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Eternos

Los jugadores
celebran el título
en unas calles de
Valencia repletas
de gente. / efe
Los jugadores celebran el título en unas calles de Valencia repletas de gente. / efe

PEDRO M. CAMPOS DUBÓN

Las victorias son números, los títulos tienen alma. El conseguido por el Valencia ante el Barça en la Copa del Rey late con cada corazón valencianista. Y son cientos de miles. En todo el mundo. Sevilla vivió sus particulares Fallas con una afición trufada de color y ruido. Ya con el título en el bolsillo por méritos rebosantes, Valencia recibió a los héroes con un paseíllo de gloria. Las calles eran caras de alegría, de éxtasis, de ilusión, de orgullo. Porque estos futbolistas y el entrenador honraron al escudo. No se les pide más. Tampoco menos. Este equipo, además, ha descubierto un capitán que sucede a mitos como Claramunt, Fernando o Albelda. Parejo ya es leyenda en Mestalla. Alzó con dignidad la Copa. Lloró con lágrimas blanquinegras. En la celebración en el estadio pidió a sus compañeros y al público que cantaran el Himno de la Comunitat. Y, sorprendentemente, tarareó la melodía como si fuera un paisano más. Nació en Coslada pero para siempre será valenciano. Uno no es de donde nace sino de donde pace. Lo ha hecho en el coliseo de la avenida de Suecia. Con maestría, con rabia cuando sufría insultos y con superación. Recibió el apoyo incondicional de Marcelino. Los resultados ahí están. El asturiano sucede a Rafa Benítez como técnico victorioso. Otro que tuvo que superar la ira de la gente porque los triunfos no llegaban. La paciencia de Alemany para mantener en el cargo al técnico facilitó un éxito en la Copa y la brillante clasificación para la próxima Liga de Campeones. Han sido muchos los niños y jóvenes que han vivido su primer título. Con sus camisetas, con sus bufandas, con la reafirmación de su valencianismo. El Valencia es de todos. El título es de todos. Este gran éxito convierte al equipo en eterno.