E. G., mujer agredida sexualmente: «Me fui del pueblo porque iba a por mí»

E. G., mujer agredida sexualmente: «Me fui del pueblo porque iba a por mí»

La víctima fue violada por su expareja, que quebrantó de forma reiterada la orden de alejamiento hasta su ingreso en prisión

Alicia Talavera
ALICIA TALAVERAAlzira

A pocos meses de varias citas electorales en todos los programas se incluirán medidas para intentar solucionar el grave problema de la violencia de género que se ha convertido en la mayor lacra social en España. Un tema central del que todos los partidos hablan pero que sigue contando con importantes lagunas, ya que son muchas las víctimas que se encuentran desamparadas en los momentos más difíciles de su vida.

«Iba a por mí, me tuve que ir de mi casa y buscarme la vida en otro pueblo». Es el dramático testimonio de una vecina de Ontinyent, E. G. , quien por miedo a represalias por parte de la familia de su agresor, que se encuentra en prisión, prefiere mantener su nombre en secreto.

El infierno de esta mujer comenzó en el verano de 2015 cuando quedó a tomar unas copas con su expareja, con la que había mantenido una relación de unos cinco meses. Pese a haber terminado esta relación mantenían contacto como amigos. Tras pasar la noche en un local de ocio, de madrugada fueron a un paraje de la ciudad, ya que ella se encontraba mareada. Momento en el que su expareja la agredió sexualmente dentro del vehículo.

De vuelta a casa, la mujer, muy nerviosa, acudió al hospital donde le hicieron diversas pruebas que demostraban que había sido forzada y presentó una denuncia por violación. Desde ese momento, comenzó un calvario tanto para ella como para su familia ya que su exnovio pretendía que retirase la denuncia a base de atemorizarlos.

Incluso tuvo que soportar que la acechara por su barrio llamándola «puta» y amenazándola. Una difícil situación que provocó que tuviera que ser atendida por los servicios médicos al sufrir múltiples crisis de ansiedad cada vez que se encontraba con él.

Cada episodio era denunciado por E. G. y, varios meses después, llegó la orden de alejamiento por parte de la justicia en la que se le obligaba a no acercarse a menos de 300 metros de ella. Una medida cautelar que no sirvió para que acabara el tormento pues una y otra vez era quebrantada, llegando el agresor a vivir a unos 40 metros de su casa.

«Tenía que aguantar provocaciones, insultos y amenazas de él y de su familia. Y no sólo a mi, también acosaban a mi hija en el instituto», relata con tristeza esta mujer que no sabía dónde acudir para acabar con ese infierno.

Con esta impotencia acudió al departamento de Servicios Sociales de Ontinyent para que le prestaran ayuda y solicitar un cambio de domicilio lejos de su agresor ya que residía en un piso de protección oficial.

Hasta 13 denuncias

«Cuando iba a solicitar ayuda al Ayuntamiento, me decían que denunciara a mi expareja y eso hacía», relata. Hasta en 13 ocasiones esta valenciana presentó denuncias contra su agresor por el quebrantamiento de la orden de alejamiento que ya había dictaminado el juzgado antes de la celebración del juicio por la violación. Sin embargo, no fue suficiente para conseguir ayuda de los Servicios Sociales para ella o sus tres hijos, que también sufrieron el acoso del entorno del agresor durante casi dos años.

«Me he sentido abandonada por las administraciones», lamenta esta víctima, que tampoco obtuvo respuesta de su petición de cambio de domicilio en la Entidad Valenciana de Vivienda (Evha), dependiente de la Generalitat, la encargada de gestionar los inmuebles protegidos.

Ante el miedo a que su agresor cumpliera con las amenazas, decidió dejar Ontinyent y «buscarme la vida en otro pueblo». Junto a su hija pequeña alquiló un piso en otro municipio y encontró un trabajo para empezar de cero lejos de su maltratador.

Huir de su vida en la Vall d'Albaida fue la única solución que encontró esta víctima al comprobar, una y otra vez, que la orden de alejamiento que pesaba contra su agresor se quedaba en papel mojado.

Tampoco encontró ayuda en su abogada de oficio, que «sólo me atendió en dos ocasiones» en los casi cuatro años que han pasado desde que se inició el proceso. Fue ella la que, asesorada por un Centro de la Mujer, solicitó estar acompañada por alguien el día del juicio ante el miedo que tenía de reencontrarse con su agresor.

«Ni siquiera me ha notificado la sentencia definitiva; me enteré de la condena por LAS PROVINCIAS», recuerda. Una traba más en esta lucha solitaria marcada por el miedo. Hace unas semanas llegaba la sentencia firme contra su expareja al que la Audiencia Provincial ya había condenado a nueve años de prisión por un delito de agresión sexual, además de certificar la orden de alejamiento de 300 metros de su víctima durante 12 años y la prohibición de entrada o residencia en Ontinyent durante el mismo periodo de tiempo.

Una condena que sigue sin acabar con el sufrimiento de esta mujer y de su familia por el miedo a que el entorno del condenado se vengue de ellos, ya que siguen sufriendo amenazas.

Historias del 8-M