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Excelencia y diversión en Mestalla

Soler, Garay y Rodrigo felicitan a Zaza, tras el gol del delantero italiano, el segundo para su equipo./Manuel Molines
Soler, Garay y Rodrigo felicitan a Zaza, tras el gol del delantero italiano, el segundo para su equipo. / Manuel Molines

El Valencia exhibe su amplio repertorio para aniquilar a un rival sin opciones

Juan Carlos Valldecabres
JUAN CARLOS VALLDECABRESValencia

Hay muchas formas de ganar un partido. Se puede hacer por la vía del pundonor y coraje -aquello de sudar la camiseta-; por la de la pulcritud futbolística; por la del trabajo coral; por calidad individual; a veces por suerte, y en alguna que otra ocasión hasta por la colaboración arbitral. Pues bien, cojan todos esos conceptos -olvídense de favores del árbitro-, métanlos en un coctelera, agítenlo y prepárense para degustar un manjar exquisito llamado Valencia Club de Fútbol. Siete meses después de que el campeonato echara a andar, este equipo no sólo sigue funcionando como un reloj sino que además da un gustazo ver cómo juega al fútbol.

En una tarde que podía tener sus rarezas por aquello de la festividad fallera, la mejor de las ofrendas se concitó en Mestalla. Quienes fueron se lo pasaron en grande. Fue el triunfo de la excelencia de un equipo capaz de exhibir todo su repertorio para aniquilar a un rival que nunca encontró la vía para anunciar el menor atisbo de igualar las fuerzas. Cuando el Alavés tuvo un momento de osadía en ese arranque de la segunda mitad, el Valencia le volvió a golpear para reducirlo de nuevo a la mínima expresión.

Que el Valencia haya dormido hoy en la tercera plaza es la mejor de las recompensas para un grupo de futbolistas que además de cumplir con el porcentaje de entrega, son capaces de funcionar con una pulcritud extraordinaria. El gol de Rodrigo es la mejor de las demostraciones de lo que es este Valencia. En un saque de banda capturado en la banda izquierda, empiezan a tocar el balón, un toque, dos máximo; la circulación se hace de manera tan escrupulosa que permite la aceleración cuando Soler encara el área. Pase para Parejo, de ahí a Rodrigo, éste para Zaza y la sorprendente pared que se saca el italiano acaba con el toque sutil con la izquierda del delantero español. La jugada, con menos de una veintena de toques y el rival de espectador, es de sobresaliente.

3 Valencia CF

Neto, Montoya, Garay (Murillo, m.46), Gabriel, Gayá, Kondogbia, Parejo (Maksimovic, m.84), Carlos Soler, Guedes, Zaza y Rodrigo (Vietto, m.72)

1 Deportivo Alavés

Pacheco, Martín, Laguardia, Rodrigo Ely, Duarte, Manu García, Pina, Hernán, Pedraza (Guidetti, m.60), Munir (Ibai, m.60) y Sobrino (Burgui, m.72)

GOLES:
1-0, m.19: Rodrigo. 2-0, m.34: Zaza. 2-1, m.54: Sobrino. 3-1, m.53: Laguardia, en propia puerta
ÁRBITRO:
Munuera Montero (Comité andaluz). Mostró tarjeta amarilla al local Kondogbia y al visitante Pina
INCIDENCIAS:
partido de la jornada 29 de LaLiga Santander disputado en el estadio Mestalla ante 35.264

Fue una tarde plena, con ese único rasguño del gol encajado. El Valencia salió decidido, con las ideas claras, con la convicción necesaria de todos y cada uno de sus futbolistas y con una altura de miras de equipo poderoso. Demasiado para un Alavés que resucitó con Abelardo pero al que las fuerzas ya le fallan en este tramo de competición. Intervino Neto antes del gol a un cabezazo intencionado de Sobrino pero ahí prácticamente se agotaron las opciones visitantes. Esa y el envío largo de Ibai tras el error del meta brasileño en la segunda parte fueron, al margen del tanto, las únicas salidas de tono de un guión que el Valencia convirtió con dureza en una monotonía agradable para el espectador. Dio gusto ver el partido desde la óptica blanquinegra, sobre todo por la satisfacción de ver la amplitud de registros que tiene el equipo. Si el 1-0 llegó por acciones combinativas, el segundo lo hizo por la vía de la estrategia. Falta lateral que pone en marcha Parejo y Zaza, se podría decir que en fuera de juego por apenas unos centímetros, toca lo justo para que Pacheco no llegue. Eso ocurría antes del descanso.

Hasta ese momento, el armazón valencianista no ofreció fisura alguna. Kondogbia planteaba su venganza personal con Deschamps por haberse olvidado de él en la convocatoria de Francia; Parejo repartía órdenes y juego; Carlos Soler cumplía de una manera impecable, y Guedes demostraba una plasticidad extraordinaria en cada conducción como hacía tiempo que no se ha visto en Mestalla. El portugués sumaba al recital un argumento más. Se puede funcionar como equipo pero cuando entra en acción este chico de rostro inocente, demuestra que cada vez que se acerca al área, hay que echar mucha imaginación para adivinar qué va a pasar.

Para el Alavés el partido se hizo muy pronto cuesta arriba y tremendamente largo. Para el Valencia, en cambio, demasiado corto. Porque, poco después de que hiciera el 2-0, Parejo añadía una virtud más al recital de fútbol. Era el minuto 39 y al robo en campo propio le siguió un zapatazo al espacio libre para que Rodrigo correteara. El balón le llegó a Pacheco por muy poco, pero quedó patente que cuando el Valencia quiere jugar en corto le sale de maravilla, y cuando decide hacerlo en largo también lo sabe poner en práctica. Ante tanta amplitud de conocimientos, sólo queda la opción de la resignación -el rival- y el aplauso -la afición-.

Luego llegaría ese gazapo de Gayà al querer cortar un balón de cabeza y la culminación de Sobrino libre de marca dentro del área. Hacía tres minutos que se había reanudado el juego y cuando el banquillo visitante se atrevía a imaginar que iba a ser capaz de reconvertir el panorama, un simple saque de banda lo convirtió el Valencia en un centro apurado de Carlos Soler para que Laguardia se la colara en su propia portería ante la amenaza ilegal de Rodrigo. Irónicamente, era la pieza que faltaba para completar el puzzle. Cuando todo está de cara, como ahora, hasta el rival se mete el masclet encendido en su propia guarida. Tampoco es que hiciera mucha falta. El Valencia tiene una velocidad de crucero que le hace sumar la tercera victoria consecutiva, que le aúpa al tercer cajón del podio a la espera de lo que haga esta noche el Real Madrid.

Fue un partido redondo, con una precisión extraordinaria, de los más completos que ha tenido el Valencia en la presente temporada. Todos están enchufados y hasta hay momentos para que el entrenador busque con inteligencia la gratitud popular. Marcelino correspondió a Parejo y a Rodrigo por su reciente internacionalidad cambiándolos para que ambos recibieran el merecido calor de la grada. Una fiesta total.

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