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El Valencia y una maldita conversión

Valencia-Krasnodar. /Agencias
Valencia-Krasnodar. / Agencias

Rodrigo ofrece una exhibición con un doblete pero el goldel Krasnodar en la segunda mitad dificulta la clasificación

Pedro M. Campos Dubón
PEDRO M. CAMPOS DUBÓNValencia

El Valencia se transformó en la segunda parte en lo que ya no era. Sufrió una ofensiva transformación. De lucirse a quedar marcado. De tener la clasificación encarada o verla en negro. De las caras de placer de la gente a rechinar los dientes por el sufrimiento. De irse al descanso con un clarificador dos a cero a marcharse al final con un tanto en contra y, especialmente, con una sensación de arrodillarse ante el Krasnodar. No hay manera de que Peter Lim cuente a sus amigos de Singapur que vio a su equipo resplandeciente. O se marcha con derrota o con un tortura de nervios. Fue un partido raro que le acabó costando caro.

La empanada de la segunda mitad deslució lo que fue una exhibición de un futbolista blanquinegro. Un Rodrigo conquistó Valencia y estableció aquí un señorío independiente desde el 17 de junio de 1094 hasta su muerte. Otro Rodrigo lleva entre febrero y marzo de 2019 con una corona real. El primero se apodaba el Cid y el segundo, el Fenómeno. El antiguo era un guerrero y el actual es un jugadorazo. El delantero internacional lleva tres partidos tocado por una varita. Señalado hace no mucho por su indolencia, ahora nadie le discute. En estos momentos es adorado. Dio el pase a la final de la Copa del Rey frente al Betis, se lució con otro tanto contra el Athletic en Liga y el remate final apareció con dos goles ante el Krasnodar en la Europa League. La Santísima Trinidad. El primero de los aciertos es para que lo beatifiquen. Gameiro le dejaba el balón en los pies en la línea del centro del campo y el hispano-brasileño, a lo Messi, conducía el balón con su zurda, se marchaba de un contrario, se iba centrando y lanzaba un dulce disparo ajustado al palo. El pueblo alucinaba. A sus pies. A sus botas. A la zurda, especialmente. Y para rematar la demostración, sólo once minutos después estaba en el sitio adecuado en el momento oportuno para rematar al fondo de la red un centro de Lato. La semana fantástica ya no es propiedad de El Corte Inglés, la ha adoptado Rodrigo. Marcelino le premió con el aplauso. El técnico sustituyó al atacante en el minuto 62 y el público lo ovacionó.

2 Valencia CF

Neto, Piccini, Gabriel Paulista, Diakhaby, Lato; Carlos Soler, Parejo, Coquelin, Guedes (Cheryshev, m.70), Gameiro (Rubén Sobrino, m.79) y Rodrigo (Santi Mina, m.63)

1 FC Krasnodar

Safonov, Petrov, Martynovich, Spajic, Ramírez, Gazinski (Golubev, m.89), Kaboré, Olsson, Wanderson (Suleymanov, m.80), Claesson y Stotski (Ari, m.55)

GOLES:
1-0, m.12: Rodrigo. 2-0, m.24: Rodrigo. 2-1, m.63: Claesson
ÁRBITRO:
Orel Grinfeld (ALE). Amonestó por el Valencia a Parejo y Coquelin y por el Krasnodar a Kaboré, Claesson y Martynovich
incidencias:
partido de ida de octavos de final de la Europa League, disputado en Mestalla ante unos 36.600 espectadores. Asistió al encuentro el empresario de Singapur Peter Lim, propietario del club

Pero no fue un buen momento. Sólo sesenta segundos después el Krasnodar se aprovechó del pardillo Piccini para marcar un gol que dificulta mucho la clasificación para el Valencia. Los rusos, con solo un gol en la vuelta, se meterían en cuartos de final de la Europa League. El lateral derecho italiano, que en los últimos partidos parecía el mejor Cafú, volvió a despistarse como en sus inicios en Mestalla. Un balón en largo le pasó por delante de su cara y el delantero Claesson aprovechó el regalo para batir a Neto. De tenerlo casi cerrado a viajar al frío con todo abierto. Con sufrimiento, seguro.

Fue un partido con tres partidos. Los primeros veinticinco minutos del Valencia fueron para enmarcar. Los cincuenta siguientes sólo tuvieron un dueño y este fue el Krasnodar. Y en los últimos quince regresó la mejor versión local. El fútbol blanquinegro del inicio es, sin duda, el mejor momento de la temporada. Con este tirón podría tomar la cuarta posición de la clasificación doméstica en dos jornadas, batir al Barça en la final de Copa del Rey y lucirse en Europa. Fútbol total. El dominio del balón era absoluto y las ocasiones llegaban fluidas. Carlos Soler en el minuto uno ya se plantaba frente al portero del Krasnodar. Se colaba como una anguila pero le faltó la mala leche de los delanteros. Guedes aparecía, por fin, con un chut desde fuera del área. El portugués se mostró en ese momento y se apagó. Un fichaje de 40 millones con un rendimiento ruinoso. Necesita minutos, precisa de buenos momentos, pero la competición no espera a nadie y el Valencia está en un momento de la temporada con excesivas necesidades. Luego llegó el primer gol de Rodrigo y el segundo un momento después. A Gameiro, en cambio, se le apagó la luz en el minuto 28 cuando estaba solo frente al portero tras un pase del grandioso internacional español.

En ese momento el foco viró hacia otro protagonista. El Valencia sentía que lo tenía todo hecho. Error. El Krasnodar no se desmoronó. Al revés. El golpe al mentón le resucitó. Se puso a jugar al fútbol y tiró al conjunto de Marcelino unos metros atrás. En el minuto 35 llegó la primera ocasión clara de los rusos que atajó Neto y cuando la primera parte moría Spajic remató alto cuando lo más fácil era fijar la mirilla unos centímetros por debajo. El pitido del colegiado fue una liberación. Nadie imaginaba lo que iba a suceder en la segunda mitad.

Realmente fue una continuidad. El control del partido era total del Krasnodar. Petrov tenía una opción clarísima en el minuto 52. Los rusos se veían gigantes. Lo intentaban por todos los lados y por todos accedían como Pedro por su casa. Marcelino creyó que no podía durar mucho más ese juego preciosista del rival y retiró a su mejor hombre. Rodrigo se marchó y el Krasnodar dio su golpe perfecto. Piccini debía estar contemplando la luna de Valencia en un balón largo que ni olió y Claesson, pendiente de lo que pasaba en el partido, aprovechó para superar al imbatible Neto.

El Krasnodar todavía apretó unos minutos después. Pero en ese momento el encuentro volvió girar. Parejo tomó el mando del Valencia y decidió que ya era el momento de dejar de padecer. Pase por aquí, lanzamiento por allá. Y llegaron las ocasiones. Una de las más claras fue de Carlos Soler, que se plantó ante el portero, que le arrebató el balón in extremis. Se acabó este primer duelo a la espera de la vuelta. Una pena no dejarlo todo finiquitado y una amargura que un mal resultado apague la exhibición de Rodrigo el Campeador. Nuestro Cid.