La provincia pierde un tercio de la tierra cultivada en lo que va de siglo

La provincia pierde un tercio de la tierra cultivada en lo que va de siglo

La escasez hídrica, la competencia exterior y la falta de relevo en los jóvenes provocan el abandono de los campos

JOSÉ VICENTE PÉREZ PARDO

La 'despensa de Europa', como era conocida la huerta alicantina, se queda vacía a pasos agigantados en un descenso constante e inexorable hasta no se sabe cuándo. La superficie cultivada en la provincia de Alicante, que hasta la década de los años 90 suponía la mitad del uso total (hasta 300.000 hectáreas), ha caído nada menos que un tercio desde el año 2000. De las 198.844 hectáreas cultivadas a principios del siglo XXI, el año pasado concluyó con 132.680, según el balance anual que realiza el sindicato agrario Asaja-Jóvenes Agricultores. Si bien es cierto que la presión urbanística de la primera década ha desaparecido tras el estallido en 2008 de la burbuja inmobiliaria, uno de los principales motivos para cambiar el uso de los terrenos, las perspectivas de futuro para este importante sector económico para la provincia no son muy halagüeñas.

hectáreas se cultivaron en la provincia en 2016 frente a las 198.844 que había en el año 2000.

euros por metro cúbico es el precio máximo al que se debía pagar el agua desalada para ser rentable.

por ciento se redujo la producción agrícola en 2016 en la provincia.

En esta curva vertiginosamente descendente hay que señalar tres factores fundamentales, a juicio de Asaja: la escasez hídrica de la provincia (agravada los tres últimos años por una pertinaz sequía); la competencia de productos fuera de la Unión Europea sin los estándares de calidad a los que obligan las autoridades comunitarias, unido a un «abuso» de la gran distribución; y la falta de relevo generacional para trabajar la tierra ante la falta de rentabilidad de la misma. En este último punto, recuerdan desde Asaja que «tan solo el 1% de los agricultores de la Comunitat Valenciana tiene menos de 35 años».

El déficit hídrico estructural de la provincia de Alicante parece ser un problema irresoluble, que ninguna Administración ha conseguido atajar eficazmente, pasando de una estrategia basada en los trasvases a otra mixta con la desalinización. En cualquier caso, el problema continúa y temen en Asaja que se agrave los próximos años debido al cambio climático, un fenómeno que «amenaza con acentuar las sequías y la intensidad de la gota fría».

El balance negativo oscila entre los 307 hectómetros cúbicos por año en una situación climática normal y los 557 hm3/año en periodos de sequía, que serían necesarios que llegaran a la provincia para mantener la producción agrícola. Calculan que en España hay 20.000 hectómetros cúbicos de sobrantes, por lo que «se trata de un problema de gestión y gobernanza» del recurso.

Entienden desde Asaja que «el problema del agua es un tema político», por lo que el presidente de la asociación agraria, Eladio Aniorte, reclama a los representantes «diálogo para reclamar al Estado y al Gobierno central que se pongan manos a la obra» y se elabore un Pacto del Agua a nivel nacional. La solución, para esta asociación, «pasa por disponer de agua de cuencas excedentarias», es decir, con trasvases, puesto que «nuestros recursos hídricos disponibles autóctonos son escasos, limitados y notablemente insuficientes frente a las demandas de regadíos».

Estos cultivos son la principal fuente de riqueza del campo alicantino, puesto que generan el 90% de la renta agraria disponible. Por esto, suponen el 58% de la superficie agrícola en la provincia. En cuanto al secano (el 42% de la tierra trabajada), han sido los más perjudicados por la sequía, con descensos de cosecha de más del 50% en frutos secos, almendra o cereza, entre otros.

Esto ha provocado que se haya producido un descenso global del 11% el año pasado respecto a 2015, aunque hay que apuntar que este ejercicio fue extraordinariamente positivo, con un balance de 1.552.692 toneladas producidas en la provincia, de las que aproximadamente el 60% van a la exportación.

Pero en Asaja son conscientes de que no solo con trasvases se soluciona el déficit hídrico y reclaman que también se complemente con «un plan de infraestructuras hidráulicas para que canalicen las aguas superficiales» y la depuración y desalación como complemento para suministro urbano. Al respecto, el director general del Agua, Manuel Aldeguer, ya se ha puesto en contacto con comunidades de regantes para elaborar un plan de construcción de embalses en primera línea de costa para recoger pluviales.

Respecto a la desalación, aunque es un recurso complementario para el suministro humano, su alto coste lo hace, a juicio de Asaja, inasumible para el agricultor. «Para generar empleo y riqueza el precio del agua debe situarse por debajo de los 0,20 euros por metro cúbico, mientras que hay zonas que se está pagando a 0,45 e, incluso, a 0,60», manifiesta Aniorte. Las subvenciones para cubrir este déficit serían astronómicas y esta variable es fundamental, puesto que «el coste del agua es el que limita que pueda ampliarse la superficie cultivada», manifiestan desde la asociación.

Los elevado costes de producción, unido a los bajos precios, provocan que el incremento de la renta no se refleje en los beneficios reales para el agricultor en origen. «Las cotizaciones en campo siguen penalizando al agricultor y ganadero», explica Aniorte, que culpa a la concentración de la distribución en unas pocas manos, porque «cinco entidades controlan el 44% de la alimentación» y ponen el precio en destino. Además, la agricultura alicantina se enfrenta al reto de la libertad comercial y la apertura de fronteras en la Unión Europa.

Importaciones peligrosas

El problema, explican desde Asaja, es que «se permite que alimentos producidos en terceros países que han sido tratados con productos fitosanitarios que llevan 15 años prohibidos en Europa» como las naranjas de Sudáfrica, que han llegado libres de aranceles. Al respecto, la Unió hizo una campaña contra una conocida cadena de supermercados por la compra masiva de estas frutas. El acuerdo del Parlamento Europeo (votado a favor por los eurodiputados populares y con la abstención de los socialistas) «ha hundido el inicio de nuestra campaña citrícola y ha provocado una competencia desleal gravísima», dice Aniorte.

No obstante, desde Asaja, esperan una buena campaña de naranjas, con un incremento de la producción del 19% hasta alcanzar 1.850.478 toneladas, con unos rendimientos normales. Una vez finalizado la libre importación de naranja de Sudáfrica, el precio se ha estabilizado en torno a 20 céntimos por kilo después de perder buena parte de la cosecha por las trombas de diciembre.

En todo caso, los bajos precios en origen, el coste del agua y de los seguros (hasta un 30% de la póliza por la reducción de las ayudas) lastran la agricultura alicantina, a juicio de Asaja, que prevé que continuará descendiendo, sobre todo porque no hay relevo generacional, ya que solo un 1% de los profesionales del sector tiene menos de 35 años. Al respecto, Aniorte reclama de la Administración «un cambio de mentalidad» apostando por la inclusión de una enseñanza profesional «ambiciosa» del sector, además del resto de medidas estructurales.