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La garantía pasará al nuevo Mestalla

Peter Lim, a la derecha, en el palco de La Cerámica. / j. monzo
Peter Lim, a la derecha, en el palco de La Cerámica. / j. monzo

El Valencia tiene hipotecado por 160 millones el viejo estadio con Bankia y Caixabank

R. D. VALENCIA.

Si Peter Lim vende algún día el Valencia, quien lo vaya a comprar sabrá que hasta 2029 no se va a quitar de encima la deuda con Bankia (el último plazo a CaixaBank es 2028). Es por eso por lo que Bankia, hoy por hoy y en realidad desde hace bastantes años, juega un papel muy importante en el presente del Valencia. Por eso no queda otro remedio que contar con el banco para proceder a la mayor operación urbanística de la historia de la entidad: la venta del viejo Mestalla y el traslado al nuevo.

De manera paralela a la reunión que celebró ayer Peter Lim con Anil Murthy y Mateo Alemany, a la que también asistieron Pablo Longoria y Kim Koh, en Madrid se presta atención a todos los pasos que el club de Mestalla está dando con la cooperativa de viviendas ADU Mediterráneo, que es la gran favorita para hacerse finalmente con el solar del viejo estadio a cambio de cien millones de euros. El Valencia tiene que contar siempre con el banco porque no hay que olvidar que sobre el viejo estadio pesa una hipoteca a favor de Bankia por un valor de 142.083.000 euros (el año pasado era de 155 millones), mientras que también hay una garantía hipotecaria sobre los terrenos de Mestalla a favor de CaixaBank por 19,2 millones (20,3 millones en el ejercicio anterior). De ahí que la operación obligue a trasladar la hipoteca del viejo solar al nuevo a favor de los bancos. Ese es uno de los aspectos en los que también han tenido que trabajar todas las partes implicadas.

A diferencia de lo que pretendía el Valencia en anteriores épocas cuando el mercado inmobiliario permitía pensar de una manera más alegre, ahora el club no va a obtener beneficios suficientes para poder ir amortizando deuda. Ni Juan Soler, que fue el que se embarcó en esta historia un tanto suicida, ni Vicente Soriano, ni luego Manuel Llorente ni al final tampoco Amadeo Salvo consiguieron en sus respectivos momentos dar salida a este problema urbanístico. Es Peter Lim el que ahora tiene que solventar este asunto y se va a encontrar que con los cien millones de euros que el club va a ingresar por la venta le va a venir justo para pagar la finalización de la obra.

La Actuación Territorial Estratégica que afecta al nuevo estadio se aprobó en 2015 y el club debe ajustarse a los plazos previstos para el definitivo traslado al nuevo recinto, una cuestión que Meriton ha ido congelando con el paso de los años hasta el punto de verse obligada Layhoon ante la junta de accionistas a reconocer que no se podía hacer el estadio de cara al centenario como así era la idea, que no la obligación.

Para mayo de 2021 está la obligación por parte del Valencia de asumir el traslado definitivo mientras que la demolición del viejo campo no se tiene que alargar más allá de 2023. Quedan pues exactamente dos años para que el club reactive las obras para un campo que ha sufrido múltiples vicisitudes.