo que disponen de planes específicos para los inmuebles de su titularidad sobre cómo actuar dependiendo de sus características.

La Lonja

En el caso de la Lonja, desde hace un año existe un avanzado sistema basado en la aspiración del aire durante las 24 horas del día y en su análisis automático, que en caso de detectar alguna irregularidad emite un aviso. Las mismas fuentes explican que se hacen simulaciones periódicas y se imparten cursos de autoprotección para los trabajadores.

En cuanto al Archivo Histórico, existe un sistema activo de extinción automático, mientras que en otros inmuebles, dependiendo de si la legislación lo permite -teniendo en cuenta la Ley de Patrimonio y la especial protección de determinados edificios- se introducen bocas de incendio o extintores portátiles. Desde la concejalía añaden que otra de las medidas antiincendios es la videovigilancia durante las 24 horas del día, que por ejemplo funciona en los museos municipales.

Respecto a la Catedral, el canónigo conservador Jaime Sancho explica que el inmueble nunca podría arder de manera similar a Notre Dame, ya que encima de las bóvedas están las terrazas de ladrillo, por lo que no hay techumbres de madera, una prudencia arquitectónica que vincula con las ordenanzas del arzobispo Isidoro Aliaga, «que en el siglo XVII, para evitar incendios, prohibió que en los templos los tejados se apoyaran en vigas de madera, estableciendo que el apoyo fuera en tabiques conejeros o bardos».

Además, la Seo cuenta con un sistema de detección de humo en las bóvedas (unos conductos que sobresalen ligeramente), así como con extintores portátiles. El conservador reconoce que se ha llegado a activar durante alguna liturgia por el uso de incienso, por lo que se trabaja en una revisión del mismo para evitar falsas alarmas, con el consiguiente visto bueno de la conselleria.

Como mucho, reconoce Sancho, se podría dar alguna incidencia muy localizada, y recuerda que hace «muchos años» se declaró un incendio por unas velas que se quedaron encendidas, mientras que en 1940 se quemó la capilla mayor, retablos y unos bancos por el uso de fuegos de artificio en una representación.

Además, la única zona del templo con techo de madera es una pequeña dependencia del siglo XIX que, si lo autoriza Patrimonio, se demolerá. Por último, en relación a la Basílica, destaca que se adoptó la misma prudencia constructiva de desterrar la madera, por lo que descarta una desgracia parecida a la de la catedral parisina.

San Nicolás

Otro edificio histórico del cap i casal es la iglesia de San Nicolás, cuya configuración es parecida a la de la Catedral. Lo explica el párroco, Antonio Corbí. «En el siglo XVII, cuando se hizo la adaptación del gótico al barroco, se sustituyó el sistema antiguo por uno más moderno, la construcción de bóvedas con tabiquillos, por lo que no hay madera» señala. Además, tras la última restauración se instaló un sistema de extintores, con especial cuidado en puntos sensibles como la parte trasera del retablo mayor, y se ha renovado gran parte del sistema eléctrico con componentes modernos. «Edificios de este tipo están sujetos a un mantenimiento, seguimiento y revisión constante», dice Corbí.

Otro inmueble histórico, que además ya sufrió un pavoroso incendio en 1932, es la sede antigua de la Universitat de València. La Nau acoge actualmente las dependencias culturales y un auténtico tesoro bibliográfico en la biblioteca histórica, de ahí que disponga desde hace dos años de uno de los sistemas de seguridad «más avanzados de la Comunitat» pensado para proteger tanto el continente como el contenido, tal y como explican desde el Rectorado. Además, los medios técnicos se complementan con «un riguroso protocolo de actuación e intervención en caso de incidencia establecido por el Departamento de Seguridad».

Las mismas fuentes enfatizan «la especial atención» que se presta a las zonas más sensibles, como la biblioteca, las salas de exposiciones y los depósitos de arte. Cuentan con sistemas de videovigilancia integrada de altas prestaciones, detectores de variación de temperatura y humedad, puertas cortafuegos, sistemas de compartimentación de zonas mediante esclusas y diferentes dispositivos de extinción en función del material a proteger, ya sean automáticos o portátiles.

Otro de los edificios singulares de la Universitat es el propio Rectorado de Blasco Ibáñez, donde los sistemas son más visibles en las diferentes dependencias, desde extintores hasta tomas de agua, además de sensores de temperatura.

La mayoría de los sistemas descritos actúan cuando la amenaza ya es real, de ahí que la clave esté en adelantarse, como defiende Josep Montesinos. «Cuando sucede una desgracia como la de Notre Dame sin duda hay que actuar para apagar las llamas, pero es fundamental la prevención. Debe haber un seguimiento de los planes específicos de cada edificio e invertir en ellos, pues las circunstancias cambian», explica, en referencia, por ejemplo, al avance de la tecnología, que permite emplear dispositivos mejor integrados en un entorno patrimonial.

Por último, aunque insiste en prestar atención a los edificios con elevados niveles de protección, considera que no deben descuidarse inmuebles más pequeños pero «con una gran riqueza patrimonial y pictórica» como pueden las ermitas, donde «quizá» no exista un nivel de planificación tan exhaustivo pese a que también deben preservarse.

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