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Mestalla: 650 millones y 'tot embastat'

Vicente Soriano, camino de una comparecencia en la Ciudad de la Justicia./ EFE/Manuel Bruque
Vicente Soriano, camino de una comparecencia en la Ciudad de la Justicia. / EFE/Manuel Bruque

El expresidente anunció hace diez años en la junta que la operación ya estaba cerrada mientras que Llorente apostó después por Newcoval

J. CARLOS VALLDECABRES

El viejo y el nuevo Mestalla, además de ser dos moles inmensas de cemento y un cúmulo de sentimientos encontrados tanto para los aficionados como para habitantes de la ciudad, han sido también máquinas de aniquilar presidentes y un tema en el que los políticos han optado por ponerse de perfil. Desde que Juan Soler presentara en noviembre de 2006, henchido de cierta soberbia, la maqueta del futuro hogar del Valencia, hasta nueve dirigentes han desfilado por el sillón presidencial. Y salvo contadísimas excepciones -por el poco tiempo que tuvieron de mandato-, todos han sufrido quemaduras de mayor o menor grado por este asunto y por las consecuencias a las que se vio metido el club con un proyecto para algunos esperanzador aunque para la mayoría innecesario y despilfarrador.

A cualquier aficionado que se le pregunte sobre cuál es la primera imagen o recuerdo que le viene a la memoria cuando se le menciona la compra-venta del viejo Mestalla, sin duda señalará la verborrea de Vicente Soriano, presidente de la entidad entre 2008 y 2009.

Influido posteriormente por la sombra de Dalport y su particular conflicto personal, jurídico y económico con Juan Soler, Soriano pasará a la historia del Valencia por ser el presidente que acabó siendo tiroteado -metafóricamente hablando- por haber empeñado una y otra vez su propia palabra en algo que nunca pudo llegar a cumplir. En los meses que tuvo de mandato cometió varios deslices que siempre le acompañarán. Los dos más sonados tienen cifras y frases míticas para el valencianismo. La cifra, la de 650 millones de euros, una cantidad descomunal si tenemos en cuenta que diez años después de verbalizar aquel pensamiento, el club lo va a vender por sólo cien y que el volumen de negocio final del nuevo no reportará los 350 millones que él anunciaba. La sociedad en general vivía de manera residual de una burbuja inmobiliaria que ya había explotado aunque, pese a esto, el por entonces presidente se dejara arrastrar por una desmedida 'burbuja de ego'.

En una entrevista a la radio autonómica, a finales de septiembre de 2008, Soriano llegó a comentar no sólo que la venta del solar del estadio y la cesión para la gestión del sector terciario del futuro campo se iban a cerrar «muy brevemente», sino que lanzó al aire que el beneficio por ambos conceptos iba a ser de 650 millones. Fue cuando Soriano se hizo famoso por lo de «ho tenim tot perfectament embastat (lo tenemos todo perfectamente atado)».

El problema para Soriano es que su verborrea quedó también comprometida en Junta. En noviembre de 2008, en pleno hundimiento del mercado, se atrevió a enseñar unos folios para anunciar que efectivamente Mestalla ya estaba vendido (nunca dijo a quién) por 300 millones. Era cuando los planes para la construcción del estadio venían se disparaban a los 350 millones. Aquel Valencia, ahogado por una deuda tan tremenda como la actual, todavía mentenía la famosa pista de atletismo al «estilo de Wembley» (se presumía).

En febrero de 2009 salían por última vez los obreros del nuevo Mestalla. Ni se vendía uno ni seguía la obra en otro. Cuando le tocó el turno a Manuel Llorente, apareció el plan Newcoval (mezclando Bankia Hábitat y Aedifica) que luego, pese al anuncio, no llegó a fructificar y que fue duramente criticado por los gestores posteriores.

Lo de anunciar intenciones es algo que han tenido en común los diferentes presidentes. Amadeo Salvo, por ejemplo, dio el primer revolcón serio al asunto. Fue el empresario valenciano el primero que habló de echar abajo la mole de cemento ya construida, Layhoon la que anunció que no estaría el cambio para el centenario como se esperaba y Anil Murthy el último representante de Meriton que ha insistido una y otra vez en elogiar el viejo estadio, atreviéndose incluso a decir que nueve de cada diez aficionados querrían quedarse.